El petróleo caro no prueba el agotamiento: la variable Ormuz
Hay un producto que ha convertido el precio de la energía en un examen diario: el gasóleo. No la gasolina, sino el hidrocarburo que mueve camiones, tractores y buena parte del transporte pesado. Sobre él se ha montado la enésima entrega de una discusión que este país lleva escuchando desde antes de que existiera internet: la tesis de que el petróleo se acaba y que, con él, se apaga el capitalismo. Antonio Turiel, físico y divulgador, sostiene el argumento. Y recibe la misma respuesta que lleva recibiendo dos décadas: que un barril a 50 dólares hace unos meses —con exceso de oferta— no encaja con un mundo que se queda sin crudo.
Dos décadas de profecías incumplidas
Los críticos de Turiel no discuten su formación: discuten su historial. Le sitúan anunciando el fin del petróleo desde los años 2000, con artículos en su blog, The Oil Crash, en los que sostenía que el crudo se iba a la estratosfera y que eso obligaría a subir los tipos de interés. Justo ocurrió lo contrario. La objeción más repetida es de manual: un meteorólogo que falla el 100% de sus predicciones durante décadas acaba perdiendo el crédito, o debería. También hay quien defiende que el asunto no es la persona sino la tendencia: si la producción se estanca, los conflictos se multiplican y el diésel se encarece, la pregunta ya no es si Turiel acierta, sino si el diagnóstico importa más que el plazo.
¿Por qué está caro el barril si hace meses sobraba crudo?
Porque el suministro se ha tensado por la vía política, no por la geológica. El estrecho de Ormuz está cerrado y eso estrangula la salida de crudo de la región. A eso se suma el golpe al refino ruso: los ataques a sus instalaciones han recortado su capacidad de transformar crudo y le han obligado a reservar el gasóleo para consumo interno, con lo que ha dejado de exportar un producto crítico a nivel mundial. En contra de este relato pesa un dato incómodo: hace unos meses sobraba petróleo. Si el problema fuera el agotamiento, el exceso no habría existido. La contralectura sostiene lo inverso: Ormuz está cerrado precisamente porque ya no queda crudo de calidad y fácil de extraer.
El diésel es el producto que duele
El gasóleo es la variable que más se tensiona porque su uso no es discrecional: industria, agricultura y transporte pesado dependen de él. La gasolina se puede sustituir con más facilidad. Por eso los episodios de precios altos se notan primero aquí, y por eso un cierre de las exportaciones rusas de gasóleo mueve el mercado mundial más que un recorte de crudo. El encarecimiento llega a la cesta de la compra por la puerta de atrás, en cada alimento que ha viajado en camión.
El capitalismo no nació en un pozo de petróleo
Buena parte de la discusión parte de una premisa discutible: que el sistema económico actual necesita el crudo para existir. El capitalismo es anterior al motor de combustión —se desarrolló cuando a nadie se le había ocurrido quemar hidrocarburos— y las economías de planificación central también consumían energía a espuertas. Otra línea de análisis apunta al mecanismo de precios: si un recurso escasea, se encarece hasta que su alternativa es rentable, y entonces deja de usarse antes de agotarse. Es la misma lógica que convirtió el carbón en pieza de museo sin que se acabara.
Electrificar el parque móvil: el único punto con acuerdo
La conclusión más compartida es que la dependencia energética europea sobra. La propuesta que más circula es reducir el consumo de combustibles fósiles hasta una cuarta parte del actual, con electrificación masiva y menos viajes largos en coche por ocio. Los obstáculos que se señalan no son tecnológicos sino físicos: en España la mayoría vive en pisos y los coches duermen en la calle, lo que complica la recarga nocturna. El Reino Unido pasó por esa transición antes y la resolvió con baterías y volantes de inercia en la red; España las tiene en construcción. Lo que no admite debate es el calendario: una nuclear no se levanta en dos días.
Y aquí llega el dato que descoloca. Medido en dinero ajustado por inflación, el petróleo no está hoy más caro que a comienzos de los ochenta. Si el crudo se estuviera agotando de verdad, los mercados llevarían años cobrándolo. No lo hacen. O eso, o hay un fallo de mercado que dura cuatro décadas.