El 70% de los menores de 35 de un gimnasio de Madrid oposita
¿Cuántos de tus conocidos menores de 35 están preparando una oposición? En un gimnasio de Madrid el recuento se parece a un censo: un 70% de los socios de esa franja de edad estudia para bombero o policía, según el cálculo que hace uno de sus clientes habituales. La única excepción que menciona es una chica que prepara el MIR. El resto, dice, apunta a destinos cuyo sueldo tacha directamente de miseria para una capital como Madrid.
Qué porcentaje de jóvenes está opositando en España
No hay estadística oficial que respalde ese 70% y conviene decirlo antes de sacar conclusiones. Lo que hay es un patrón que se repite en entornos muy distintos: un gimnasio de barrio, una empresa con becarios, la propia familia. Hay quien sostiene que la cifra real es todavía mayor, hasta el punto de que
lo raro es encontrar a alguien que no oposite. Otros describen una forma de opositar casi al azar, apuntándose a cualquier convocatoria con tal de huir del empleo privado. El caso más extremo que se relata es el de una administración que ficha interinos llegados de otras provincias —hasta de Andalucía— para contratos de pocas semanas.
¿Cuántos funcionarios hay en España frente al sector privado?
Aquí los datos se contradicen, y la contradicción es lo interesante. Una parte de los cálculos habla de
tres millones de empleados públicos frente a 16 millones del sector privado, una proporción que en principio no parece desequilibrada. Otros aseguran lo contrario: que ya hay más españoles con nómina pública que privada, con
16 millones de nóminas al mes pagadas por el Estado. Las cifras de retribución van en la misma dirección: el sueldo medio del sector público se sitúa un
38% por encima del privado en unos cálculos y un
50% en otros. Y un apunte de composición que suele pasarse por alto: solo el 18% de los 525.000 funcionarios destinados en los ministerios tiene una carrera universitaria.
Sobre la sostenibilidad, el argumento recurrente es la deuda pública, que alcanza el
billón y medio de euros tras sumar 75.267 millones en 2022. La comparación con Argentina aparece varias veces en la conversación.
¿Cuánto cobra un policía nacional o un vigilante de seguridad?
La comparación se hace a ras de nómina. Un policía nacional se queda, en el escenario más repetido, en torno a
2.000 euros netos; los 2.500 se descartan de plano. Enfrente, la seguridad privada ha empezado a moverse: en el metro de Madrid el sueldo ha subido 150 euros y hay un
plus de bienvenida de 850 euros solo por firmar el contrato, porque no encuentran gente. Para el empleo cualificado de la capital el diagnóstico es duro: hay ofertas que rondan los 22.000 euros anuales. En la administración, en cambio, se citan plazas de ingeniero por encima de los
3.000 euros al mes, un techo que en la empresa privada, se argumenta, se alcanza con 50 años o nunca.
El telón fiscal lo pinta un cálculo sencillo: quien ganaba 1.100 euros en 2003, cuando eso era ser mileurista, cobra hoy alrededor de 1.200. Veinte años para subir cien euros.
El coste personal de opositar: cuatro años y una úlcera
No todo son cifras. Una de las experiencias que se relatan es la de alguien que preparó una oposición del grupo A durante
cuatro años, acabó con úlcera de estómago y una frustración enorme, lo dejó rondando los 30, se casó, tuvo dos hijos y hoy dirige una pequeña empresa. El peaje se mide sobre todo en tiempo: se queman los mejores años y, en el caso de las mujeres, coincide con la edad en la que se plantea la maternidad, a cambio de un empleo que no compensa en dinero lo sacrificado.
Por qué la empresa privada no frena la fuga
Aparece aquí el argumento menos discutido: no es solo el salario, es la seguridad. Una corriente sostiene que, con apoyo familiar y sin urgencia de ingresos, lo que decide la balanza es tener un puesto blindado. Otra lo lleva más lejos y describe el sector privado como un entorno laboral tóxico donde la rotación y la presión hacen insostenible una carrera a largo plazo. Frente a eso, hay quien conoce a titulados de informática y telecomunicaciones que rechazan las plazas públicas aunque ahora abunden. Y un detalle que rompe el relato generacional: una pyme de fontanería ha dejado de buscar jóvenes y busca personas con interés pagando bien; además, en alguna oferta se ha visto una
edad mínima de 40 años.
Si el recuento del gimnasio se sostiene, la generación mejor formada de la historia se está preparando para aprobar un examen y cobrar después parecido al vigilante que le da las buenas noches. Miseria con plaza fija, pero plaza al fin y al cabo.