Arabia Saudí abre el grifo del crudo y el Brent se desangra
Arabia Saudí ha decidido dejar de sostener el precio del petróleo. El reino, que lleva dos años recortando su producción para mantener el barril alto, planea deshacer esos recortes a partir del 1 de diciembre, incluso si eso conduce a un periodo prolongado de precios bajos. La noticia, adelantada por el
Financial Times, ha provocado una caída inmediata del Brent de más del 2%, que pone en juego los 71 dólares por barril. El crudo de referencia global promedió 99 dólares en 2022 y 73 en lo que va de septiembre. El giro es mayúsculo: Riad ha asumido la mayor parte de los recortes de la OPEP+, bombeando 8,9 millones de barriles diarios, su nivel más bajo desde 2011 excluyendo la pandemia.
Por qué Arabia Saudí renuncia a los 100 dólares
El movimiento responde a una frustración acumulada. Arabia Saudí necesita un precio cercano a los 100 dólares para equilibrar su presupuesto, según el FMI, porque el príncipe heredero Mohammed bin Salman quiere financiar megaproyectos de su programa de reforma económica. Pero sostener ese precio le ha costado cuota de mercado frente a productores ajenos al cártel, en particular Estados Unidos y Canadá, cuyo aumento de oferta ha reducido el impacto de los recortes. El reino ha decidido que no está dispuesto a seguir cediendo terreno.
La estrategia tiene precedentes. Hace una década, Arabia Saudí ya puso fin a la era del petróleo a 100 dólares, aumentando la producción en 2014 para frustrar el auge del esquisto estadounidense. Ahora repite el patrón, pero con un matiz: según las fuentes citadas, Riad cree tener suficientes opciones de financiación alternativa —reservas de divisas o emisión de deuda soberana— para capear el bache.
El plan de producción: 83.000 barriles más cada mes
El calendario es concreto. Arabia Saudí aumentará su producción en 83.000 barriles diarios adicionales cada mes a partir de diciembre, lo que elevará su bombeo en un total de 1 millón de barriles diarios para diciembre de 2025. La OPEP+ había retrasado dos meses la decisión de deshacer los recortes, lo que generó dudas en el mercado sobre si el cártel volvería alguna vez a abrir el grifo. Esas dudas llevaron al petróleo a caer brevemente por debajo de los 70 dólares, su nivel más bajo desde diciembre de 2021.
Hay un problema de disciplina interna que amenaza con dinamitar el acuerdo. Varios miembros del cártel, incluidos Irak y Kazajistán, han ignorado parcialmente los recortes bombeando más de lo que les corresponde. El secretario general de la OPEP, Haitham Al Ghais, visitó ambos países en agosto y obtuvo compromisos de ajuste. Pero la preocupación persiste: Arabia Saudí podría decidir deshacer sus propios recortes más rápido de lo planeado si alguno de los países no cumple. Eso supondría, directamente, que la OPEP salta por los aires.
¿Por qué no baja la gasolina aunque caiga el crudo?
La caída del Brent no se traslada automáticamente al surtidor. En el análisis que circula entre consumidores se apunta a que los combustibles llevan estancados desde antes del verano, y que el precio final tiene poco que ver con el precio en origen. Se argumenta que el mercado está intervenido por las grandes petroleras y que los costes de producción, transporte y refino no justifican el precio antes de impuestos. El cálculo más optimista sitúa el gasóleo en torno a 1,03-1,05 euros en algunas zonas, mientras que otros hablan de 1,28 para la gasolina 95 en estaciones de bajo coste.
La paradoja tiene una explicación que se repite en el sector: cuando la demanda cae o se disemina, los costes operativos suben y las economías de escala bajan. Aunque el petróleo en origen se abarate, en gasolinera la tendencia puede ser la contraria. Es el argumento que manejan quienes sostienen que la energía barata es la clave del desarrollo tecnológico y económico, y que su encarecimiento es el verdadero problema de fondo.
El debate del peak oil: ¿agotamiento o retorno decreciente?
La noticia ha reabierto la discusión sobre el peak oil, un concepto que se malinterpreta con frecuencia. No tiene que ver con las existencias ni con el precio, sino con el retorno energético: si para extraer un barril de petróleo necesitas la energía contenida en otro barril, el petróleo deja de ser útil como fuente de energía, independientemente de cuántas reservas queden. Quienes defienden esta tesis sostienen que es una certeza matemática si el retorno energético sigue descendiendo. Quienes la rebaten argumentan que la producción y el consumo de 100 millones de barriles diarios no se pueden mantener durante décadas, pero que el fin no llegará por falta de oferta.
En el trasfondo planea la geopolítica. La decisión saudí coincide con un contexto de guerra en Ucrania y de tensión en Oriente Próximo, factores que en teoría deberían empujar el precio al alza. No lo han hecho. La oferta no perteneciente a la OPEP y el débil crecimiento de la demanda china han pesado más. La pregunta que sobrevuela es si este movimiento busca influir en el calendario electoral estadounidense o si es, simplemente, la constatación de que el cártel ya no controla el mercado como antes.
La predicción más razonable apunta a un periodo de precios bajos que ponga a prueba la resistencia financiera de los productores más caros. Pero conviene tomarla con reservas: el propio reino ha advertido que acelerará el ritmo si sus socios no cumplen, y la historia reciente demuestra que los planes de producción de la OPEP+ se deshacen con la misma facilidad con que se anuncian.