Ferraz: chorizos, UIP y la noche 22 de protestas
A las puertas de la sede socialista, la jornada 22 de protestas arrancó con parrillada de chorizos y acabó con la Unidad de Intervención Policial en formación de combate. La escena la resume un asistente: «Entro y leo que hoy es una especie de verbena. Pongo el vídeo y están los UIPeros en formación de combate previa a cargar». Entre el olor a brasa y el despliegue antidisturbios, la convocatoria ha mutado en algo que ya no se parece a una manifestación al uso.
Los números que circulan por los corrillos apuntan a un crecimiento sostenido de asistentes respecto a los días previos. La logística —mesas, neveras, parrillas— se ha profesionalizado. «Buena logística», resume un comentario. La cita, que empezó como concentración espontánea, ha derivado en una suerte de acampada festiva con banda sonora de marchas carlistas y banderas irlandesas de Noviembre Nacional, según los testimonios que se cruzan en la plaza.
¿Qué pasa cuando llega la UIP a Ferraz?
El patrón se repite. La jornada empieza tranquila y termina con cargas. Un participante describe el despliegue como «abrumador»: a partir de las diez de la noche, la proporción entre agentes y manifestantes que quedan se vuelve, según su relato, de cinco a uno. «En esas condiciones es suicida intentar algo, además Ferraz es una ratonera», añade. La madera de los chalecos, señalan, ya no lleva identificación en primera línea.
Hay quien sostiene que la actuación policial es desproporcionada. Un asistente que dice haber estado en la zona describe a los agentes como «prepotentes, desafiantes, tratando a la gente con chulería». Otro apunta que «la policía es la que provoca e intenta crear conflicto». En el otro lado, la versión oficial habla de altercados y resistencia. Lo cierto es que el vídeo de la UIP disparando mientras una mujer yace inconsciente en el suelo circula por las redes y ha avivado el fuego.
Detenciones sin cargos y controles de identidad
La noche 22 dejó también detenciones que acabaron en nada. Un asistente relata que un conocido suyo fue liberado «a las 4 de la mañana sin cargos». «Le detuvieron solo por joder o por si la liaba durante la detención», interpreta. A él, en cambio, le acusaron de desobediencia por no ponerse la mascarilla. La asimetría entre ambos casos alimenta la sensación de arbitrariedad.
Los controles de identidad también han generado malestar. «Piden el DNI para hacer comprobaciones legales en una manifestación a gente pacífica», se queja un asistente, que contrasta con la falta de controles en otros contextos. La respuesta institucional, según los presentes, es que la orden parte de la Delegación del Gobierno, no de la Policía Nacional.
El factor Alvise y la vía irlandesa
La política nacional se ha colado en la plaza. Alvise Pérez, eurodiputado, ha convertido Ferraz en su particular escenario. «No se va a aburrir con el Gañán, ese tipo está de guano hasta arriba, esto sólo es el principio», sentencia un comentarista. La referencia al ministro de Transportes, Óscar Puente, es constante en los corrillos.
La comparación con las protestas irlandesas de Dublín planea sobre el ambiente. «Tenemos mucho que aprender de los irlandeses», dice un mensaje. Sin embargo, otro matiza: «El despliegue y la represión policial está siendo brutal y a niveles nunca vistos ni contra manifestantes violentos». La vía irlandesa, concluye, requeriría otras condiciones. «En esas condiciones es suicida intentar algo».
La parrillada de chorizos, las banderas irlandesas y los parches de Noviembre Nacional conviven con las cargas policiales y las detenciones sin cargos. La noche 22 de Ferraz no es una manifestación: es un fenómeno que mezcla verbena, política y represión. Y el dato que descoloca: los detenidos sin cargos salen a las cuatro de la mañana, mientras los que no se ponen la mascarilla se quedan con la acusación de desobediencia. La justicia, al menos en Ferraz, tiene criterios propios.