Aznar: "Los que piden expulsar forasteros, que se ofrezcan voluntarios para hacer sus trabajos"

existe un tope informal del 15% a 20% en Europa y USA aunque luego tienes a Suiza con +30% porque el número y el perfil del trabajador extranjero depende de muchos factores.
Pues de existir dicho tope, en España ya no cabria ni un solo forastero mas.
 
Pues de existir dicho tope, en España ya no cabria ni un solo forastero mas.
En 2025 llegaron la mitad de irregulares que en 2024 y en lo que va de 2026 parece que se mantiene la tendencia por lo que quedaría así la reducción: 60.000 > 30.000 >15.000.
 
En 2025 llegaron la mitad de irregulares que en 2024 y en lo que va de 2026 parece que se mantiene la tendencia por lo que quedaría así la reducción: 60.000 > 30.000 >15.000.
Pero el porcentaje acumulado no ha dejado de incrementarse.

¿Usted estaría a favor de limitar el porcentaje de extranjeros por ley, sí o no?
 
Mucho hablar pero ni siquiera es capaz de señalar esos "malos o inadecuados usos", pero vamos que todo es posible dado su "patológico prurito" por la precisión del lenguaje incluso en medios coloquiales.
Pero yo he reconocido lo que me propuso. Usted sin embargo en su "soberbia presuntamente intelectual" no ha sido capaz de reconocer que deflación es usada coloquialmente como disminución del precio.

Mal uso de "deflación", mal uso de "aquejar", mal uso de "soberbia presuntamente intelectual", en todo caso sería "soberbia intelectual", ahí no cabe el uso de "presuntamente", es inadecuado...
¿Sigo?
Es que, hay docenas de ejemplos...
 
Pero el porcentaje acumulado no ha dejado de incrementarse.

¿Usted estaría a favor de limitar el porcentaje de extranjeros por ley, sí o no?
estoy a favor de que los flujos migratorios se gestionen desde la razón en función de la demanda de los mercados laborales, la demofrafía, los ciclos económicos, los cambios tecnológicos, el pogre económico y social , etc y no desde la conspiranoia y la xenofobia.

hay unos limites a la cantidad de trabajadores extranjeros que un pais puede acoger pero no veo la utilidad de establecer topes por ley , pero si a usted te parece una buena idea pues estupoendo, oiga.
 
estoy a favor de que los flujos migratorios se gestionen desde la razón en función de la demanda de los mercados laborales, la demofrafía, los ciclos económicos, los cambios tecnológicos, el pogre económico y social , etc y no desde la conspiranoia y la xenofobia.

hay unos limites a la cantidad de trabajadores extranjeros que un pais puede acoger pero no veo la utilidad de establecer topes por ley , pero si a usted te parece una buena idea pues estupoendo, oiga.
Mire, me limitaré a decirle una cosa que acostumbro a repetir: la xenofobia no es una causa sino una consecuencia.

Se lo explicaré de manera taxativa. Si ve a un extranjero por la calle y siente rechazo o desprecio, es un problema de esa persona, pero si percibe que la presencia de extranjeros en su entorno es muy elevada y siente rechazo, eso tiene que ver con la percepción del número.
 
entre la españa franquista y los emiratos árabes, me piro a los emiratos.

allí como blanca cristiana puedes hacer de todo, salvo salir a la calle en ropa interior o darte el lote en público, cosas que tampoco hago en España
Requiem por un sagreño





Aunque él me quitare la vida, en él confiaré.



Job 13:15

Mi nombre es Manuel Fontelos Bautista. Uno de mis antepasados, Desiderio Bautista, murió en la carga de caballería que decidió la victoria de la batalla de Zaragoza durante la Guerra de Sucesión. A mi bisabuelo paterno, Tomás Fontelos Escobar, lo asesinaron en los alrededores de Simancas francotiradores franceses, en los últimos días de 1808; el capitán Tadeo Fontelos, mi padre, se distinguió en el sitio del fuerte de El Baler, en 1898. En cuanto a mí, me van a acabar por torturador y malo. El tribunal ha procedido con rectitud; desde el principio, yo me he declarado culpable. Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la gloria; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, y a que de algún modo soy ellos




Durante el juicio (que afortunadamente duró poco) no hablé; justificarme, entonces, hubiera entorpecido el dictamen y hubiera parecido una cobardía. Ahora las cosas han cambiado; en esta noche que precede a mi ejecución, puedo hablar sin temor. No pretendo que se me perdone, porque no siento culpa en mi alma, pero quiero que se me comprenda. Quienes sepan oírme, comprenderán la historia de España y la futura historia del mundo. Yo sé que casos como el mío, excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir.


