Alemania sufre un desplome industrial del 11,3% en enero
¿Se puede confiar en las previsiones económicas cuando la realidad las multiplica por dos? Los pedidos industriales alemanes cayeron un
11,3% en enero respecto al mes anterior, según la oficina federal de estadísticas. Los analistas esperaban un descenso del 6,0%. La diferencia no es un error de redondeo: es casi el doble de lo previsto. La producción y los nuevos pedidos se hundieron a un ritmo más rápido en febrero, con el PMI manufacturero del HCOB en
42,5, frente al 45,5 de enero. El sector manufacturero alemán, motor de Europa, pierde combustible.
El detalle que desmonta el relato: pedidos nacionales y extranjeros
Los pedidos extranjeros cayeron un
11,4% mensual y los nacionales un
11,2%. Pero el golpe más duro llegó desde la eurozona: los pedidos desde la zona euro se desplomaron un
25,7%. Fuera de la eurozona, en cambio, aumentaron un 1,6%. Es decir, el comercio dentro de la moneda única se resquebraja, mientras el resto del mundo aguanta. La oficina de estadísticas atribuye parte de la caída a «efectos de base», un término que en la calle suena a excusa. Como si el problema fuera de comparación y no de fondo.
¿Por qué se hunden los pedidos industriales alemanes?
La respuesta corta: energía cara y competencia asiática. El coste energético tras renunciar al gas ruso barato ha convertido a
Alemania en un lugar menos competitivo para fabricar. Varios análisis señalan que la producción se traslada a Asia o a países con costes más bajos. Empresas como BASF ya anticiparon la caída de ventas semanas antes, según se comenta. El sector del automóvil es el ejemplo más visible: se habla de cierres de producción en Alemania y traslados a Estados Unidos. La reconversión hacia el coche eléctrico no compensa: los modelos alemanes pierden terreno frente a los chinos, y algunos señalan que el Tesla es el más vendido en Europa. La industria alemana, acostumbrada a exportar calidad, ve cómo esa ventaja se difumina.
El debate sobre el fin del modelo exportador
Hay quien sostiene que Alemania es muy buena fabricando productos del siglo XIX y XX, pero ha perdido el tren del XXI. Otros apuntan a una decadencia más profunda, no solo energética. La balanza comercial alemana sigue siendo positiva, pero se estrecha. Los datos de enero muestran un superávit comercial de
21.500 millones de euros, por debajo de los 27.500 millones del año anterior y de los 23.300 previstos. La desaceleración no es un bache: es una tendencia. Y mientras, el DAX en máximos. La economía real y la financiera hace tiempo que dejaron de mirarse a los ojos.
Repercusiones para España y Europa
Alemania es el principal socio comercial de España. Si su industria se contrae, las exportaciones españolas lo notan. Algunos análisis apuntan a que el empobrecimiento alemán arrastrará al resto de la UE, y que las ayudas y transferencias podrían reducirse. La política de defensa y el aumento del gasto militar se presentan como posible reactivación industrial, pero no está claro que compense. La crisis energética sigue siendo el elefante en la habitación. Mientras tanto, la pregunta flota: ¿es esto un ajuste o el principio de un declive más largo?
La industria alemana no se hunde por un mal dato. Se hunde porque el modelo que la hizo grande —energía barata, exportaciones masivas, paz comercial— se ha roto. Y nadie parece tener el manual de instrucciones para recomponerlo.