Artículo de El Mundo en el que se explica que los foreros que acusan a Israel del accidente de tren están a sueldo del PSOE.

Artículo de El Mundo en el que se explica que los foreros que acusan a Israel del accidente de tren están a sueldo del PSOE.
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Tras la colisión de trenes en Urda, en la que murieron al menos 69 personas, circuló en X la versión de un sabotaje israelí sin ninguna prueba que la respalde. Los análisis de las 48 horas posteriores sitúan ese relato en el 2,7% de las conversaciones y señalan que la atribución de culpas precede a los hechos.

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Tras la colisión de trenes en Urda, en la que murieron al menos 69 personas, circuló en X la versión de un sabotaje israelí sin ninguna prueba que la respalde. Los análisis de las 48 horas posteriores sitúan ese relato en el 2,7% de las conversaciones y señalan que la atribución de culpas precede a los hechos.

La mañana del miércoles 28 de octubre, poco antes de las 9:30, Adif interrumpió la línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía por «un alcance entre dos trenes». Minutos después, cuando todavía no se conocía el alcance de lo ocurrido, cientos de cuentas en X ya manejaban una explicación cerrada: había sido un sabotaje israelí. Un tren AVE había colisionado con un convoy de Iryo detenido en la vía en Urda, en la provincia de Toledo. El balance fue de al menos 69 víctimas mortales.

La hipótesis del sabotaje no esperó a la investigación. Tampoco a los datos. Se abrió paso entre las primeras reacciones a la tragedia ferroviaria y lo hizo, sobre todo, desde cuentas anónimas. Muchos de aquellos mensajes fueron borrados a lo largo del día. Una cuenta que llegó a más de 3.000 retuits con apenas 800 seguidores acabó suspendida. La sospecha, sin embargo, no se quedó en la red: saltó a los platós de TVE en boca del comentarista José Miguel Villarroya y del creador de contenido Marc Biarnés, que pusieron el foco en el fallo de los sistemas de seguridad y en quién se beneficiaba de lo ocurrido.

Un vacío informativo que se llena con un culpable

Carlos Elías, catedrático de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y director de la cátedra Jean Monnet Unión Europea, Desinformación y Fake News, lleva años estudiando por qué un rumor así se extiende con tanta facilidad. Su respuesta es sencilla: «No hay nada más fácil que difundir un rumor con unas ciertas características. Cuando se vive un incidente de gran relevancia y controversia poner un buen villano siempre funciona». A eso se suma el momento. «Los tiempos en una investigación son los que son. Y como eso no se va a esclarecer mañana se agarran a ello», explica en referencia a la caída del sistema de seguridad LZB, el detalle técnico al que se agarraron muchas de las sospechas.

La velocidad juega a favor de quien no contrasta. «El primero que habla sustenta el relato. Un periodista tiene un código ético que implica que si no tiene algo confirmado, no se puede publicar. Pero otra gente no», señala Elías. Para él, Occidente padece un fenómeno que daña el ecosistema mediático: «la gente no diferencia entre periodismo y comunicación». Los periodistas y los medios tradicionales deben buscar la verdad y hacerla pública; los políticos y los comunicadores no. «Comunicar es una habilidad, como correr, pero no tiene código ético», añade.

Estrella Gualda, catedrática de Sociología de la Universidad de Huelva y especialista en comportamiento y desinformación en redes, coincide en el diagnóstico de fondo. «Las tragedias generan dolor, miedo y una necesidad urgente de encontrar explicaciones. Cuando hay incertidumbre, ese vacío informativo puede llenarse con relatos que ofrecen culpables y una aparente explicación». Las teorías conspirativas, dice, simplifican acontecimientos complejos y presentan como intencional lo que aún debe investigarse. La rapidez de las redes hace que esas interpretaciones circulen mucho antes que las evidencias contrastadas.

El sesgo de confirmación y la dopamina del algoritmo

Gualda traza una frontera clara entre sospechar que pudo haber un sabotaje y afirmar que fue por orden de Netanyahu. «Una hipótesis seria se basa en indicios comprobables y acepta que puede estar equivocada. Como decía Karl Popper, una buena explicación es la que se puede poner a prueba y, por tanto, desmentir. Las teorías conspirativas hacen lo contrario: todo las confirma, e incluso la falta de pruebas se interpreta como señal de que alguien las oculta».

En ese mecanismo tiene un papel decisivo el sesgo de confirmación. «Las creencias previas influyen en qué mensajes nos parecen plausibles y en qué fuentes confiamos. Tendemos a fijarnos en lo que encaja con nuestras ideas y a pasar por alto lo que no. Damos por buena la información compatible y cuestionamos la que nos contradice», explica la socióloga. Elías lo lleva al terreno de la recompensa inmediata: «El problema de las redes sociales es que el algoritmo premia tu sesgo de confirmación. El cerebro lo que quiere es la recompensa y cuando tienes una información que refuerza tu creencia previa tienes un chute de dopamina». Un antivacunas, ilustra, no verá el entorno que dice que las vacunas son buenas; solo verá el caso de la persona que se vacunó y tuvo un infarto.

