Armesilla rectifica su tuit sobre los no vacunados y esquiva el perdón
Santiago Armesilla, divulgador asociado al pensamiento hispanista, ha retirado públicamente un mensaje que escribió dos años antes de la pandemia de la Covid-19 y en el que, según el propio autor, defendía medidas punitivas contra quienes rechazaran la vacunación. La rectificación llega siete años después del tuit original y cinco después del ciclo pandémico, y lo hace con una fórmula que ha encendido a buena parte de su audiencia: «Ya no sostengo lo mismo que dije en él. Todos cambiamos». Ni una sola palabra de disculpa.
El mensaje rectificado circulaba por grupos de redes sociales y aplicaciones de mensajería, según el propio Armesilla, que atribuye la difusión a un intento «en vano» de desacreditarlo. La respuesta mayoritaria ha sido la contraria: si el tuit solo molesta cuando se hace viral, el problema no es el tuit, sino la incomodidad de que se sepa.
Qué decía el tuit y por qué sigue circulando
El contenido exacto del mensaje original no aparece transcrito en la discusión, pero sí su orientación: medidas coercitivas contra quienes decidieran no vacunarse. La reconstrucción que hacen quienes lo han leído apunta a penas de cárcel y sanciones económicas para los no vacunados. Ese es el núcleo del conflicto: no se retracta de haberlo pensado, se retracta de sostenerlo ahora.
La diferencia es sustancial. Una cosa es cambiar de opinión sobre un asunto sanitario y otra es haber pedido castigo para quien ejercía una libertad individual. La retractación, tal como está formulada, no repara el daño que ese mensaje pudo causar en su momento ni reconoce que fuera un error de fondo. Solo constata que el autor ya no piensa igual.
La respuesta: ni olvido ni perdón
El tono dominante en la conversación no es la indignación de primer grado, sino algo más frío: la negativa a conceder que una rectificación tardía cierre el asunto. Varios mensajes coinciden en un argumento que no es emocional sino contrafáctico: si lo que se proponía se hubiera aplicado, habría españoles con causas penales y menores separados de sus familias durante el confinamiento. La retractación no deshace ese escenario hipotético.
Hay quien va más allá y sostiene que el problema no es el tuit concreto, sino el patrón. Un extremismo que se aplica a un tema puede aplicarse a cualquier otro. La evolución ideológica no se lee como aprendizaje, sino como cambio de chaqueta según el viento. La frase que resume esa postura: comunista por la mañana, capitalista por la noche.
El argumento del arrepentimiento sincero
No todo es fuego. Una parte minoritaria de la discusión introduce un matiz religioso: el perdón solo tiene sentido si el arrepentimiento es sincero, y la sinceridad no se demuestra con un tuit, sino con actos. Otros añaden una condición previa: inhabilitación pública. Que no vuelva a escribir ni a hablar en medios. Después ya veremos.
La discusión deriva hacia un problema más amplio: qué hacemos con quienes defendieron medidas coercitivas durante la pandemia y ahora piden borrón. No hay respuesta fácil. El daño, si se produjo, no fue material en la mayoría de los casos, pero el clima de sospecha hacia el disidente sanitario dejó marca. Y eso no se rectifica con una frase de siete palabras.
El perdón como moneda de cambio
El cierre del asunto no está escrito. La retractación existe, el perdón no. Y mientras la conversación sigue, el tuit original continúa circulando, que es exactamente lo que su autor quería evitar. La paradoja es perfecta: cuanto más intenta enterrarlo, más se desentierra.
Queda una pregunta sin responder: ¿basta con cambiar de opinión para quedar limpio, o hace falta algo más? La respuesta que da la mayoría es que no basta. No por venganza, sino porque el perdón, cuando se regala, deja de significar algo.