Corea del Norte desafía a EEUU y lanzará su satélite espía
El Departamento de Estado de EE.UU. advirtió este miércoles que el posible lanzamiento del primer satélite de reconocimiento militar de Corea del Norte violaría «múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU» sobre el programa de misiles balísticos de Pionyang. La advertencia llegó después de que Kim Jong-un inspeccionara el artefacto y subrayara su «carácter estratégico». El régimen norcoreano sostiene que cuanto más escalen EE.UU. y Corea del Sur sus pasos de confrontación, más ofensivamente ejercerá su soberanía y el derecho a la autodefensa.
La advertencia de EEUU y la respuesta de Pionyang
Vedant Patel, portavoz adjunto del Departamento de Estado, declaró que la puesta en marcha del satélite iría contra las resoluciones del Consejo de Seguridad y urgió a Pionyang a «abstenerse de realizar más actividades amenazantes» y a participar en una «diplomacia seria y sostenida». Añadió que Washington mantiene «una serie de herramientas a nuestra disposición para hacer que Pionyang rinda cuentas».
La respuesta norcoreana no se hizo esperar. Kim Jong-un, durante su visita al comité preparatorio del lanzamiento, insistió en el «carácter estratégico de la posesión de satélites militares de reconocimiento» y vinculó el desarrollo del programa a la presión militar de la alianza entre EE.UU. y Corea del Sur.
¿Por qué se cuestiona la legitimidad de EEUU para decidir quién manda satélites al espacio?
La discusión derivó rápidamente hacia un argumento recurrente: la asimetría entre lo que Washington exige a otros y lo que se permite a sí mismo. Mientras EE.UU. advierte a Pionyang por un solo satélite de reconocimiento, hay quien sostiene que mantiene cientos o miles de artefactos espías en órbita. Esa contradicción, señalada con insistencia, se resume en una frase que circula en el análisis: «Tú no puedes tener armas nucleares ni satélites, pero yo sí, y encima soy el bueno porque cuando te invado es por tu bien».
El argumento de fondo es que ningún país tiene legitimidad para decidir unilateralmente qué puede lanzar otro al espacio, especialmente cuando ese otro es un Estado soberano. La cuestión de la soberanía se cruza aquí con la del doble rasero: las potencias que más han violado resoluciones internacionales son las que ahora invocan el derecho internacional para limitar a terceros.
El papel de la ONU y el bloqueo del Consejo de Seguridad
Las resoluciones del Consejo de Seguridad que cita Washington fueron aprobadas en su día con el apoyo de Rusia y China, algo que se subraya para mostrar que el organismo ha funcionado históricamente como aval de las potencias occidentales. Sin embargo, ese consenso se habría roto tras episodios como el de Libia, donde una intervención occidental acabó con el régimen de Gadafi tras una resolución que Moscú y Pekín consideraron traicionada.
Desde entonces, la ONU ha perdido capacidad efectiva para imponer sanciones a Corea del Norte si Rusia y China no las respaldan. El organismo, señalan las voces más críticas, está «muerto» como herramienta de presión contra Pionyang.
El doble rasero de las potencias nucleares
La discusión deriva hacia una comparación con otros países que desarrollaron programas nucleares o espaciales con el beneplácito o la tolerancia de Occidente. India y Pakistán tienen bombas atómicas sin haber firmado el Tratado de No Proliferación. Israel mantiene un arsenal nuclear no declarado. Ninguno de ellos enfrenta el nivel de sanciones que pesa sobre Corea del Norte.
El criterio, sostienen algunos análisis, no es la posesión de armas o satélites, sino la alineación geopolítica. Los aliados de Washington pueden tenerlos; los que no lo son, no. Esa selectividad es la que vacía de contenido moral las advertencias del Departamento de Estado.
¿Qué se juega Corea del Norte con el lanzamiento?
El satélite de reconocimiento militar no es un capricho tecnológico. Para Pionyang, disponer de capacidad de observación propia reduce su dependencia de la inteligencia china o rusa y le permite verificar movimientos de tropas y flotas enemigas sin intermediarios. Es, en la práctica, un multiplicador de su disuasión convencional y nuclear.
El lanzamiento también tiene una dimensión interna: refuerza la legitimidad del régimen ante su población al mostrar que el país no se doblega ante las presiones externas. Cada prueba exitosa se convierte en propaganda de resistencia.
El cierre: lo que nadie cuadra
La paradoja es que cuanto más presiona Washington, más justifica Pionyang su programa como respuesta defensiva. Las sanciones no han detenido el desarrollo de misiles ni de satélites; lo han acelerado. Y mientras el Consejo de Seguridad sigue emitiendo resoluciones que nadie aplica, el espacio se llena de artefactos espías de todas las potencias. La pregunta no es si Corea del Norte lanzará su satélite, sino quién tiene autoridad moral para impedírselo.