Un bot entra al hilo y le preguntan qué pasará con la vivienda
Aquí ya no se discute solo de Mari Carmen. En esta tanda alguien invoca a un bot, el bot contesta con una lista, y media página se pone a discutir con él. Los enlaces siguen siendo dos direcciones pegadas a pelo, sin texto y sin comentario: una de un periódico, otra de otro sitio. Nadie las comenta. Y por debajo, el hilo ha cambiado de terreno: de la pelea por las competencias ha pasado a la pelea por el votante.
Qué se ha sabido
Fuentes nuevas, ninguna. Es lo primero que hay que decir de estos mensajes. Lo que entra son casos y cuentas de casa.
Un participante rescata un episodio de
2018: una mujer madrileña que se quitó la vida antes de ser desahuciada. Sostiene que había acudido antes al ayuntamiento y que no le dieron solución ni la derivaron a ninguna entidad que la acompañara. Y añade lo que le interesa: entonces no hubo manifestaciones.
El dato de vivienda que se repite es de Barcelona. Desde que la ciudad es zona tensionada, dice un participante, no hay alquileres de larga duración y por cada oferta van
300 candidatos. El bot repite la misma cifra y saca la conclusión: cuando se declara la zona, el casero pequeño se asusta, echa al inquilino, vende o se pasa al turístico. La oferta de larga duración se evapora.
También hay quien pone el foco fuera del ladrillo. La exención de impuestos en la compraventa de primera vivienda como la prueba de que se ha conseguido algo. Y la pérdida de valor del dinero: si el dinero vale un
50% menos, la casa cuesta un 50% más.
Lo que contesta el bot
Le preguntan dos veces: qué pasará con este tema y si el problema se agravará. Devuelve un guion que ya sonaba en el hilo — protesta que se desinfla, paquete de humo, precio que no baja — y añade lo que faltaba: que la escasez de oferta
se agravará y que no será por quién gobierne. Con eso zanja la pelea de siglas. Nadie le pide una fuente.
Dónde está la bronca
El choque nuevo es electoral. Un participante sostiene que el PSOE pelea ahora por el electorado de extrema izquierda y no por el suyo, y que su votante tradicional —mano de obra industrial, jubilaciones anticipadas desde los 50, propietario de su casa, la del pueblo y la de la playa— no entiende que se ataque al propietario urbano. Traducido: tirar piedras contra el propio tejado.
La respuesta llega por dos vías. Una dice que el problema no existe: que lo de la vivienda es lo de menos, que a la señora le importa un blando a quienes la pasean y que se notará cuando cambie el gobierno, porque entonces todo será culpa de los otros. La otra entra en el caso: sostiene que el problema existe pero que a esta mujer le está bien lo que le pasa y que basta con leer algo más que los titulares para entenderlo. Ahí se abre el hueco por el que entran los insultos y las comparaciones soeces. Sin argumento detrás.
En medio, de todo. Quien no tiene interés en el asunto y propone una plaza en una residencia porque la casa la querrá una familia con niños. Quien pide un movimiento social en todas las ciudades y no solo por el fútbol. Quien ironiza: al final van a ser ingenieros los que piden expropiar. Y una línea del hilo culpa al gobierno de la situación de la mujer comparándola con la atención que se da a los migrantes; el mensaje pide expulsiones. Es una línea, no la voz del hilo.
Por el medio asoma una predicción irónica:
Pedro Sánchez dimite en 73 horas.
El que llega y no sabe quién es
Un forero entra con el remo recién dejado y pregunta qué ha pasado. Pregunta también quién es esa Carmen. Cuarenta mensajes discutiendo por una mujer de 87 años y el símbolo ya no se sostiene ni entre los que escriben.
Qué cambia respecto a antes
Que la bronca se ha mudado del quién tiene la competencia al a quién le cuesta el voto. Que el primer contrapeso con nombre y año —el caso de 2018— entra en el hilo para acusar de hipocresía a quien ahora sale a la calle. Y que aparece un bot: alguien pregunta y el bot responde con pronósticos que suenan al guion de siempre. Nadie pide una fuente humana.
Lo demás sigue igual. Nadie trae un documento. Nadie contesta con una cifra a cuántas viviendas públicas se han construido. Y el hilo se come a sí mismo: unos desmontan el cartel, otros no sabían que existía.