Del rechazo a pagar al cálculo de devolver la subvención del film
El hilo no discute la película. Discute la entrada. En las primeras cuarenta respuestas de este tramo, los que no van y los que sí se reparten sin apenas matices: unos dicen que no sueltan un céntimo, otros que no la verán ni por vías no oficiales, y en medio aparece alguien que pone la aritmética encima de la mesa. Nadie cambia de opinión por leer al de enfrente, y el tono sube un escalón por jornada.
Qué se ha sabido
Material nuevo, poco. Alguien incrusta un vídeo de YouTube,
, y a partir de ahí el hilo se llena de idas y venidas. Otro participante suelta un enlace al foro
Burbuja sin añadir una línea, como quien deja munición y se aparta.
El argumento que ordena el tramo lo pone un forero: sostiene que la película tiene pinta de tener un éxito mundial y que, cuando eso ocurre, sus responsables están obligados a devolver la subvención. Ni una cifra, ni una fuente, ni un enlace. Pero la frase cambia el eje: de no pagar se pasa a mirar si el dinero vuelve.
Hay más previsiones sueltas. Uno dice que en 45 días estará en una plataforma y lo escribe como quien cierra el asunto. Otro anuncia que esperará al pase televisivo, que calcula para dentro de un año, y que no piensa pagar la entrada. Un tercero tira de comparación y quiere ver si la película supera a la última entrega de la saga más taquillera del
cine español reciente.
El tramo cubre dos jornadas, el 27 y el 28 de septiembre, y en esas horas el hilo pasa de la recomendación al ajuste de cuentas.
Dónde está la bronca
El choque no va de calidad. Va de si se puede separar la obra de la etiqueta. Un participante se declara heterosexual y «sin prejuicios sexuales», y afirma que quiere ver la película porque los responsables le parecen muy buenos, aunque reconoce que la crítica seria no la deja bien. Defiende que estos autores han hecho cosas malas y también genialidades, y pide mirar la trayectoria, no el cartel.
Enfrente, el rechazo tiene dos versiones. Una es de cartera: no se paga, no se piratea, no se espera. «Zero interés en la película», resume uno, que añade que ni siquiera la bajará. «No veo cine español proselitista y subvencionado», zanja otro. Un tercero se queja de que con sus impuestos se haya financiado el film.
La otra versión del rechazo es de tema. Varios participantes dicen que no van a verla por su contenido, y alguno la descalifica entera. Ahí el hilo se pone áspero y este texto no repite cómo. Basta con anotar que una parte convierte el rechazo a una película en desprecio hacia el público al que va dirigida.
Y está la objeción de formato. Alguien apunta que es otra película de la Guerra Civil sin guerra, en la que en lugar de tiros se lanzan besos al aire. No es un reproche a la taquilla: es un reproche a cómo se cuenta el pasado.
También están los que se pelean con los críticos. Un participante sentencia que la única crítica que vale es la suya y arremete contra quienes se creen críticos. Otro le responde con un latinajo: «Excusatio non petita, accusatio manifesta». Un tercero se ríe del primero, le llama el crítico de críticos y cuenta que en su día pensó en abrir un canal de YouTube criticando críticas, hasta que cayó en que a él también podrían criticarlo.
Hay roces, además, entre los que defienden la película. Uno se queja de que gustar de una serie te convierta en miembro de un colectivo. Otro le corrige: que no existe ningún colectivo y que no se usen esas palabras. Ahí no van contra el film, van contra cómo se etiqueta al que lo ve.
Las bromas que tapan el empate
Nadie mueve su posición, así que el hilo se refugia en el chiste. Aparecen títulos inventados: una supuesta secuela que cambia el color del nombre y un biopic de un personaje televisivo. Un forero cuenta que el sábado vio «las bolas negras» en un descampado, por si sirve. Otro resume que, para ver cierto cine, ya tiene otro género a mano. La broma no destensa nada. Solo deja claro que el debate está en tablas.
Qué cambia respecto a antes
Lo que queda atrás es la discusión sobre si la sala estaba llena. Ya da igual: el que no va, no va, y el que va, va. Lo que entra es el después. El cálculo de la subvención, el pase en plataforma dentro de 45 días y la comparación con la saga más taquillera colocan la conversación en el futuro de la película y no en su estreno.
Entra también una predicción que aquí no se puede comprobar: la de que un éxito mundial obliga a devolver lo público. Queda escrita, sin fuente, en el hilo. Quien la soltó no la retiró, y nadie se la pidió.