Empresas vascas buscan 150 ingenieros en México y Colombia
Un joven ingeniero acude a una entrevista y pide que le paguen un mes de alquiler. O el abono de transporte hasta el polígono. O que alguien le agilice un papel. La respuesta suele ser una mueca. Cambien el escenario y la mueca se convierte en alfombra:
treinta empresas vascas viajan a Colombia y México con el vuelo pagado, dos meses de salario por adelantado, un mes de alquiler y los trámites de extranjería resueltos, para traerse
150 vacantes de ingenieros y técnicos que aseguran no poder cubrir en Euskadi.
El paquete que se ofrece a quien viene de fuera
El listado de atenciones no es una excepción ni un gesto de una compañía suelta. Las empresas se comprometen a costear el billete, adelantar dos nóminas, asumir el primer mes de vivienda y gestionar permisos y visados. El programa une al
Ministerio de Exteriores, la Seguridad Social y la patronal vasca Confebask, con el Gobierno Vasco metiendo mano en la búsqueda de alojamiento, la tramitación documental y la propia selección de candidatos.
Ahí está el contraste que escuece. Un titulado español que negocie la mitad de esos detalles cobra un no por respuesta. A quien aterriza desde el otro lado del Atlántico se le prepara el terreno. No es retórica: es la política de captación, escrita y con respaldo institucional detrás.
Los salarios: 36.250 euros para mayores de 30 y 29.000 para menores
El Ministerio controla las cifras. El suelo para los mayores de 30 años se fija en
36.250 euros brutos; para los menores de 30 con poca o nula experiencia profesional, en
29.000. Son mínimos, no techos, pero marcan la horquilla sobre la que se está construyendo la operación.
Sobre la adecuación de esas cantidades al coste de la vida hay división.
Hay quien sostiene que un sueldo así se queda corto para vivir en Bilbao o San Sebastián, dos plazas entre las más caras del norte peninsular, y que basta mirar el precio del alquiler para entender por qué el candidato local no muerde. La respuesta empresarial es siempre la misma: el problema no es el dinero, es que no hay profesionales disponibles.
El catálogo de ocupaciones de difícil cobertura
La palanca que permite montar algo así es un listado oficial de profesiones «difíciles de cubrir». Entrar en él desbloquea medidas extraordinarias: traer mano de obra de fuera, acelerar visados, saltarse parte de la burocracia habitual. Es la puerta por la que se cuela la expedición vasca.
El punto delicado no es esta profesión concreta. Es el precedente. Lo que hoy se justifica con una supuesta escasez de ingenieros puede replicarse mañana con cualquier ocupación que una patronal consiga meter en la lista. Bastaría con argumentar que no aparecen candidatos, sin entrar a discutir a qué precio se estaba buscando.
¿Faltan ingenieros o faltan sueldos competitivos?
La pregunta recorre todo el asunto. España lleva años titulando promociones enteras de ingenieros y técnicos, y a la vez se cuentan por miles los que han hecho las maletas hacia Alemania, Países Bajos o Reino Unido. El argumento de la escasez choca con ese dato simple: si el puesto está bien pagado y bien tratado, aparece gente. Si no, aparece rotación.
En contra pesa una realidad que las empresas repiten: hay perfiles muy concretos —ciertas especialidades técnicas, determinados oficios industriales— para los que simplemente no encuentran candidatos con la experiencia que piden. Los sindicatos rechazan el planteamiento y lo leen como una vía para contener salarios tirando de trabajadores que, al llegar, tienen menos capacidad de negociar: atados a un visado, a una vivienda que les buscaron y a un contrato que firman antes de pisar el país.
Una prueba piloto que abre la puerta a 400.000 vacantes
El propio Ministerio lo enmarca como experiencia piloto. Si sale bien, según sus propias declaraciones, se repetirá para ir cubriendo las
400.000 vacantes que calcula que habrá que llenar. De experimento controlado a política ordinaria, sin pasar por el debate que merecería la escala.
El eco no se queda en Euskadi. En Madrid, según se cuenta en el propio análisis del caso, el fenómeno lleva tiempo rodando en oficinas y perfiles cualificados: la llegada de profesionales formados en América Latina que aceptan condiciones que el candidato local rechaza, y que sirven para mantener la banda salarial baja. Lo que aquí suena a novedad allí ya es costumbre.
La patronal admite, sin sonrojo, que una parte de los recién llegados se marchará al poco tiempo a ofertas mejores. El programa sigue adelante igual. Y el dato que no encaja del todo: se monta todo este aparato para importar talento en un mercado laboral que sigue arrastrando la tasa de paro más alta de la Unión Europea.