Nací en Recas, comarca de La Sagra, en 1908. Dos pasiones, ahora casi olvidadas, me permitieron afrontar con valor y aun con felicidad muchos años infaustos: la música y la metafísica. No puedo mencionar a todos mis bienhechores, pero hay dos nombres que no me resigno a omitir: el de Isaac Albéniz y el de Giner de los Ríos. También frecuenté la poesía; a esos nombres quiero juntar otro vasto nombre hispánico, Federico García Lorca.



Antes, la teología me interesó, pero de esa fantástica disciplina (y de la fe cristiana) me desvió para siempre el Abate Marchena, con razones directas; Ortega y Gasset y María Zambrano, con la infinita variedad de su mundo. Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.

Hacia 1927 entraron en mi vida Paul Lafargue y el empiriocriticismo de Lenin. Yo, para libertarme de una influencia que presentí opresora, escribí un artículo titulado “Sobre el pensamiento literario de Lenin”, en el que hacía notar que el monumento más inequívoco de los rasgos que el autor llama fáusticos no es el misceláneo drama de Goethe sino un poema redactado hace veinte siglos, el De rerum natura. Rendí justicia, empero, a la sinceridad del filósofo ruso, a su espíritu radicalmente paneslavo y militar. En 1920 ingresé en el Partido Comunista.



Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del Sarracin o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos.




Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de auga o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de catalanes y vascos. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el diez de Julio de 1936, al oscurecer, hubo disturbios en Lavapies que los diarios no registraron; en la calle del Sombrerete, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario fruta. El 18 de Julio estallaba la guerra. Días después, todo el país estaba en llamas ensangrentadas; cuando los militares de África proclamaron la rebelión, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Marx. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

En el primer volumen de кнут releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su gloria, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda gloria un quitarse la vida. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1936 fui nombrado subdirector de las checas de Madrid.

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; pero no pequé nunca de negligencia. El fistro se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno. El comunismo, intrínsecamente, es un hecho sarracena, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de las capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra. Casi lo cometí (lo confieso) cuando nos remitieron al insigne escritor Ramiro de Maeztu



Era éste un hombre de sesenta años. Pobre de bienes de este mundo, perseguido, negado, vituperado, había consagrado su genio a cantar la hispanidad. Fui severo con él; no permití que me ablandaran ni la compasión ni su gloria. Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría orate un hombre que continuamente se figurara el mapa de España? Fui uno de los responsables de su gloria.

Ignoro si Maeztu comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable.

Mientras tanto, giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor. Como si bruscamente el mar estuviera cerca, había un asombro y una exaltación en la sangre. Todo, en aquellos años, era distinto, hasta el sabor del sueño. (Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos.) No hay hombre que no aspire a la plenitud, es decir a la suma de experiencias de que un hombre es capaz; no hay hombre que no tema ser defraudado de alguna parte de ese patrimonio infinito. Pero todo lo ha tenido mi generación, porque primero le fue deparada la gloria y después la derrota.

En Julio de 1938, mi hermano Santiago pereció en la batalla del Ebro, en la localidad de Ascó; un bombardeo aéreo, meses después, destrozó nuestra casa natal, otro, a principios de 1930, mi laboratorio. Acosada por el fascismo internacional, moría la Segunda República; su mano estaba contra todos y las manos de todos contra ella. Entonces, algo singular ocurrió, que ahora creo entender. Yo me creía capaz de apurar la copa de la cólera, pero en las heces me detuvo un sabor que no esperaba, el misterioso y casi terrible sabor de la felicidad. Ensayé diversas explicaciones; no me bastó ninguna. Pensé: Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo. Pensé: Me satisface la derrota, porque es un fin y yo estoy muy cansado. Pensé: Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo. Esas razones ensayé, hasta dar con la verdadera.

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas. También la historia de los pueblos registra una continuidad secreta. Armiño, cuando degolló en una ciénaga las legiones de Varo, no se sabía precursor de un Imperio Alemán; Lutero, traductor de la Biblia, no sospechaba que su fin era forjar un pueblo que destruyera para siempre la Biblia; Christoph zur Linde, a quien mató una bala moscovita en 1758, preparó de algún modo las victorias de 1914; Napoleón creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. La espada revolucionaria nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a gloria y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar la Revolución; ahora sabemos que España era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.
 
