Álex Sola choca de madrugada y huye corriendo tras ganar al Burgos
¿Qué lleva a un futbolista de Primera a estampar su coche contra varios vehículos estacionados a las tantas de la madrugada y salir corriendo en vez de quedarse a dar la cara? Eso es, a grandes rasgos, lo que se vio en el vídeo que circuló tras la victoria del Almería ante el Burgos:
Álex Sola, extremo del conjunto andaluz, protagonizó un accidente múltiple y abandonó el lugar a la carrera. El episodio, lejos de quedar en anécdota, abrió un debate con más aristas de las que parece: la fuga, el seguro, la alcoholemia que nunca se midió y la impunidad que muchos atribuyen al estatus de futbolista profesional.
Qué pasó tras el Almería-Burgos
El punto de partida es un tuit de
Diario SPORT que recoge la celebración de la victoria del Almería frente al Burgos y su inesperado desenlace para Sola. A partir de ahí, el relato se construye con retazos: un coche estrellado contra varios vehículos estacionados, un conductor que se marcha corriendo y ningún control de alcoholemia practicado. No hay partes oficiales ni cifras de daños confirmadas, y conviene decirlo: lo que sigue son hipótesis que circularon al calor del vídeo, no hechos probados.
La primera reacción mayoritaria fue la sospecha.
«Tiene toda la pinta de que iba bebido», resume la línea más repetida. La fuga, en ese marco, no se lee como pánico sino como cálculo: si no hay prueba de alcoholemia, no hay positivo, y sin positivo el seguro responde. Hay quien lo dice sin rodeos:
«Al menos fue lo bastante inteligente para no dejarse cazar por el control de alcoholemia».
¿Por qué huye un conductor tras un accidente con daños?
Porque, según el argumento que más se repite, quedarse es lo que arruina al conductor. Un accidente con daños materiales y sin heridos se tramita por vía civil: el seguro paga y el asunto se cierra con una subida de prima. Pero si en el atestado aparece un positivo en alcoholemia, la aseguradora se lava las manos —
el seguro no cubre la conducción bajo los efectos del alcohol— y el conductor asume de su bolsillo la reparación de todos los vehículos dañados. La deuda, en un siniestro múltiple, puede alcanzar el tamaño de una hipoteca.
El relato más repetido es el de un compañero de trabajo que se quedó en el lugar tras un accidente, dio positivo, perdió el carnet, destrozó su coche y el del otro, y acabó con una deuda impagable. La conclusión que se extrae es incómoda:
huir, si no hay heridos, es la opción económicamente racional. Y el vídeo, precisamente, complica esa huida: ya no puede alegar que le robaron el vehículo ni que conducía otro.
El cálculo legal: qué se juega realmente Sola
Aquí el análisis se afina. Un positivo de
+0,6 sin antecedentes no entra en prisión; se resuelve por juicio rápido con retirada de carnet. El problema es cuando hay daños: entonces se sale del juicio rápido y la pena escala. Si hubiera heridos —y no digamos ya un fallecido—, la prisión sería prácticamente segura. Con daños materiales y sin víctimas, el escenario más probable es una sanción económica y la pérdida temporal del permiso.
La comparación con otros marcos legales es inevitable. En Estados Unidos, un
DUI (conducir bajo los efectos del alcohol) es un delito grave con multas de miles de dólares, cargos por abandono de la escena y consecuencias migratorias. En España, el cálculo que circula es otro:
«como es futbolista, nada le quitarán». La sensación de trato privilegiado es, quizá, el punto donde más coinciden posturas que en lo demás chocan.
La brecha de credibilidad: el seguro, la brisa y el chiste fácil
No todo fue sospecha. Una parte del comentario optó por la coartada doméstica:
«va corriendo porque empieza el entrenamiento diario», o porque se dejó las llaves en el vestuario. Otra recurrió al chiste geográfico: la brisa del mar, tratándose de un jugador donostiarra, confunde a quien no está acostumbrado. El humor no tapa el fondo:
27 años y la mentalidad que se le supone a un crío de 7, resume la sentencia más dura.
El cierre más repetido no es jurídico sino moral:
«si escarmienta del accidente, la lección habrá valido la pena». Con el vídeo circulando, la fuga ya no es una anécdota de madrugada. Es un problema. Y el seguro, mientras tanto, espera a saber si alguien sopló o no.