Europa y China: la alianza que reordena el tablero global
La tesis circula con fuerza en los círculos que siguen la geopolítica sin filtros: Europa y China son los dos grandes bloques que han construido civilización, mientras que Estados Unidos y Rusia operan como imperios que la destruyen. El planteamiento, defendido con vehemencia en un análisis que acumula 125 respuestas, sostiene que una asociación estratégica entre Bruselas y Pekín neutralizaría por completo a Washington y Moscú. La idea no es nueva, pero el contexto la ha vuelto incómodamente oportuna.
El argumento de los dos bloques civilizatorios
El núcleo del análisis parte de una premisa histórica: Europa y China «siempre han sido los 2 creadores de la civilización», mientras que Estados Unidos y Rusia se han dedicado a fragmentar el continente europeo. El repaso que hace el autor del mensaje inicial es minucioso: las independencias americanas del siglo XIX, la guerra de Cuba y Filipinas, las dos guerras mundiales, la ocupación de 1945 y el reparto de África y Asia. Todo ello, sostiene, con un objetivo común: destruir la influencia europea.
La conclusión que extrae es directa: «Tenemos ENEMIGO COMUN». Y añade que China «jamás le ha hecho nada a Europa, ni ha tenido jamás intención de putear a Europa». El razonamiento, discutible en sus generalizaciones, conecta con una corriente de análisis que lleva años ganando terreno en Bruselas: la idea de que la dependencia de la OTAN y del paraguas estadounidense ha convertido a Europa en un actor subordinado.
El papel de Rusia y la ruptura con Moscú
La propuesta genera una fractura inmediata. Una parte de los análisis sostiene que Rusia y China son aliados y que pretender que Pekín rompa con Moscú para acercarse a Europa es un error de cálculo. «¿Quieres que China rompa con Rusia para aliarse con la puta de los narigudos?», resume una de las respuestas más votadas. La crítica apunta a que China necesita a Rusia para acceder a materias primas y para sus rutas terrestres hacia Europa.
Otros análisis matizan: China no tiene una mala relación con Europa. El proyecto de la Nueva Ruta de la Seda apunta precisamente a conectar ambos bloques. El problema, señalan, es que Estados Unidos ha intentado sistemáticamente desconectar a Rusia de China, y los británicos han hecho lo posible por evitar un entendimiento entre Rusia y Alemania. La historia de las alianzas europeas, vista así, es la historia de cómo se han bloqueado las combinaciones que podrían haber equilibrado el continente.
El reparto de Asia Central y el Extremo Oriente
El análisis va más allá de la alianza comercial. Propone un reparto territorial explícito: que China recupere el valle del Indo, Bengala y los microestados himalayos, y que devuelva Baluquistán a Persia. «El extremo oriente soviético es tierra asiática, que le robó sus zonas de influencia a China, Corea y Japón», argumenta. La idea de fondo es que todos los actores tienen territorios pendientes de recuperar y que una pinza Europa-China permitiría hacerlo.
La propuesta incluye también una dimensión de Oriente Medio: construir una «Arabia unificada fuerte, una Mesopotamia unificada fuerte y una Persia unificada fuerte» como socios comerciales y políticos. El argumento es que, tratados como socios en lugar de como enemigos, estos países dejarían de emitir emigrantes y se convertirían en polos de estabilidad. Es una tesis que invierte la lógica de la política exterior europea de las últimas décadas.
Las críticas internas y el escepticismo
No todo el análisis es recibido con entusiasmo. Una corriente escéptica señala que los chinos «son peores que los judíos» —afirmación que no se sostiene con datos— y que la alianza con Pekín es una ingenuidad. Otra apunta a que el verdadero problema es la inmigración y que la prioridad debería ser controlar las fronteras y recuperar la natalidad europea, no buscar aliados lejanos.
Hay quien sostiene que la invasión viene del sur y que la eligen libremente los gobiernos europeos. Y quien recuerda que Rusia no va a invadir Europa, que el único daño de Estados Unidos ha sido decirnos que si queremos guerra con Rusia la paguemos nosotros. El consenso, si existe, es que Europa pinta poco y está gobernada por élites que no defienden sus intereses.
El contexto: aranceles, Groenlandia y Ucrania
El análisis se enmarca en un momento de tensión comercial. La amenaza de aranceles estadounidenses contra los países europeos por el IVA ha reavivado el debate sobre la dependencia económica. «Hay que ser recíproco y prohibir en suelo europeo sus empresas saqueadoras y espías», propone una de las respuestas. La lista incluye Facebook, Amazon, Google y Tesla.
La guerra de Ucrania, las ambiciones sobre Groenlandia y el reparto de la posguerra sin consultar a Bruselas han convencido a muchos de que la máscara ha caído. La pregunta que sobrevuela el análisis es si Europa tiene la voluntad política de buscar socios alternativos o si seguirá subordinada a Washington. Con los datos disponibles, la respuesta no está escrita.
¿Tiene Europa margen real para pivotar hacia China sin romper con Estados Unidos?