Santoalla: el crimen del monte comunal que acabó en un disparo
¿Qué pasa cuando una pareja extranjera compra una casa en una aldea gallega en vías de extinción y descubre que el monte comunal que creía suyo está en manos de un solo vecino? En Santoalla, un documental de 2016, y en la película As Bestas, que se inspira en el caso, la respuesta es un conflicto de años que termina con un disparo. La historia real ocurrió en una aldea de
Galicia donde una pareja de origen holandés se instaló en una casa rodeada de abandono y donde el único vecino con derechos sobre el monte comunal no estaba dispuesto a compartir nada.
El monte comunal: la institución que casi nadie entiende
El monte comunal en Galicia se rige por un derecho consuetudinario que hunde sus raíces en tradiciones germánicas: la propiedad es colectiva e indivisible, y las decisiones se toman en asamblea. No se puede reclamar una parte concreta de los árboles o del terreno. Quien compra una casa en una aldea con monte comunal no adquiere automáticamente derechos sobre ese monte, pero si se avecina y cumple los requisitos, puede acabar formando parte de la comunidad. Ese es el punto de fricción que desató el conflicto.
En el caso de Santoalla, el único vecino que quedaba en la aldea había ido absorbiendo los derechos de los que se marchaban. Cuando llegó la pareja holandesa, el reparto de los ingresos por la explotación forestal —principalmente eucalipto— cambió. Lo que antes era para uno, pasó a ser para dos. La película As Bestas cambia algunos detalles: en la ficción, el conflicto gira en torno a unos molinos de viento, pero en la realidad, según varios relatos, el holandés era quien sugería instalar aerogeneradores y los vecinos se negaban.
La versión oficial y la letra pequeña
El documental Santoalla, de 2016, recoge testimonios y vídeos caseros del propio protagonista. En él, la viuda reconoce que su marido iba un poco por libre y que no hizo lo suficiente por integrarse. La película As Bestas, multipremiada, ofrece una versión más maniquea: los recién llegados son los buenos y los vecinos, una familia descrita como violenta y cerrada, los malos. Esa simplificación ha sido criticada por quienes conocen el caso real.
Hay quien sostiene que el conflicto no fue solo económico: también hubo una disputa por el uso del monte, por el pastoreo y por la gestión de los recursos. La pareja holandesa quería ejercer derechos que creía suyos, pero la comunidad no se los reconocía. La tensión fue escalando: amenazas, envenenamiento de cultivos, matanza de animales. Nada de eso se resolvió por vía legal.
El desenlace y la reacción del pueblo
El holandés desapareció. Su cuerpo no se encontró hasta años después, de forma casual, durante unas labores de búsqueda relacionadas con la memoria histórica. El único vecino fue condenado por el asesinato. La película As Bestas recrea ese clima asfixiante, pero se toma licencias que, según algunos análisis, distorsionan la realidad para favorecer un relato urbano y progresista frente al mundo rural.
La historia ha sido leída como un ejemplo de los problemas de convivencia en la España vaciada, pero también como una advertencia sobre la idealización del medio rural. No todo es comunidad y apoyo mutuo: a veces, el aislamiento y la falta de control social generan dinámicas de poder muy difíciles de romper.
Al final, la pregunta no es quién disparó, sino por qué nadie fue capaz de verlo venir. O quizá sí lo vieron y miraron para otro lado.