Auxiliar técnico informático: 1.500 euros por no pisar la oficina
Un amigo acaba de aprobar las oposiciones de auxiliar técnico informático, eligió Madrid y, según su propio relato, todavía no ha pisado la oficina. Le mandan instrucciones a casa, cobra igual y espera a que se incorporen los compañeros y los supervisores. El sueldo no es para tirar cohetes:
entre 1.400 y 1.500 euros en 14 pagas. Pero el volumen de plazas, la laxitud del temario y la ausencia de carga de trabajo real dibujan un perfil de empleo público que, a la fecha de esta discusión, se vende solo en los mentideros de opositores.
Qué es un auxiliar técnico informático y por qué se presenta tanta gente
El cuerpo de auxiliares técnicos informáticos es una puerta de entrada al empleo público con requisitos bajos: basta el bachillerato para presentarse, sin necesidad de una FP superior de informática. Eso explica que se presente gente con carreras técnicas a medio terminar, titulados de otras disciplinas y perfiles de formación profesional que no han logrado sacar plazas del grupo A. El temario, según quienes han pasado por el proceso, es asequible y las plazas se han multiplicado en las últimas convocatorias.
Hay un matiz geográfico que cambia el cálculo por completo.
La mayoría de las plazas están en Madrid, lo que convierte el destino en una lotería con trampa: si no sacas nota alta, acabas en la capital. Y con 1.400 euros en Madrid, el margen es nulo. Un participante lo resume sin anestesia: con ese sueldo en Madrid eres pobre; en una capital mediana de provincia, el mismo dinero te convierte en el rey del mambo. La movilidad posterior existe —concursos de traslados, comisiones de servicios, adscripciones provisionales—, pero depende de la antigüedad y de la nota.
El teletrabajo que no se anuncia en las bases
El dato que más revuelve la conversación no es el sueldo, es la jornada. Según el relato del recién incorporado,
muchos veteranos del cuerpo teletrabajan cuatro días a la semana y, cuando van a la oficina, asisten a reuniones y se marchan de inmediato. Los recién llegados ni eso: les dan instrucciones para leer en casa mientras se completa la plantilla. Cobrar, se cobra igual.
Ahí empieza el desacuerdo de fondo. Una parte sostiene que un puesto sin tareas reales no es un chollo, es una condena: el ser humano necesita retos y la mejor forma de hacer mobbing laboral es no dar trabajo a alguien. Otra corriente responde que esa objeción es un lujo de quien tiene ambiciones, y que el tipo de persona que sueña con un empleo así no es precisamente el que aspira a dirigir nada. Entre medias, un tercer grupo señala lo obvio: con 1.500 euros en 14 pagas y sin crecimiento salarial más allá de los trienios, la plaza es cómoda pero no resuelve la vida.
El informático público frente al contratado externo
El hilo deriva hacia una guerra más vieja: quién hace de verdad el trabajo tecnológico en la Administración. Una tesis muy repetida sostiene que el grueso lo ejecutan contratas externas —con sueldos ajustados y rotación alta— mientras el personal funcionario de perfil técnico se limita a supervisar o, directamente, a estorbar. La contrarréplica llega con datos de experiencia: hay departamentos donde la programación y el mantenimiento los asumen funcionarios, y donde los externos meten la pata con frecuencia, obligando a rehacer trabajo. La conclusión que se impone en el intercambio es menos épica: el problema no es el trabajador, es la estructura de capas superpuestas que encarece el sistema y difumina responsabilidades.
Cuánto se cobra y qué se pierde
El salario de entrada, 1.400-1.500 euros en 14 pagas, se compara en la discusión con el de una cajera de supermercado, con el de un informático de consultora estancado y con el de un trabajador cualificado de Madrid con un año de experiencia. Ninguna comparación sale favorable a la plaza en términos económicos. La ventaja competitiva es otra: estabilidad, jornada sin presión y un volumen de trabajo que, en el mejor de los casos, se concentra en incidencias puntuales.
El cálculo completo de lo que cuesta vivir en Madrid con ese salario, desglosado partida a partida, da un resultado que sorprende a quien solo mira el bruto. Y la pregunta que queda flotando no es si la plaza es buena, sino para quién.
¿Aguanta alguien toda una vida laboral en un puesto donde no pasa nada, o el aburrimiento termina pasando factura antes que la nómina?