Requiem por un sagreño





Aunque él me quitare la vida, en él confiaré.



Job 13:15

Mi nombre es Manuel Fontelos Bautista. Uno de mis antepasados, Desiderio Bautista, murió en la carga de caballería que decidió la victoria de la batalla de Zaragoza durante la Guerra de Sucesión. A mi bisabuelo paterno, Tomás Fontelos Escobar, lo asesinaron en los alrededores de Simancas francotiradores franceses, en los últimos días de 1808; el capitán Tadeo Fontelos, mi padre, se distinguió en el sitio del fuerte de El Baler, en 1898. En cuanto a mí, me van a acabar por torturador y malo. El tribunal ha procedido con rectitud; desde el principio, yo me he declarado culpable. Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la gloria; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, y a que de algún modo soy ellos




Durante el juicio (que afortunadamente duró poco) no hablé; justificarme, entonces, hubiera entorpecido el dictamen y hubiera parecido una cobardía. Ahora las cosas han cambiado; en esta noche que precede a mi ejecución, puedo hablar sin temor. No pretendo que se me perdone, porque no siento culpa en mi alma, pero quiero que se me comprenda. Quienes sepan oírme, comprenderán la historia de España y la futura historia del mundo. Yo sé que casos como el mío, excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir.


Nací en Recas, comarca de La Sagra, en 1908. Dos pasiones, ahora casi olvidadas, me permitieron afrontar con valor y aun con felicidad muchos años infaustos: la música y la metafísica. No puedo mencionar a todos mis bienhechores, pero hay dos nombres que no me resigno a omitir: el de Isaac Albéniz y el de Giner de los Ríos. También frecuenté la poesía; a esos nombres quiero juntar otro vasto nombre hispánico, Federico García Lorca.



Antes, la teología me interesó, pero de esa fantástica disciplina (y de la fe cristiana) me desvió para siempre el Abate Marchena, con razones directas; Ortega y Gasset y María Zambrano, con la infinita variedad de su mundo. Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.

Hacia 1927 entraron en mi vida Paul Lafargue y el empiriocriticismo de Lenin. Yo, para libertarme de una influencia que presentí opresora, escribí un artículo titulado “Sobre el pensamiento literario de Lenin”, en el que hacía notar que el monumento más inequívoco de los rasgos que el autor llama fáusticos no es el misceláneo drama de Goethe sino un poema redactado hace veinte siglos, el De rerum natura. Rendí justicia, empero, a la sinceridad del filósofo ruso, a su espíritu radicalmente paneslavo y militar. En 1920 ingresé en el Partido Comunista.



Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del Sarracin o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos.




Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de auga o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de catalanes y vascos. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el diez de Julio de 1936, al oscurecer, hubo disturbios en Lavapies que los diarios no registraron; en la calle del Sombrerete, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario fruta. El 18 de Julio estallaba la guerra. Días después, todo el país estaba en llamas ensangrentadas; cuando los militares de África proclamaron la rebelión, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Marx. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

En el primer volumen de кнут releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su gloria, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda gloria un quitarse la vida. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades, más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1936 fui nombrado subdirector de las checas de Madrid.

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; pero no pequé nunca de negligencia. El fistro se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno. El comunismo, intrínsecamente, es un hecho sarracena, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de las capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra. Casi lo cometí (lo confieso) cuando nos remitieron al insigne escritor Ramiro de Maeztu



Era éste un hombre de sesenta años. Pobre de bienes de este mundo, perseguido, negado, vituperado, había consagrado su genio a cantar la hispanidad. Fui severo con él; no permití que me ablandaran ni la compasión ni su gloria. Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría orate un hombre que continuamente se figurara el mapa de España? Fui uno de los responsables de su gloria.

Ignoro si Maeztu comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable.

Mientras tanto, giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor. Como si bruscamente el mar estuviera cerca, había un asombro y una exaltación en la sangre. Todo, en aquellos años, era distinto, hasta el sabor del sueño. (Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos.) No hay hombre que no aspire a la plenitud, es decir a la suma de experiencias de que un hombre es capaz; no hay hombre que no tema ser defraudado de alguna parte de ese patrimonio infinito. Pero todo lo ha tenido mi generación, porque primero le fue deparada la gloria y después la derrota.

