Filipinas declara la emergencia energética y Asia empieza a racionar
Filipinas ha declarado el estado de emergencia energética nacional. Vietnam Airlines suspende vuelos domésticos por falta de queroseno y Corea del Sur pide duchas más cortas y restricciones al coche. Son los tres síntomas que ha dejado sobre la mesa el arranque de esta discusión, y ninguno es una proyección a diez años: son medidas anunciadas. El detonante que se cita es el conflicto en Oriente Medio y su impacto sobre el suministro de crudo y el precio de los carburantes. La pregunta que sobrevuela todo el análisis es incómoda: ¿es esto un bache logístico o el primer capítulo de algo más largo?
Qué ha pasado en Filipinas, Vietnam y Corea del Sur
El presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. ha declarado el estado de emergencia energética nacional, según el despacho que abre el asunto. En paralelo, Vietnam Airlines suspende temporalmente vuelos en algunas rutas domésticas por la escasez de combustible de aviación y la subida de precios derivada del conflicto en Oriente Medio. Y en Corea del Sur, Lee ha pedido una campaña de ahorro energético que incluye
duchas más cortas y restricciones al uso del coche.
El dato que da sentido a todo lo anterior es la dependencia asiática del estrecho de Ormuz. A los países de la zona les llega por ahí la mayor parte del crudo:
Japón importa en torno al 95% de su petróleo de esa región, Filipinas registra una dependencia similar del 95% en sus importaciones de crudo, Vietnam importa el 88% de Oriente Medio, Corea del Sur cerca del 70% y Singapur alrededor del 70% tras la expansión de sus refinerías. Con esos porcentajes, cualquier tensión en la zona deja de ser geopolítica abstracta y se convierte en un problema de suministro doméstico.
¿Por qué el precio del petróleo no se dispara todavía en España?
Porque el impacto llega por capas y no de golpe. Un repaso a los surtidores españoles apunta a gasolina por debajo de 1,6 euros y gasoil en torno a 1,8, precios malos pero peores con la guerra de Ucrania. Ese margen es el que explica que la conversación no sea aún de colas en las gasolineras.
La advertencia que sí se cita es de
Shell, que alerta de posibles problemas de suministro energético en Europa en cuestión de semanas. Y hay una fecha marcada en rojo en el calendario: Semana Santa. El cálculo que circula es que el turismo de proximidad se resentirá cuando el precio del carburante apriete, y que la tormenta perfecta llegará justo en esas fechas.
El pico del petróleo, la teoría que vuelve cada crisis
Aquí el asunto se parte en dos corrientes. Una sostiene que el problema no es que falte petróleo, sino la energía necesaria para extraerlo: cada vez hace falta más para obtener un barril, los yacimientos están más profundos y la mayor profundidad alcanzada ronda los
11 kilómetros. Bajo esa cota puede haber de todo, pero no se puede sacar a un coste razonable.
La otra corriente niega el pico del petróleo de plano. Argumenta que no existen bolsas aisladas, sino estratos enteros de corteza terrestre en formación constante, y compara el crudo con el oxígeno atmosférico: mientras haya vida, se regenera. La analogía que usan es la de los planetas ricos en metano, con Titán como el cuerpo del sistema solar con más hidrocarburos,
40 veces más que todas las reservas de petróleo de la Tierra. El problema, admiten, es de extracción y localización, no de existencia. Ninguna de las dos posturas se ha impuesto en la conversación.
El dinero como papel frente a los recursos reales
Una idea recorre el análisis de forma transversal: imprimir dinero no crea petróleo, trigo ni microchips. Solo diluye el valor de cada unidad sobre la misma cantidad de bienes. La inflación, desde esa lectura, no es un fenómeno misterioso sino la constatación de que hay más billetes persiguiendo los mismos recursos. Y cuando ese dinero se dirige a actividades improductivas, el efecto se amplifica.
El corolario que se extrae es incómodo: si el ocio es lo último que se recorta en una sociedad hedonista, el día que caiga el gasto en ocio será la señal de que la cosa va en serio. La escasez de combustible no se traduciría en un colapso inmediato, sino en un proceso: primero racionamiento encubierto vía precios, después cupos para servicios esenciales. El escenario de reparto, ambulancias y taxis funcionando con normalidad se pone en duda, pero nadie fecha el día exacto.
El turismo español, entre el repunte y el frenazo
Dos pronósticos opuestos conviven. Uno apunta a que España captará más turismo nacional y extranjero mientras dure la incertidumbre en otros destinos. El otro sostiene lo contrario: la inflación del carburante frenará los desplazamientos y el sector notará el golpe ya en Semana Santa. Los destinos clásicos de costa aparecen en ambas quinielas, sin que ninguna se cierre.
Con estos mimbres, la predicción razonable es que el verano turístico se decida en las próximas semanas y no en junio. Si el suministro se estabiliza, quedará como un susto. Si no, la conversación sobre el pico del petróleo dejará de ser teórica. Nadie en el análisis se atreve a firmar cuál de las dos cosas ocurrirá.