Los 350€ diarios de dieta que los eurodiputados cobran sin tributar
Un tuit de Alvise Pérez ha vuelto a poner el foco sobre una de las partidas más opacas del Parlamento Europeo: la dieta de
350 euros al día que los eurodiputados perciben para cubrir alojamiento y manutención durante las sesiones en Bruselas o Estrasburgo. La cifra, que no tributa, se abona solo por firmar el registro de asistencia y exige votar para cobrarla íntegra. La reacción institucional, según la denuncia, ha sido prohibir las grabaciones en los pasillos de acceso, lo que ha encendido aún más el debate sobre la transparencia de la institución.
Qué son exactamente las dietas de 350 euros al día
No es dinero negro en sentido estricto: es una asignación a tanto alzado regulada, exenta de IRPF por su naturaleza de gastos de viaje, como ocurre con las dietas de diputados y senadores en España. El reglamento europeo establece que los eurodiputados
deben firmar un registro de presencia para cobrarla y que, si faltan a más de la mitad de las votaciones nominales de una sesión plenaria, el importe se reduce a
175 euros diarios. La dieta no cubre fines de semana ni días sin sesión.
La polémica no es nueva. Hace más de una década se documentaron casos de eurodiputados que volaban a Bruselas en business, cobraban la dieta y regresaban a España sin quedarse a la sesión. Lo que ha cambiado ahora es el altavoz: un eurodiputado que denuncia el sistema desde dentro y que, además, sortea su propio sueldo.
El cálculo que indigna: 350 euros por firmar y votar
La cuantía diaria, sumada a un calendario de sesiones que ronda los veinte días al mes, arroja un complemento mensual que puede superar los
4.900 euros, siempre según los cálculos que manejan los críticos con el sistema. A eso se añade el salario base de eurodiputado y otras asignaciones. La comparación con el régimen español es inevitable: los diputados nacionales cobran dietas que tampoco tributan, con complementos que superan los
2.000 euros para quienes tienen residencia fuera de Madrid.
Hay quien sostiene que el problema no es la cuantía, sino el incentivo perverso: en la empresa privada, faltar al trabajo se castiga; en la política institucional, se premia la asistencia con un sobresueldo. El resultado, argumentan, es que el sueldo base se convierte de facto en el salario por no ir, y la dieta en el premio por aparecer.
La prohibición de grabar en los pasillos: qué hay detrás
La medida que más ha llamado la atención es la decisión del Parlamento Europeo de prohibir las grabaciones en los pasillos de acceso, según la denuncia difundida en redes. Para unos, es una reacción defensiva ante la fiscalización; para otros, una simple norma de seguridad institucional. El caso es que la institución que legisla sobre transparencia para los demás se ha blindado contra las cámaras en sus propias dependencias.
La paradoja no pasa desapercibida: mientras se exige trazabilidad a empresas y ciudadanos, el registro de asistencia y el cobro de dietas se gestiona con un formulario firmado. No hay cámara que lo grabe. Y ahora, tampoco en el pasillo.
El contexto español: dietas que no tributan y sueldos opacos
La Ley 35/2006 del IRPF establece en su artículo 17.2 b) que las cantidades abonadas por razón del cargo a diputados españoles en el Parlamento Europeo, diputados y senadores de las Cortes, miembros de asambleas legislativas autonómicas, concejales y miembros de diputaciones tienen consideración de rendimientos del trabajo. Es decir, no son dinero negro: son rendimientos exentos por su naturaleza de gastos de representación y viaje.
Esa distinción técnica no calma los ánimos. La percepción ciudadana es que existe una casta política que se autoasigna complementos opacos mientras predica austeridad. Y cada vez que se destapa un caso, la desafección sube un peldaño más.
Qué se sabe y qué no de la denuncia de Alvise
El tuit de Alvise Pérez denuncia los 350 euros diarios sin impuestos y la prohibición de grabar, pero no aporta documentación adicional más allá de la propia denuncia pública. No hay auditoría independiente que confirme el circuito del dinero ni el número exacto de eurodiputados que cobran la dieta completa. Tampoco hay una investigación judicial abierta por estos hechos.
Lo que sí es verificable es el reglamento del Parlamento Europeo: las dietas existen, no tributan y se cobran por firmar y votar. El debate, por tanto, no es sobre si el mecanismo existe, sino sobre si es legítimo que exista sin control ciudadano efectivo.
La conversación se atasca en el mismo punto de siempre: unos exigen eliminar el complemento y dejar solo el salario base; otros recuerdan que Bruselas es cara y que sin dieta muchos no podrían costearse dos residencias. Mientras tanto, el pasillo sigue sin cámaras.