Turiel vuelve a anunciar el fin del petróleo y del capitalismo
Antonio Turiel ha vuelto a anunciar que se acaba el petróleo y, con él, el capitalismo. Es 2026, y el escenario le sirve de munición: el estrecho de Ormuz está cerrado, hay quien sostiene que Estados Unidos redobla su interés por el crudo de Venezuela, Irán y Groenlandia, y el barril ha dejado atrás la calma que lo llevó a 50 dólares hace unos meses. La tesis es antigua: el cenit del petróleo no es una profecía, es una meseta de producción que ya habría empezado. Y sin energía barata, sostiene, no hay crecimiento que aguante el edificio.
¿Se está acabando el petróleo o se ha cerrado Ormuz?
Aquí empieza la grieta. Un corte de suministro por el cierre de Ormuz encarece el crudo aunque las reservas sigan intactas: es una interrupción del flujo, no un agotamiento del recurso. Quien defiende esa lectura recuerda que hace unos meses sobraba petróleo y el barril rondaba los 50 dólares. Quien sostiene lo contrario responde que el detalle no importa: si la producción no crece cada año, el resultado es estancamiento, luego recesión y, por el camino, guerras por la escasez. La primera lección del peak oil, dicen, no es que se acabe la última gota, sino que la producción deje de subir.
La predicción que lleva fallando desde 2000
El flanco más débil de Turiel no es teórico, es cronológico. Sus anuncios del fin del petróleo se acumulan desde comienzos de siglo, y, según el recuerdo de un participante, un artículo suyo de 2014 anticipaba un crudo disparado y subidas de tipos de interés; ocurrió justo lo contrario. La comparación que más circula es cruel: nadie seguiría a un meteorólogo que falla el 100% de sus pronósticos durante décadas. Hay quien recuerda que, ajustado por inflación, el petróleo se paga hoy a un precio similar al de 1980.
El capitalismo nació antes que el motor de combustión
La otra línea de fuego no discute la energía, discute la etiqueta. La propiedad privada, el trabajo asalariado y el mercado de capitales existen desde mucho antes de que el petróleo moviera nada: hay registros de compraventa de tierras en Mesopotamia y un capitalismo financiero plenamente operativo en 1910, cuando el mundo funcionaba con carbón, vapor y animales. El petróleo tampoco tiene el monopolio de la productividad: quien defiende el sistema sostiene que multiplica el valor en lugar de repartir una tarta fija, y que ningún recurso natural finito implica necesidades humanas finitas. La contrarréplica es que sin crédito barato no hay capitalismo financiero que sobreviva.
Baterías, precios hundidos y una transición que avanza
Mientras se discute el fin del mundo, el mercado eléctrico ya da señales raras. El precio del pool se derrumba en las horas centrales del día y las baterías aprovechan el diferencial para vender de noche, cuando el gas dispara la factura. Es el patrón que ya se vio en Australia. La transición va lenta, pero no está parada, y ese matiz incomoda a los dos bandos. Al final, la factura llega antes que el diagnóstico.
Con Ormuz cerrado sería fácil darle la razón a Turiel. El detalle incómodo: hay quien sostiene que el barril ajustado por inflación se paga hoy al mismo precio que en 1980. La profecía sigue viva. Y la factura de la luz, también.