Yo no la he visto, pero me lo puedo imaginar perfectamente: todo el cine de Nolan está impregnado de una pedantería y una grandilocuencia casi narcóticas. Cada película parece empeñada en recordarte, durante tres horas, lo inteligente que cree ser.
Lo verdaderamente agotador es la autocomplacencia con la que la exhibe: diálogos solemnes, estructuras aparatosas y una profundidad cuidadosamente impostada para convertir cualquier argumento en una ceremonia de autosatisfacción intelectual. Más que cine, a veces parece una conferencia de Nolan sobre la genialidad de Nolan.