Siempre lo fue, solo que ahora se ha hecho evidente. No lo digo con maldad, lo digo porque cuando iba por allí, hace 20 o 30 años, me parecía un lugar inaguantable por la falta de refinamiento de sus gentes, aunque fueran de bon vivant (o quizá por eso). La calle Balmes, donde se supone que estaban los garitos de los pijos de allí, era un zoo de adoquines sin alma que no me extraña que se los hayan comido los menores forasteros y lo que sea que se quiera hacer fuerte allí.
Barcelona, sus gentes, es una ciudad sin alma, sus gentes se dejarán robar relojes y que los menores forasteros agredan a sus hijas e descendientes en igual medida... y lo entenderán diciendo: "si el goverb dice que no pasa nada, no le ha pasado a mi hija y tendrá un niño sano fruto del amor".
Estamos hablando de gente que está mal de la cabeza... en serio, aunque parezca mentira, está ocurriendo.
Como en la maldición de los ultracuerpos, pero estos, encima, son de los introcuerpos, que nos quieren hacer ver que una fuerte, [...] la tienes que querer...
No es cuestión de gorduras. Yo quería a mi fuerte, más fuerte que esta que me dicen, pero que lo era sin tatuajes, pelos verdes ni amarillos... sino, por, como ella me decía, "soy fuerte, porque me gusta comer e intentaré comer menos, pero no por ti, cariñito, sino porque ya me aburre... aunque sé que te gustará más... diablillo. ¡A ver cuándo echas tripa, como yo!"... y se tiraba encima a hacerme cosquillas.
No sé, pero gente así, me da igual que sea fuerte o flaca. Siempre me parecen de los míos o, ellas, de las mías o con las que quisiera estar... sean fuertes o flacas, altas o bajas, con más o menos pecho, con la edad que tengan, aunque me superen en veinte años o al revés (tengo la suerte de estar en una edad que puedo decir esto sin problemas legales... incluso, teniendo en cuenta tal cosa, podría decir que me superen o sean más jóvenes en cuarenta o treinta años... en cien, también podría decirlo sin problemas legales).