214.000 publicaciones en 48 horas y un 2,7% de relato conspirativo

Miguel del Fresno, doctor en Sociología y profesor titular de la UNED, analizó la evolución de la tragedia en redes durante las 48 horas posteriores al suceso. En ese periodo se generaron más de 214.000 publicaciones de casi 100.000 autores, el 88% en medios sociales y el resto en medios profesionales. Tres cuartas partes de la actividad se concentró en X, con 67.700 tuits de los que el 90% fueron retuits. «Twitter/X funciona como una suerte de sistema nervioso central comunicativo y, tras una tragedia, no es una conversación lo que circula y domina: es la amplificación de posiciones con alta polarización afectiva, básicamente de los mensajes de los políticos y de las instituciones, que son quienes ocupan el top de notoriedad», sostiene.

Pese al ruido, las teorías conspirativas sobre el accidente no alcanzaron notoriedad. Medidas con una consulta específica sobre el mismo universo, suman el 2,7% de las conversaciones del total, menos que el 3,4% del primer día, con 4.100 autores y ningún amplificador relevante: el autor más activo tiene seis publicaciones. Solo unas pocas centenas son tuits propios; el resto son respuestas dentro de hilos ajenos, donde el léxico conspirativo aparece en torno al 2% de las respuestas a los políticos. Los indicios de perfiles semiautomatizados o semibots se sitúan más bien en la defensa del Gobierno por comparación con la gestión de la Dana, que alcanzó el 8% gracias a perfiles de hiperactividad militante.

La acusación de negligencia también tuvo recorrido. «Se injerta en un enmarcado previo con precedente, Adamuz, y en una posición política ya formada. No necesita pruebas, necesita un nombre, y lo tiene desde el primer minuto: Óscar Puente. La trama extranjera no tiene precedentes en la serie ferroviaria, no tiene emisor con notoriedad y compite con una explicación técnica que se inicia el mismo día», señala Del Fresno. Los dos ejes comparten la lógica de la polarización afectiva: «La atribución precede al hecho, y cada flanco llega al accidente con su precedente: la derecha con Adamuz, la izquierda con la Dana». Hasta el duelo, concluye, se disputa.

Tres investigadores y una misma cautela

Los tres expertos piden prudencia a la hora de trasladar lo que ocurre en X a la realidad. Del Fresno recuerda que su análisis aborda «el clima de opinión de la clase política y de sus seguidores» y «mide atención, no acuerdo: la polarización va de las clases políticas a la sociedad». Gualda subraya que en las redes «el ruido no siempre refleja lo que piensa la gente porque las cuentas automatizadas o coordinadas pueden amplificar ciertos mensajes y hacer que parezcan mucho más compartidos». Elías reclama alfabetización mediática: «La mejor protección es seguir a los medios tradicionales. A todos, no a uno. Tienen sesgo y línea editorial. Pero ninguno te va a decir una mentira flagrante como sí te pueden decir en las redes sociales».

La pregunta de fondo, si aquella sucesión de acusaciones respondía a una operación organizada de un ejército digital o a una reacción espontánea que proyectaba prejuicios sobre el accidente, no tiene respuesta cerrada con los datos disponibles. Lo que sí muestran los análisis es que el relato del sabotaje israelí circuló sin pruebas, que lo hizo más rápido que la investigación técnica y que su peso en el conjunto de la conversación fue minoritario pero suficiente para contaminar las primeras horas de una tragedia con 69 muertos. En un suceso así, la cautela no es un adorno: la investigación oficial sigue su curso y cualquier conclusión sobre las causas debe esperar a sus resultados.

Datos clave
  • La colisión entre un AVE y un convoy de Iryo en Urda (Toledo) dejó al menos 69 víctimas mortales el 28 de octubre.
  • En las 48 horas posteriores se generaron más de 214.000 publicaciones de casi 100.000 autores, el 88% en medios sociales.
  • El relato conspirativo del sabotaje israelí sumó el 2,7% de las conversaciones, con 4.100 autores y ningún amplificador relevante.
  • Tres cuartas partes de la actividad en redes se concentró en X, con 67.700 tuits de los que el 90% fueron retuits.
  • La acusación de negligencia contra el Gobierno alcanzó el 8% de las conversaciones, impulsada por perfiles de hiperactividad militante.
Fuente: elmundo.es
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.
Como no soy un marxista clásico, no lo atribuyo todo a la 'estructura' (económica).

Habrá quien lo hará gratis por su convicción absoluta, por su estado mental PSOE, por sus ganas de intento de notoriedad, por repruebo a Israel/judíos...

Y habrá quien lo haga cobrando, con más o menos entusiasmo.
 

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