El fósil de Atapuerca que reabre la guerra fría del altruismo
¿Qué llevó a un grupo de humanos prehistóricos a cuidar de un anciano incapacitado durante años? Un fósil de Atapuerca, con más de 500.000 años de antigüedad, muestra a un hombre con graves lesiones de espalda que le impedían cazar. Su supervivencia prolongada solo se explica por el altruismo de su clan. El hallazgo, publicado por El País en octubre de 2010, no solo reescribe la historia social del paleolítico, sino que ha reavivado un debate ideológico de primera magnitud.
Altruismo natural o egoísmo disfrazado
El descubrimiento de Atapuerca enfrenta dos corrientes. Una sostiene que la cooperación es una adaptación biológica clave para la supervivencia del grupo: la hormiga, que representa hasta el 25% de la biomasa terrestre, es el ejemplo máximo. La otra corriente defiende que el altruismo no existe como tal, sino que es egoísmo encubierto o una imposición. El cuidado del anciano pudo deberse a su estatus de chamán o a supersticiones, no a generosidad desinteresada.
La trinchera ideológica del paleolítico
El debate trasciende la ciencia. Mientras unos ven en este fósil la prueba de que la cooperación es inherente al ser humano y el capitalismo una involución, otros lo utilizan para criticar el «altruismo obligado» del socialismo frente al «altruismo voluntario» del anarcocapitalismo. La discusión refleja la tensión entre solidaridad forzada por el Estado y libertad individual, con la Doctrina Social de la Iglesia como tercer actor.
El anciano de Atapuerca no pedía votos ni impuestos. Pero medio millón de años después, su esqueleto sigue siendo un campo de batalla.
Debates relacionados en el foro