En Julio de 1938, mi hermano Santiago pereció en la batalla del Ebro, en la localidad de Ascó; un bombardeo aéreo, meses después, destrozó nuestra casa natal, otro, a principios de 1930, mi laboratorio. Acosada por el fascismo internacional, moría la Segunda República; su mano estaba contra todos y las manos de todos contra ella. Entonces, algo singular ocurrió, que ahora creo entender. Yo me creía capaz de apurar la copa de la cólera, pero en las heces me detuvo un sabor que no esperaba, el misterioso y casi terrible sabor de la felicidad. Ensayé diversas explicaciones; no me bastó ninguna. Pensé: Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo. Pensé: Me satisface la derrota, porque es un fin y yo estoy muy cansado. Pensé: Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo. Esas razones ensayé, hasta dar con la verdadera.

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas. También la historia de los pueblos registra una continuidad secreta. Armiño, cuando degolló en una ciénaga las legiones de Varo, no se sabía precursor de un Imperio Alemán; Lutero, traductor de la Biblia, no sospechaba que su fin era forjar un pueblo que destruyera para siempre la Biblia; Christoph zur Linde, a quien mató una bala moscovita en 1758, preparó de algún modo las victorias de 1914; Napoleón creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. La espada revolucionaria nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a gloria y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar la Revolución; ahora sabemos que España era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.
siempre un placer leerle, aporta usted mucho talento al foro.
 
Mire, me limitaré a decirle una cosa que acostumbro a repetir: la xenofobia no es una causa sino una consecuencia.

Se lo explicaré de manera taxativa. Si ve a un extranjero por la calle y siente rechazo o desprecio, es un problema de esa persona, pero si percibe que la presencia de extranjeros en su entorno es muy elevada y siente rechazo, eso tiene que ver con la percepción del número.
¿En serio crees que una persona xenófoba va a dejar de serlo en función de un tope legal de extranjeros, sea este del 10% o del 20%?

Solo variará el grado de su xenofobia, pero saldrá a la calle y seguirá viendo personas de origen extranjero y las seguirá rechazando.

Ya lo ves en este hilo: primero hay que expulsar a los ilegales, luego a los legales, luego a los nacionalizados, luego a… y en una de esas resucitamos a la inquisición.
 
Última edición:
Se llama demagogia.

A mí que en Almería recojan fruta trabajadores extranjeros que van el 99% fuera de España me da igual.

No necesitamos que construyan viviendas, cuando si redujéramos la inmi gración irregular, sobrarían plazas por todas partes.

Centros de salud, hospitales, ambulatorios, parques, instalaciones deportivas. Con una inmi gración ordenada tienes de todo para todos.

Quién palma.

Constructores.
Medicina privada
Bancos
Políticos
Grandes empresas.

Y esos son todos los voluntarios que hacen falta.
No toda la producción de Almería va al Primer Mundo. La que es de menor calidad, se queda pa venderse en Ejpaña.

Eso sí, de aparecer voluntarios, para callarle la boca a Ansar, todavía nadie. 🙂
 
Efectivamente:


"Con una crisis de deuda externa tiene que haber un ajuste de precios, pero yo creo que ya nos hemos pasado de deflación salarial y el problema no está ahí", ha argumentado.

ej que algunos economistas no saben de economía ni de lenguaje


Menos mal que contamos con foreros eruditos y talibanes de la semántica para corregir a estos indocumentados .
 
¿En serio crees que una persona xenófoba va a dejar de serlo en función de un tope legal de extranjeros, sea este del 10% o del 20%?

Solo variará el grado de su xenofobia, pero saldrá a la calle y seguirá viendo personas de origen extranjero y las seguirá rechazando.

Ya lo ves en este hilo: primero hay que expulsar a los ilegales, luego a los legales, luego a los nacionalizados, luego a… y en una de esas resucitamos a la inquisición.
 
¿En serio crees que una persona xenófoba va a dejar de serlo en función de un tope legal de extranjeros, sea este del 10% o del 20%?

Solo variará el grado de su xenofobia, pero saldrá a la calle y seguirá viendo personas de origen extranjero y las seguirá rechazando.

Ya lo ves en este hilo: primero hay que expulsar a los ilegales, luego a los legales, luego a los nacionalizados, luego a… y en una de esas resucitamos a la inquisición.
Repito que tanto el racismo como la xenofobia no son una causa sino una consecuencia, y cuantos mas forasteros haya, mas rechazo se producira, porque no es lo mismo ocho que ochenta.
 
Este señor mejor que se calle hablando de emigración.

