Andalucía, capital del teletrabajo: 23.469€ por un desarrollador
En 2021, con la pandemia todavía marcando la agenda y los fondos Next Generation recién aterrizando, la Junta de Andalucía puso cifras a su relato tecnológico:
500.000 empresas, 8.000.000 de consumidores potenciales, diez puertos y un centro de innovación de la filial de IBM en Sevilla. Juanma Moreno resumió el objetivo: hacer de la comunidad «una de las regiones europeas más importantes en polos de atracción de innovación y desarrollo tecnológico». La etiqueta que se le colgó, con sorna, fue otra: Silicon Valley. El problema no fue el anuncio. Fue todo lo demás.
El anuncio que puso la etiqueta: Viewnext, IBM y Sevilla
Viewnext, filial del grupo IBM, inauguró en Sevilla un centro de innovación con Horacio Morell Gálvez, presidente de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel, y el director general de la compañía, Jorge Jiménez Molina, en la foto oficial. El Ejecutivo andaluz añadió su catálogo digital: la app
Carpeta Ciudadana superaba los 1.100.000 accesos de más de 400.000 usuarios distintos, y la Junta anunciaba la licitación de robots para tramitar expedientes por unos
11 millones de euros entre 2022 y 2026, con el fin de agilizar al menos 50 procedimientos administrativos. También se proclamó que Andalucía se había convertido en la comunidad a la que más gente llegó a teletrabajar durante la pandemia.
Todo eso ocurrió y todo eso se contó. La pregunta incómoda llegó después: ¿cuánto hay de polo tecnológico y cuánto de
publirreportaje sufragado con dinero público?
¿Cuánto cobra un desarrollador de software en Andalucía?
La respuesta rompe el símil. El salario medio anual bruto de un desarrollador de software en Andalucía se sitúa en
23.469 euros, frente a los 38.098 de Francia, los 49.698 de Alemania o las 46.754 libras de Inglaterra. La comparativa completa, con el equivalente neto mensual —unos
1.544 euros aquí frente a unos 3.600 en el caso británico—, no deja margen a la épica: el diferencial ronda el doble.
Con esas cifras sobre la mesa, hay quien descarta el símil de Silicon Valley y rebautiza la comunidad como el
Bangalore europeo de la informática: mucha consultora, mucho back office y sueldos de menos de la mitad. Las «cárnicas» —así se las llama en el sector— fijan sede en Málaga precisamente porque su coste horario, lo que facturan al cliente por el profesional, es más barato.
Málaga contra Sevilla: dónde está de verdad el negocio tecnológico
La geografía del supuesto milagro también se discute. El tirón tecnológico se concentra en
Málaga, convertida en destino de bajo coste para empresas que buscan calidad de vida y nóminas contenidas.
Sevilla, en cambio, mantiene el mayor polígono industrial y las mayores empresas de la región, además de ser mejor terreno para la energía solar junto a Huelva, Córdoba y Granada. La vara de medir habitual es el
22@ barcelonés, con más de 300 firmas —Amazon, Google, Oracle, VMware, Glovo— y Apple instalada para su proyecto Siri. Comparado con eso, Andalucía aparece en la pantalla, pero en la esquina.
Sobre el teletrabajo hay una lectura que no gusta nada: la España cálida como excusa perfecta para pagar un 20%, un 30% o un 40% menos por el mismo trabajo que en Londres, Ámsterdam o Múnich. El sol y la gastronomía entran en el paquete salarial, y no precisamente a favor del empleado.
El paro del 22,5% que ninguna inversión mueve
La tasa de paro andaluza se queda en el
22,5% oficial, y las estimaciones más duras la elevan al
32%, con el BCE admitiendo que la tasa europea real ronda el 18%. Con esos números, cualquier relato de despegue choca contra un problema de escala: atraer centros de innovación no compensa la falta de
industria. La comparación histórica que se puso encima de la mesa apunta igual: en 1998 el PIB per cápita murciano era el
114% del andaluz; en 2018, el 110%. Ni veinte años de gobiernos del PP en Murcia ni cuatro décadas de PSOE en Andalucía explican esa brecha por sí solos.
El talento que no vuelve
Para muchos perfiles técnicos andaluces que trabajan fuera, el problema no es la oferta: es la memoria. La experiencia acumulada —en ningún sitio tantas horas por tan poco dinero, jefes que parecen perdonar la vida con cada contrato— pesa más que cualquier reclutador de LinkedIn. Cuando alguien que ha trabajado durante años en varios países asegura que no ha trabajado tan duro ni por tan poco como en su tierra, la etiqueta de polo tecnológico se queda coja. Mientras eso no cambie, el talento seguirá exportándose.
Cuarenta años de PSOE y dos y medio de PP
El marco político lo condiciona todo. Para una parte del análisis, la comunidad arrastra tal lastre tras casi cuatro décadas de gobiernos socialistas que
bastaría con no hacerlo mal para parecer un éxito. Para otra, no ha cambiado nada: mismos contratos, mismos círculos, misma administración de clubes y seminarios. La anécdota que se cita como recordatorio es la de un municipio sevillano de gestión asamblearia, subvencionado hasta el último detalle, que según esa lectura terminó en enfrentamientos internos y ruina.
El nudo que nadie desata
Con 23.469 euros de sueldo medio para un perfil técnico y un paro del 22,5%, el sello Silicon Valley se sostiene mal. Y sin embargo algo se mueve: empresas que llegan, centros que abren, una administración que presume de robots. Lo que sigue sin respuesta es si eso es el arranque de una economía distinta o una capa de barniz sobre el mismo modelo de siempre: turismo, ladrillo y trabajo barato.