Aldama entrega a la UCO las anotaciones del reparto de mordidas
¿Cuánto vale un Excel? En el caso que tiene en vilo a media Moncloa, la respuesta provisional es: 19,5 millones de euros. Esa es la cifra que, según las anotaciones que el empresario Víctor de Aldama ha puesto en manos de la
Guardia Civil, había en la caja destinada a comisiones ilegales. El documento, adelantado por
El Debate, enumera el reparto y sitúa en lo más alto al exministro José Luis Ábalos, al que atribuye «dos millones». Ábalos sostiene que nunca ha recibido dinero del comisionista.
El listado no es una hoja suelta. Es un cuadro de pagos con apodos, cantidades y anotaciones de destino, y en él Aldama se refiere a Ábalos como «El Gran» y a su exasesor Koldo García como «Goblins». A Koldo le anota medio millón de euros junto a la palabra «casa», cantidad que los agentes de la UCO sospechan que sirvió para costear el chalet de Sotogrande (Cádiz) que la trama alquiló para disfrute del exministro. En sede judicial, el empresario añadió que además entregó 250.000 euros a Ábalos en su despacho del Ministerio de Transportes y 100.000 en metálico a Koldo.
Qué cifras aparecen en las anotaciones de Aldama
El desglose incluye nombres que los investigadores todavía intentan descifrar. Junto a los alias «Bolarque», «J. Core», «Israel», «Cristian» y «Bernardo» figuran, respectivamente, tres millones de euros, un millón, 200.000, 100.000 y 200.000 euros. A esa estructura de pagos se suma el alquiler de una aeronave privada por 5,5 millones de euros, gasto que el empresario habría asumido dentro del mismo entramado.
La defensa del documento no es su aspecto, sino su cotejo. Hay quien sostiene que las anotaciones se validan cruzando cada nombre con los ingresos bancarios de los receptores. Sin ese cruce, un cuaderno de cuentas privado vale poco; con él, se convierte en una hoja de ruta. Y ahí está el nudo del asunto: la UCO ya sostiene que la declaración de Aldama coincide con los indicios que obraban en su poder.
El portafolios de Moncloa y la visita con «autorización especial»
Aldama no solo entrega números. También ha depositado un portafolios que, según las informaciones publicadas, solo existe en el Palacio de la Moncloa y que usaría para acreditar su cercanía con el entorno del presidente del Gobierno. En su interior había una autorización firmada por Ábalos que nombraba al empresario enlace de España con Venezuela, un aval para actuar en representación del Estado ante el opositor Juan Guaidó.
A eso se añade una visita al recinto presidencial a comienzos de 2021, con reunión incluida con Begoña Gómez para tratar las gestiones del rescate de 475 millones de euros a Air Europa. El vehículo entró autorizado como «visita especial», la variante que evita anotar matrícula e identidad de los ocupantes: en las garitas solo quedó la marca, el modelo y la hora.
¿Por qué un Excel privado no basta como prueba?
Un documento contable sin firma no condena a nadie. Es la primera regla de cualquier sumario. Las anotaciones manuscritas o los cuadros de cálculo privados adquieren valor cuando un peritaje informático acredita su autoría y sus fechas, y cuando el contenido se cruza con movimientos bancarios, grabaciones o testigos. La fecha de creación de un archivo se puede manipular con relativa facilidad, y los metadatos no son un sello infalsificable.
Lo que sí pesa es el resto del material. Los teléfonos pinchados desde 2019, los cinco móviles y el ordenador incautados en el registro de febrero, los 23 terminales requisados en casa de Koldo, los dos pendrive que el exministro reclamó y la grabadora doméstica dibujan un perímetro probatorio bastante más ancho que una hoja de cálculo. La pregunta no es si el Excel basta, sino qué añade a lo que ya había.
La secuencia tiene su lógica interna: se enseña el cuadro, se deja ladrar, y cuando el ruido amaina aparece la grabación. Quien espere un desenlace rápido se equivoca de género. Esto va por entregas, y la primera entrega es una hoja con apodos y una cifra redonda. Ironía fina: después de años de escándalos, seguimos discutiendo si un documento privado vale, mientras los móviles siguen guardando lo que de verdad importa.