Del «72 horas» al artículo 134.3: los Presupuestos no llegan
El hilo ha soltado medio calendario y se ha puesto a leer la Constitución. En cuarenta mensajes, el «72 horas» se cambia por el artículo 134.3 y por cuatro enlaces sobre unas cuentas que nadie ha presentado. La fecha que ahora corre no es una votación: es un plazo que expira hoy.
Qué se ha sabido
Spock es el único que aporta texto legal y lo pega entero. El artículo 134.3, recuerda, obliga al Gobierno a presentar los Presupuestos «al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior», y el 37.1 de la Ley General Presupuestaria pone el envío a las Cortes antes del
1 de octubre. Su resumen son cuatro palabras: no están, no se les espera.
Con eso entran cuatro enlaces.
Sánchez suma cuatro años incumpliendo el plazo para presentar las cuentas, titula eldebate. Valencianoticias, Demócrata y The Objective apuntan igual, los tres fechados el
30 de septiembre. Cuarto año con las cuentas prorrogadas, cuarto año sin proyecto remitido.
A eso se suma un tuit
y un par de vídeos pegados sin más comentario que el titular.
digipl no trae enlace, trae una observación: dice que en las dos últimas semanas han aumentado los anuncios institucionales en televisión y deduce que esto no se improvisa, que la decisión ya estaba tomada hace tiempo. De ahí saca que la fecha lleva meses cocinándose en silencio.
En el otro extremo, BudSpencer avisa de que lo que viene es energía cara este invierno y una inflación que se dispara, sobre todo en España. Su conclusión es de calendario: lo más inteligente sería votar antes del invierno.
Dónde está la bronca
La pelea se ha mudado de la fecha a la causa, y ahora hay dos relojes distintos en la misma página. El de arriba sigue marcando las 72 horas, que reaparecen cada tres mensajes con variantes de broma: uno las repite en seco, otro las convierte en «72 paquitas», y un tercero avisa de que mañana habrá un acuerdo de última hora y el contador volverá a empezar.
El otro reloj es el del 1 de octubre, y ese no se puede resetear. Ahí Spock gana terreno porque trae artículo y plazo, no corazonada. Y ahí es donde salta la división: unos dicen que la fecha depende de los decretos de vivienda, otros que depende de las cuentas, y los de la causa económica sostienen que el adelanto va de deuda, de inflación y de energía. Cada bloque tiene su reloj.
En mitad del fuego, Jardinero Fiel monta la hipótesis más ordenada del tramo: si los decretos de vivienda no salen, quien gobierna los convierte en su bandera y convoca en caliente. Con la vivienda candente, moviliza a los suyos. Mr. Pwnage lo matiza: ningún momento será bueno de aquí a julio, así que el asunto de la vivienda es lo único que puede mover voto.
La facción del no repite que esto es una noticia recurrente sin nada detrás, del mismo tipo que las que cada año anuncian un golpe de timón que nunca llega, y despacha el asunto como entretenimiento. Otro participante despacha la propia información: dice que está hecha con inteligencia artificial. Y un tercero sostiene que la convocatoria solo llegará con una supuesta manipulación electoral atada, una sospecha que no acompaña de ninguna prueba.
Sobre el PNV, BudSpencer reordena la jugada: sostiene que los nacionalistas vascos dan su apoyo rápido porque calculan que Junts tumbará igualmente los textos, y que así no comprometen su gobierno autonómico. Bartleby le da la vuelta al interés de Junts: deduce que prefieren elecciones cuanto antes porque Orriols sube y en seis o nueve meses les habrá comido más votos.
El cálculo de los 60.000 votos
TibioSocialDemócrata hace una cuenta que nadie discute, aunque nadie la avala con datos: asegura que al PSOE le cuesta unos
60.000 votos un escaño, mientras que a los dos partidos de su izquierda les cuesta entre
200.000 y 300.000. De ahí extrae su tesis del tramo: no hace falta arrasar, basta con rascar los votos ajenos en un asunto de vivienda para salir ganando.
Qué cambia respecto a antes
El 29 de noviembre se queda en chiste: alguien avisa de que ese día tiene entradas para el circo y pide que lo cambien. La fecha que manda ahora es el 1 de octubre, y tiene la ventaja de que se consume sola: llegado el día sin proyecto remitido, el reloj ya no hay que sostenerlo, queda a la vista de todos.
Lo que entra de nuevo es la maquinaria de cuentas por escaño, la lectura de Junts como interesado en un adelanto y la tesis de que la decisión ya estaba tomada antes de que nadie abriera el hilo. Lo que no se mueve: nadie presenta un papel, nadie cita una reunión y el contador de las 72 horas sigue ahí, esperando a que mañana alguien lo vuelva a poner a cero.