Antonio Maestre denuncia amenazas tras el microfonazo a Vito Quiles
El periodista Antonio Maestre ha denunciado públicamente haber recibido amenazas tras el altercado con Vito Quiles, en el que le propinó un microfonazo. En un mensaje difundido en redes, Maestre aseguró que empezó a recibir audios intimidatorios después de que Javier Negre, director de EDATV, pidiera a sus seguidores que le acosaran por la calle. La discusión, lejos de cerrarse, ha reabierto el debate sobre la violencia política y el doble rasero a la hora de ejercerla.
El origen: un microfonazo y una petición de acoso
Todo arranca con el encontronazo entre Maestre y Quiles, del que el propio periodista se jactó en un artículo titulado «Antonio Maestre, tu microfonazo a Vito Quiles nos señala el camino», donde defendía que a veces hay que anteponer el bíceps a la retórica. Poco después, según su relato, Negre escribió en la red X: «Si le ven por la calle le dan…». A partir de ahí, Maestre dice haber recibido una catarata de audios amenazantes. «No sé las veces que llevo advirtiendo de las consecuencias de que estos tipos ejerzan el escuadrismo con impunidad», escribió.
La reacción en el debate ha sido mayoritariamente hostil hacia el periodista. Una corriente sostiene que Maestre, que presumía de «micrófono de periodista incómodo», no puede ahora victimizarse cuando recibe la réplica. «Vas de matón ante un chaval pero lloras cual nenaza en redes por unas amenazas», resume uno de los mensajes más repetidos. Otros recuerdan que él mismo defendió el «jarabe democrático» en el pasado y ahora se queja de recibirlo.
El doble rasero como argumento central
El eje del debate no es tanto si Maestre recibe amenazas —algo que el propio afectado denuncia— como la coherencia de su posición. Varios mensajes subrayan que el periodista justificó la violencia contra adversarios políticos cuando le convenía y ahora la rechaza al sentirla en su propia piel. «El jarabe democrático solo les gusta cuando son ellos quienes lo dan», apunta una intervención. La idea de que «el miedo cambia de bando» se repite con sorna.
Hay también quien va más allá y sostiene que Maestre se ha dedicado a provocar durante años. Se mencionan fotos en las que aparece haciendo peinetas a quienes le fotografían y respuestas agresivas a ciudadanos que le increpan. «Ya se han visto varias fotos de fanegas Maestre haciendo peinetas a gente que le fotografía por la calle», afirma un mensaje. La acusación de que él es el violento y los demás las víctimas recorre buena parte de las respuestas.
De la burla a la amenaza explícita
La conversación no se queda en la ironía. Algunos mensajes cruzan la línea y desean abiertamente que Maestre reciba una paliza. «Espero que le pongan la cara como un mapa y tenga que ir con el ojo morao a despotricar a la sexta», escribe un participante. Otro apunta que «ya queda menos para que te den el plomo que debieron darle a tu abuelo». Son mensajes minoritarios pero presentes, y reflejan hasta qué punto el clima se ha enconado.
En el lado opuesto, una corriente más reducida defiende que denunciar amenazas no es incompatible con haber cometido errores. Se recuerda que Maestre ha contado haber recibido una carta con balas y haber perdido contratos por presiones. «Me han cancelado contratos, he recibido una carta con balas», relató en una intervención televisiva. Ferreras, según el material, le habría reprochado haberse equivocado al lanzar el micro.
El contexto: una escalada que no cesa
El episodio se enmarca en una guerra abierta entre medios y figuras mediáticas de uno y otro signo. La mención a EDATV, a Negre y a Quiles sitúa el conflicto en el terreno de los medios alternativos y la confrontación callejera. Algunos mensajes comparan la situación con la de los años treinta, con referencias a la quema de iglesias y a la violencia política de la Segunda República. «Los rojos ya se sabe, puño de hierro mandíbula de cristal, lo mismo en 1936», escribe un participante.
La discusión deriva también hacia la supuesta cobardía del periodista. «El día que alguien le suelte un buen puñetazo y se pire abriré una botella de champán», dice un mensaje. La burla se mezcla con la amenaza y con la reivindicación de la violencia como respuesta. El tono general es de celebración de que Maestre esté pasando miedo.
Lo que queda por resolver
Más allá del ruido, el asunto plantea una pregunta incómoda: ¿dónde está el límite entre la crítica y el acoso? Maestre ha denunciado amenazas concretas, incluida una carta con balas. Sus detractores sostienen que él mismo ha alimentado ese clima. Ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder, y el enfrentamiento sigue abierto.
Lo que sí queda claro es que el microfonazo a Vito Quiles no fue el final de nada. Fue el principio de una escalada en la que cada golpe encuentra su réplica y cada réplica, su justificación. El miedo, como dicen en el debate, ha cambiado de bando. O quizá siempre estuvo en ambos.