Fue el primero que abrió la puerta a la entrada de emigrantes, que lo único que ha provocado es una política de salarios bajos en todos los empleos de formación profesional y de servicios de atención al cliente, y que ciudades como Madrid y Barcelona pierdan su carácter español.
 
¿En serio crees que una persona xenófoba va a dejar de serlo en función de un tope legal de extranjeros, sea este del 10% o del 20%?

Solo variará el grado de su xenofobia, pero saldrá a la calle y seguirá viendo personas de origen extranjero y las seguirá rechazando.

Ya lo ves en este hilo: primero hay que expulsar a los ilegales, luego a los legales, luego a los nacionalizados, luego a… y en una de esas resucitamos a la inquisición.
A estas alturas, la opinión de xenófobos y racistas no pinta nada. Mientras no estén dispuestos a cubrir los puestos de los inmis, comprometiéndose a levantar el país, no hay nada que hacer.
 
Repito que tanto el racismo como la xenofobia no son una causa sino una consecuencia, y cuantos mas forasteros haya, mas rechazo se producira, porque no es lo mismo ocho que ochenta.
el racismo y la xenofobia son ideologías o comportamientos tribales , como lo son el clasismo, el machismo o el supremacismo.

un intolerante --persona que cree que por tener ocho aoellidos nativos tiene más derechos que una persona de tres apellidos nativos o ninguno-- equivale a un clasista que cree que por tener ocho apellidos compuestos tiene mas derechos que una persona de ocho apellidos sencillos.

un xenofobo se va a radicalizar a medida que vea más extranjeros en su barrio al igual que un clasista se va a radicalizar a medida que vea mas plebeyos en el suyo, pero mientras no "desaprendan" a serlo, su ideal siempre va a ser ver cero "outsiders" .

cuando dices que el racismo como la xenofobia son "consecuencia" , solo estas legitimando creencias y comportamientos tóxicos para la convivencia humana.
 
Última edición:
el racismo y la xenofobia son ideologías o comportamientos tribales , como lo son el clasismo, el machismo o el supremacismo.

un intolerante --persona que cree que por tener ocho aoellidos nativos tiene más derechos que una persona de tres apellidos nativos o ninguno-- equivale a un clasista que cree que por tener ocho apellidos compuestos tiene mas derechos que una persona de ocho apellidos sencillos.

un xenofobo se va a radicalizar a medida que vea más extranjeros en su barrio al igual que un clasista se va a radicalizar a medida que vea mas plebeyos en el suyo, pero mientras no "desaprendan" a serlo, su ideal siempre va a ser ver cero "outsiders" .

cuando dices que el racismo como la xenofobia son "consecuencia" , solo estas legitimando creencias y comportamientos tóxicos para la convivencia humana.
¿Qué relación tiene el clasismo (clase social, estatus y condición económica) con la xenofobia (pertenencia a una sociedad, a un Estado)?

Y ¿qué tiene de malo que se radicalice un intolerante? Si es que un intolerante se puede radicalizar, claro. El intolerante no quiere a individuos de otro grupo social o nación en su país, punto. Salvo que no sea un intolerante y lo que pretenda sea que haya un control de verdad sobre la inmi gración y no un descontrol total.
 
el racismo y la xenofobia son ideologías o comportamientos tribales , como lo son el clasismo, el machismo o el supremacismo.

un intolerante --persona que cree que por tener ocho aoellidos nativos tiene más derechos que una persona de tres apellidos nativos o ninguno-- equivale a un clasista que cree que por tener ocho apellidos compuestos tiene mas derechos que una persona de ocho apellidos sencillos.

un xenofobo se va a radicalizar a medida que vea más extranjeros en su barrio al igual que un clasista se va a radicalizar a medida que vea mas plebeyos en el suyo, pero mientras no "desaprendan" a serlo, su ideal siempre va a ser ver cero "outsiders" .

cuando dices que el racismo como la xenofobia son "consecuencia" , solo estas legitimando creencias y comportamientos tóxicos para la convivencia humana.
Veamos, para mí no tiene nada que ver ser clasista con ser intolerante. El clasismo, como su propio nombre indica, es un problema social derivado de la conciencia de clase y, por lo tanto, entronca directamente con las diferentes maneras de comprender la organización social en función de la ideología política. Pero al margen de ello, considero también que todos tenemos algo de clasista dentro de nosotros en mayor o menor medida, precisamente como consecuencia de ello.

