En cualquier caso, Freemarket destaca también que debemos tener en cuenta, al mismo tiempo, los efectos de segunda ronda, es decir, "las repercusiones indirectas de una subida de los precios de la energía donde los aumentos de costes se trasladan a los precios finales y salarios, generando una presión sobre el nivel general de precios". En este sentido, se explica que "a diferencia del impacto directo, estos efectos crean una espiral precios-salarios al ajustarse al alza las expectativas y negociaciones salariales".
Por otra parte, el informe también analiza el posible impacto económico del conflicto en Oriente Medio. De acuerdo con Freemarket, existen dos escenarios "optimistas", enfatizando que, fuera de estos dos casos, con un escenario mucho peor, "el impacto sobre la economía española sería absolutamente demoledor". De esta forma, se explica que, en caso de que la guerra acabara pronto, "el crecimiento del PIB estaría lastrado a crecer entre un 0,35% y un 0,48% menos por cada incremento de 10 dólares y 10 euros en el precio del petróleo y del gas, respectivamente, de lo que hubiese crecido en caso de que no hubiese existido el conflicto". Asimismo, si la guerra se prolonga más de seis semanas y el precio del petróleo y el gas se consolida durante todo el año en el incremento registrado en el primer escenario, la consultora prevé que "el shock sobre la economía sería una reducción del crecimiento del PIB de entre un punto y un punto y medio".
¿Qué esconde el decreto de Sánchez?
No obstante, uno de los elementos más importantes del informe es el relativo a las trampas introducidas por Sánchez en su real decreto. Así, según Freemarket, este decreto "es un ejercicio de oportunismo regulatorio que persigue tres objetivos ocultos: sustituir el mercado por el arbitrio, maquillar la desprotección social y privatizar la gestión pública". De hecho, de este modo, el Gobierno estaría liquidando la seguridad jurídica de los promotores energéticos para otorgar al Ministerio el control absoluto sobre quién recibe electricidad y quién no, mientras que entregaría el control de los certificados energéticos a entidades privadas en un movimiento de dudosa ética administrativa.
Asimismo, en relación con los 5.000 millones de euros que Sánchez anunció que movilizaría, Freemarket asegura que se trata, en realidad, de un "espejismo". Así, el informe subraya que "anunciar una movilización de 5.000 millones de euros es una maniobra de prestidigitación presupuestaria", puesto que gran parte de esa cifra no sale de los Presupuestos Generales del Estado, sino que se basa en el sistema de Certificados de Ahorro Energético. Por tanto, el Estado estaría obligando a las comercializadoras a invertir, "coste que acaba repercutido en el recibo de todos los ciudadanos".
Además, también se detalla cómo esta cifra incluye como "movilización de recursos" los impuestos que dejan de percibir (lucro cesante). Así, la consultora defiende que "es falso considerar que "dar" dinero es lo mismo que "no quitar" un extra por una crisis sobrevenida". Con todo, también se explica que este paquete de medidas introduce una "fiscalidad condicionada", porque la medida de flexibilización de contratos de gas y electricidad para empresas supone un "premio a la inactividad" –solo se permite adaptar el caudal contratado sin penalización si la empresa reduce la producción– y un "castigo a la resiliencia" –una industria que quiera invertir para ser más eficiente y mantener su producción a pesar del coste energético no recibe este alivio–.
Pero es que, al mismo tiempo, de acuerdo con Freemarket, también se introduce una "reforma encubierta del sistema eléctrico" que implicaría la implementación de "un modelo de planificación centralizada que altera las reglas del juego". En primer lugar, se sustituye la objetividad por la discrecionalidad administrativa. Asimismo, se "introduce la "prestación patrimonial" (tasa de reserva de capacidad) y mecanismos de control de rentabilidad que actúan como una barrera sistémica".
Además, de acuerdo con la consultora, "el núcleo más lesivo de la reforma es la imposición de una caducidad forzosa masiva de proyectos mediante plazos financieros imposibles", al mismo tiempo que "el intervencionismo se extiende a la operativa industrial y la responsabilidad legal del Estado". Finalmente, la reforma también implica una socialización del coste del almacenamiento de gas. "La regulación del canon cero para el almacenamiento subterráneo se presenta como un alivio operativo para las infraestructuras gasistas", subraya, señalando que "la medida no garantiza una rebaja para el consumidor, sino que traslada los costes de mantenimiento del sistema a los presupuestos públicos mientras se mantiene la presión regulatoria sobre el sector".
Con todo, Freemarket también defiende que un paquete de medidas de estas características deberían haber incluido la deflactación de la tarifa del IRPF "para evitar que el Estado se lucre con la inflación energética de los ciudadanos", así como un "IVA reducido estructural", lo que "daría seguridad jurídica y estabilidad de precios a largo plazo". Del mismo modo, se plantea la suspensión del Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) y una deducción del 30% por inversiones en sustitución de procesos fósiles por eléctricos, sin necesidad de demostrar "caída de producción".