Cafeína en cápsulas: el gramo a 0,40€ que sustituye al café y al Red Bull
Un bote de 100 cápsulas de cafeína pura cuesta 7,95€. Cada cápsula son 200 mg, el equivalente a dos cafés y medio o a dos latas y media de Red Bull de 25 cl, según el planteamiento que abre esta discusión sobre consumo responsable. El cálculo es simple: 0,40€ por gramo de cafeína frente a los 60 euros que se deja el que compra un gramo de cocaína. La propuesta no es broma: cápsula por la mañana antes de ir a trabajar, cápsula y media antes de una sesión de deporte, y para los más osados, abrir la cápsula y esnifar el polvo, que tarda veinte minutos en hacer efecto y sabe amarga, según la experiencia que se relata.
El producto se vende en tiendas de dietética y nutrición para deportistas. Lo fabrica una empresa española con sede en Yuncos (Toledo). La dosis recomendada es de una o dos cápsulas al día media hora antes de la actividad deportiva. La advertencia es seria: 10 gramos de cafeína son mortales, así que un bote de esos contiene dos dosis letales. No es apta para hipertensos.
Qué efecto tiene la cafeína en cápsulas y en qué se diferencia del café
La cafeína es una droga psicoactiva que estimula el sistema nervioso central e interfiere en las células cerebrales encargadas de transmitir las sensaciones de relax y cansancio. Con una cápsula se nota que uno se despierta, sin acelerarse. Con una y media (300 mg) ya se acelera un poco. El efecto tarda unos 45 minutos por vía oral y unos 20 si se esnifa. Cuando pasa, cae de golpe el cansancio anterior y el acumulado durante las horas de actividad, lo que también sirve para dormir como un plomo. Además estimula la quema de grasa corporal, lo que la hace indicada para quien quiera perder peso haciendo ejercicio.
Frente al café, las ventajas que se enumeran son varias: una cápsula cuesta diez veces menos que un café en un bar, el efecto es el doble de fuerte, no contiene diterpenos que favorezcan la acumulación de colesterol malo y es portátil. Frente al Red Bull, la diferencia es que la cafeína actúa de golpe: no hay que beberse dos latas y media de una sentada, cuando vas por la tercera ya tienes la primera digerida y orinada.
La comparación con la cocaína: dosis triple, efecto casi idéntico
El paralelismo con la cocaína no es una ocurrencia. Se recuerda que la fórmula original de la Coca-Cola sustituyó la cocaína por cafeína cuando la primera fue ilegalizada a principios del siglo XX. Con una dosis de cafeína el triple de grande que una de cocaína se obtiene un efecto casi idéntico. Las ventajas que se atribuyen a la cafeína son que no genera adicción ni los inconvenientes derivados de ella (depresión, ansiedad o problemas psicológicos), es infinitamente más barata, más segura porque es pura y permite ajustar la dosis, no provoca conducta agresiva, no se acumula en el cuerpo y se elimina por la orina en 24 horas. Además es legal, por lo que supera los test antidrogas de la Guardia Civil o la Policía Nacional en los controles de fin de semana.
Hay quien sostiene que una de las sustancias que se añaden a la cocaína para cortarla es precisamente cafeína, lo que a juicio del planteamiento inicial quita justificación al gasto en droga ilegal para quien consume los fines de semana. La respuesta del que paga 60 euros por un gramo de cocaína no se hace esperar: «para qué ahorrar si al final vas a palmar».
La adicción y el síndrome de abstinencia: el punto que divide
Aquí es donde el consenso se rompe. Un sector del análisis sostiene que la cafeína crea adicción y que basta una dosis diaria de 100 mg para desarrollarla en algunas personas. Otros responden que si eso fuera así, el 95% de la población del mundo desarrollado sería adicta, porque basta un café cargado o dos vasos de Coca-Cola para alcanzar esa cifra. La experiencia de quien toma café soluble cada mañana y, si no lo toma, sufre jaqueca, somnolencia y falta de concentración durante más de una semana apunta en la dirección contraria: el síndrome de abstinencia existe y es desagradable.
El propio autor del planteamiento inicial reconoce, tras unas vacaciones, que al quinto día sin consumir le dolió la cabeza y al día siguiente estuvo casi sin poder tenerse en pie, durmiendo todo el día. No sabe si fue por la cafeína, pero hacía mucho tiempo que no le dolía la cabeza. Otro participante relata nueve días sin consumir y todavía no se ha recuperado del todo: los dos primeros días, dolores de cabeza bestiales y somnolencia. La conclusión que se extrae de estas experiencias es que la cafeína no es tan inocua como parece, aunque el efecto se pasa en una semana.
El rendimiento deportivo: activación inmediata y fatiga anticipada
El uso de este producto va indicado al consumo previo a la actividad deportiva. La cafeína permite estar mucho más tiempo haciendo ejercicio sin apenas notar el cansancio, y al rato de ingerirla se nota que la temperatura corporal aumenta y se pasa menos frío. En el trabajo físico, quien lo prueba asegura que puede tirarse dos horas moviendo peso de un lado para otro sin enterarse del cansancio, cuando sin cafeína se agota mucho antes.
No todos lo ven igual. Hay quien sostiene lo contrario: en tiradas de 40 a 60 minutos corriendo, la cafeína activa de inmediato pero también hace fatigarse antes. Al aumentar el ritmo cardíaco, el desgaste llega antes. La discusión sobre si el efecto es netamente positivo o tiene un coste en forma de fatiga prematura queda abierta.
Alternativas comerciales y precios: guaraná, taurina y chocolate
En los herbolarios venden comprimidos de guaraná con una dosis de cafeína similar. También hay cápsulas de cafeína de 100 mg complementadas con taurina, e incluso cápsulas solo de taurina, todas al mismo nivel de precio. La taurina actúa como potenciador de la cafeína, pero al mezclarla con alcohol puede producir arritmias cardíacas e inestabilidad psicomotriz temporal en dosis altas, además de estimular la producción de bilis y el tránsito intestinal, con lo que el efecto conjunto es más potente pero menos duradero.
El precio del bote de 100 cápsulas de 200 mg varía: 7,95€ en tiendas de dietética, 6,90€ en una tienda de suplementos deportivos. También se puede comprar cafeína en polvo a granel en webs especializadas, junto a guaraná, glucuronolactona o taurina. Y hay quien recurre al chocolate: las pastillas de Scho-Ka-Kola, que formaban parte de las raciones de hierro alemanas, se venden en tiendas de ropa de corte militar. El café más fuerte del mundo, Death Wish Coffee, también aparece en la conversación como curiosidad.
El cálculo completo, con la equivalencia exacta entre cápsulas, cafés y latas de Red Bull, y las dosis que cada participante dice haber probado, da una diferencia de coste que sorprende. La conclusión que se impone es que la cafeína en cápsulas es la forma más barata de doparse legalmente. Otra cosa es que el cuerpo no pase factura. La discusión sigue abierta: los que llevan meses tomándola no notan dependencia; los que la dejan de golpe, sí.