Alvise y el CNI: la teoría del topo que divide a la derecha
Hay una paradoja que recorre el debate sobre Alvise Pérez desde que anunció su salto a la política institucional: el hombre que dice estar censurado aparece en todos los periódicos. El que denuncia cloacas navega en ellas. Y el que promete meter en la cárcel a ministros del PSOE lleva años sin lograr que ninguno pise prisión. Esa contradicción, más que cualquier programa electoral, es la que alimenta la sospecha de que su candidatura no es lo que parece.
La tesis que gana peso es incómoda: Alvise sería un
topo del CNI, un caballo de Troya diseñado para dividir el voto de la derecha en las próximas elecciones generales. La lógica es simple. En las europeas, con circunscripción única, un partido pequeño puede rascar un escaño sin dañar a nadie. En las generales, la dispersión del voto castiga a Vox y, por elevación, beneficia al PSOE. Si Alvise se presenta a las generales, sostiene esta corriente, no busca escaño: busca sangrar a la derecha.
¿Por qué se sospecha que Alvise es un topo del CNI?
El argumento central es de pura aritmética electoral. En las generales, el voto de la derecha se reparte por circunscripciones provinciales, donde cada escaño cuesta más. Un partido que en las europeas saca un eurodiputado con relativa facilidad puede quedarse sin representación en el Congreso y, de paso, restar votos a Vox en provincias donde la diferencia entre bloques se mide en miles de papeletas. El resultado, según este análisis, sería una hipotética coalición PP-Vox debilitada o directamente imposible.
La segunda pata de la sospecha es el timing. Alvise lleva cinco años o más amenazando con encarcelar a corruptos de uno y otro signo. A día de hoy, ninguno ha entrado en prisión por sus revelaciones. Sus vídeos muestran a cargos menores, a concejales de pueblo, a peones y caballos, nunca a un alfil. Quien esperaba ver a un ministro socialista entre rejas gracias a sus filtraciones sigue esperando. Eso, para los escépticos, no es un fracaso: es una función. Mantener la amenaza sin ejecutarla es más útil para el sistema que cumplirla.
Hay un tercer elemento que refuerza la teoría: la estética. Se ha señalado el parecido entre el estilo de Alvise y ciertos perfiles de operaciones de infiltración. La comparación con los agentes federales que se camuflan en manifestaciones y se delatan por su aspecto —ropa ajustada, barba cuidada, aire de haber salido de un desfile— circula como analogía. No prueba nada, pero encaja con la intuición de que hay algo fabricado en el personaje.
El contraargumento: si saca mierda, da igual quién le pague
No todos compran la teoría. Una parte del análisis sostiene que el origen de la financiación o la identidad de los pagadores es secundario. Lo relevante es el resultado: Alvise ha publicado información que otros no han tocado, ha puesto el foco en casos que la prensa tradicional ignoraba y ha forzado dimisiones que de otro modo no se habrían producido. Si eso es ser un topo, que vengan más.
Desde esta óptica, la discusión sobre el CNI es una cortina de humo. Se discute quién paga en lugar de qué se publica. Y mientras se discute, los casos siguen ahí. La utilidad de Alvise no depende de su carné, sino de su capacidad para incomodar a los que están cómodos.
El problema de este argumento es que no responde a la pregunta clave: ¿por qué presentarse a las generales? Si el objetivo es sacar trapos sucios, el escaño no hace falta. Si el objetivo es el aforamiento para protegerse, ya lo tendría con el eurodiputado. Presentarse a las generales, donde no va a sacar nada por la dispersión del voto y donde sí puede restar, es lo que no cuadra. Ahí es donde la teoría del topo encuentra su mejor munición.
La división del voto como estrategia clásica
Dividir el voto es una estrategia vieja. Dividir manifestaciones, también. La sospecha de que Alvise forma parte de una operación de disidencia controlada no es nueva en la política española: cada vez que surge un movimiento incómodo para el sistema, aparece la pregunta de si es auténtico o fabricado. La novedad es que ahora esa pregunta se aplica a un candidato que dice luchar contra el sistema desde dentro del sistema.
El episodio de la convocatoria fallida añade leña. Alvise y Desokupa convocaron una protesta, caldearon el ambiente durante días y luego se retiraron a cenar, dejando a los asistentes frente a los antidisturbios. Para algunos, eso es una prueba de que el personaje es una construcción: se calienta la calle y se abandona cuando la cosa se pone seria. Para otros, es simplemente incompetencia o cobardía, no conspiración.
La línea que separa al topo del tonto útil es difusa. Un topo sabe lo que hace. Un tonto útil cree que hace una cosa y hace otra. En ambos casos, el resultado es el mismo: dividir el voto de la derecha y beneficiar al PSOE. La diferencia está en la intención, y la intención no se puede probar. Solo se puede inferir.
¿Qué pasa si Alvise saca escaño en las generales?
Si Alvise consigue escaño en las generales, el escenario que se abre es el de una derecha fragmentada. Vox perdería votos en provincias clave, el PP tendría más difícil sumar y el PSOE podría repetir en el gobierno con menos esfuerzo. Eso, para los que sostienen la teoría del topo, sería la confirmación de que todo estaba diseñado. Para los que no, sería simplemente el resultado de un sistema electoral que castiga la dispersión.
La pregunta que queda en el aire es si Alvise es un instrumento o un accidente. Si es un instrumento, alguien está moviendo los hilos. Si es un accidente, el sistema tiene un problema: un solo hombre con un teléfono puede desestabilizar un bloque entero. En ambos casos, la derecha tiene un problema. Y el PSOE, una oportunidad.
Datos clave
- Alvise lleva cinco años o más amenazando con encarcelar a corruptos y ninguno ha entrado en prisión por sus revelaciones.
- En las europeas, la circunscripción única permite a un partido pequeño rascar un escaño.
- En las generales, la dispersión del voto castiga a los partidos pequeños y resta votos a Vox.
- VOX tiene dos o tres consejeros en algunas CCAA gobernadas por el PP, frente a ocho del PP.
- El episodio de la convocatoria fallida: Alvise y Desokupa convocaron una protesta y se retiraron a cenar.