Mientras que la xenofobia como tal es un concepto ambiguo, ya que se puede definir tanto como rechazo a los extranjeros como también como el miedo a las personas de origen extranjero, y como usted comprenderá, no es lo mismo rechazar que sentir temor hacia algo o alguien, que es lo que en esencia caracteriza a cualquier tipo de fobia.

¿Si una persona siente rechazo hacia los extranjeros, o desconfianza, o simplemente miedo, le parece a usted que eso es equiparable al hecho de odiarlos?

Yo no repruebo a los extranjeros, pero sí siento un profundo rechazo a la llegada masiva de forasteros porque precisamente son extranjeros, y temo que eso repercuta negativamente en el país en el que vivo a todos los niveles.

Usted podrá compartir conmigo dicho rechazo y temor o no, pero eso no le convierte ni en mejor ni en peor persona que yo.

Otra cosa bien distinta es el racismo, por las connotaciones que supone, ya que puede dar lugar efectivamente al concepto de supremacía racial, y yo por tanto no me considero intolerante, ya que considero que ningún ser humano es superior o inferior a otro por cuestiones de tipo racial, o al menos no debe ser tratado de manera discriminatoria por ello.

Es decir, no me considero intolerante, pero sí tengo una postura crítica con la inmi gración masiva.

Pero para terminar con el tema, cuando hablo del racismo y la xenofobia como consecuencia y no como causa de un problema, lo digo porque si fuera al contrario, los supuestos niveles de racismo y xenofobia deberían ser totalmente independientes del número de personas de otras razas o de origen extranjero que hubiese en nuestro país, lo cual evidentemente no es así. La gente no reacciona por norma general igual ante aquel que pertenece a otro grupo étnico, o ante el extranjero, cuando percibe su presencia como un hecho no invasivo, que cuando sí.

Y la historia lo viene a demostrar: cuando se produce un auge del racismo o de la xenofobia, no es porque ya existiera antes, sino a consecuencia de.

Porque obviamente, nunca puede ser lo mismo sentir rechazo ante una persona de otra raza sin haber visto nunca a una, que viéndolas todos los días, o sentir rechazo hacia un extranjero viviendo en algún pueblo de la España profunda, que en algún barrio de una gran ciudad con mucha presencia de ellos.

¿Le parece a usted que la turismofobia es una causa o una consecuencia? Pues eso.

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Efectivamente:


"Con una crisis de deuda externa tiene que haber un ajuste de precios, pero yo creo que ya nos hemos pasado de deflación salarial y el problema no está ahí", ha argumentado.

ej que algunos economistas no saben de economía ni de lenguaje


Menos mal que contamos con foreros eruditos y talibanes de la semántica para corregir a estos indocumentados .
¿Sigue?

La noto muy centrada en el tema.

Tranquilícese, señora. Intente superarlo.

No domina el castellano. ¿Qué le vamos a hacer?
 
puedes esperar sentado.
Señora, la noto muy insistente con algo que ya se explicó por activa y por pasiva.
En USA, un país con mucho menos paro que en España, se ha deportado y se sigue deportando a cientos de miles de trabajadores. Cierran panaderías, restaurantes, y algunos invernaderos automatizan cultivos y cosechas ante la falta de mano de obra.
Todo esto va de economía. ¿Es más rentable automatizar? O digamos que a la industria tecnológica le conviene colocar sus robots. Pues se automatiza.

¿Les importa que no haya mano de obra en ciertos sectores?
No. Lo que quieren es automatizar y robotizar.
Y es a lo que tienden muchos otros países occidentales.

Por otra parte, en un país como España, que siempre ha sufrido un paro estructural muy alto, ya me dirá…
Se han importado trabajadores que trabajan en condiciones inhumanas porque la competencia es enorme. Pero a usted eso le da igual. Las condiciones inhumanas en las que trabajan muchos forasteros (legales e ilegales) no le importan absolutamente nada.
Usted está solo para dar lecciones de sarracena a los demás.
Lo que usted repite hace docenas de posts no tiene ni pies ni cabeza.

El desempleo está azotando especialmente a los forasteros, muchos de los cuales están moviéndose hacia otros países europeos, donde el desempleo también está aumentando.

Pero bueno, que las consecuencias (nefastas) del desarraigo, ya si eso hablamos otro día. De la miseria, de la falta de integración, de la degradación de la calidad de vida de unos y otros, eso ya otro día, ¿a que sí?

No sé si es que no saben todavía por dónde les sopla el aire o simplemente le pagan por intervenir en un foro.
 

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