Un millón de euros por un piso en el centro de Madrid
¿Cuánto hay que ingresar al año para comprar un piso de un millón de euros en el centro de Madrid? Más que la nómina de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Isabel Díaz Ayuso ha adquirido una vivienda en el barrio donde creció, en el centro de Madrid, según confirma la revista
Vanitatis, y la operación ha reabierto una pregunta incómoda: qué patrimonio puede acumular un cargo público cuyo sueldo pagan los contribuyentes. El precio que se maneja en el debate es de
1.000.000 de euros.
La vivienda: 180 metros, urbanización cerrada y conserje 24 horas
El piso ronda los
180 metros cuadrados y está en una urbanización cerrada con conserje las 24 horas, en pleno centro de Madrid, según los datos que se citan en el debate. Para unos es lujo puro; para otros, «un buen piso, pero de los normalitos» para la zona. La discusión de escala duró poco, porque el número que manda es otro: un millón de euros. Y ese precio, en una ciudad donde la vivienda lleva años tensionada, admite pocas lecturas ingenuas.
Hay quien sostiene que la compra llega en lo más alto del ciclo y que firmar ahora es asumir el riesgo de pagar el pico de la burbuja. En contra pesa un argumento sencillo: quien compra para vivir no especula, y hay quien recuerda que en Madrid los precios de la vivienda llevan años subiendo. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez.
«Llevo pagando alquileres desde hace 20 años y esto se va a acabar»
La frase es suya, publicada hace un tiempo en la revista
Yo Dona. Según recuerdan algunos participantes, también había defendido que no estaba dispuesta a pagar por un piso lo que se paga en Madrid porque le parecía una barbaridad. Ahora ha cambiado de opinión, y ese giro, más que el precio, es lo que ha encendido la mecha de la conversación pública.
El currículum inmobiliario que ella misma ha contado encaja mal con la queja. Se independizó con 22 años y alquiló una habitación por
400 euros con un sueldo de 600, según su propio relato. De aquella habitación a un millón de euros hay dos décadas y una carrera política en medio. Nadie discute que haya podido ahorrar; se discute cuánto.
¿Cuánto queda en neto con 103.090 euros brutos al año?
La retribución anual de la presidenta de la Comunidad de Madrid figura en
103.090,32 euros brutos. Sobre esa cifra se monta el cálculo más repetido: cuánto queda después de impuestos, cuánto hay que haber acumulado antes y cuántos años de hipoteca hacen falta para cerrar la operación. No hay hoja de números oficial publicada, y ahí empieza el terreno de las suposiciones.
Se apunta que, si la compra se hace a medias con la pareja, la carga se reparte en torno a
500.000 euros por cabeza y muchos años de préstamo. El desglose completo, con la fiscalidad y los plazos, es lo que nadie ha puesto todavía sobre la mesa.
Quien nunca prometió vivir en Vallecas no debe explicar nada
Existe una corriente que corta el asunto por lo sano: no hay hipocresía porque nunca hubo promesa. Quien esto defiende recuerda que la presidenta madrileña no ha ido de anticasta, que no ha presumido de vivir rodeada de la gente corriente ni ha hecho bandera del reparto. Si alguien nunca dijo que dormiría en un barrio obrero, comprarse un piso céntrico es coherente con lo que piensa, no una contradicción.
La objeción llega por otro lado, y es más difícil de esquivar: la coherencia ideológica no exime del escrutinio de un cargo público cuyo sueldo pagan los contribuyentes. Eso da titulares aunque no haya ni una falta de ética demostrable.
Galapagar, áticos con vistas y un caballo de 100.000 euros
A partir de ahí la conversación se vuelve simétrica y algo cansina. Aparecen el chalet de Galapagar, los áticos de más de medio millón firmados a nombre de familiares de otros cargos y hasta un purasangre de
100.000 euros pagado, según las versiones que circulan, con fajos de billetes. Nada de eso se somete a verificación, pero funciona como espejo perfecto.
El resultado es un empate por escándalo: si el de enfrente también compró, entonces aquí no pasa nada. Es exactamente el razonamiento que garantiza que nada cambie nunca.
El detalle inesperado: formarse para técnico sanitario
Para rizar el asunto, en el debate aparece, como apunte, que se estaría formando para ejercer de técnico sanitario en ambulancia. Con una nómina de seis cifras, la decisión descoloca a propios y extraños. Se comenta entre el desconcierto y la guasa: si el objetivo era asegurarse un plan B laboral, había caminos más cortos. La anécdota sirve al menos para recordar que una carrera política no suele ser el único proyecto vital de quien la ejerce.
Con el sueldo publicado al céntimo y el precio del centro de Madrid subiendo cada año, lo llamativo no es que alguien se compre un piso de un millón de euros. Lo llamativo es que alguien siga fingiendo sorpresa.