Dos astronautas varados en la ISS: el Starliner no tiene fecha de vuelta
Dos astronautas veteranos llevan más de un mes en la Estación Espacial Internacional cuando su misión debía durar ocho días. La nave Starliner de Boeing, en su vuelo tripulado de estreno, acumula fallos en los sistemas de propulsión y fugas en varios puntos que han convertido un viaje rutinario en una estancia
sine die. Barry «Butch» Wilmore y Sunita «Suni» Williams despegaron el 5 de junio desde Cabo Cañaveral y llegaron a la plataforma orbital al día siguiente. El chequeo previo al retorno, alrededor del 12 de junio, desveló las anomalías. Desde entonces, ni fecha de bajada ni certeza de cuándo la habrá.
Qué falla exactamente en la nave Starliner
Los técnicos de Boeing y de la NASA confirmaron en rueda de prensa conjunta que la nave sufre varios fallos en los sistemas de propulsión y distintas fugas repartidas por la estructura. Se han ejecutado reparaciones y se mantienen las pruebas para entender el origen y dar con una solución segura. «Queremos seguir trabajando hasta tener la confianza de que hemos solucionado el problema y que los astronautas puedan volver a casa con total seguridad», declaró Steve Stich, director del programa de vuelos comerciales tripulados de la NASA.
El proyecto acumulaba casi una década de retrasos por problemas de
software y de propulsión. En los vuelos de prueba de 2019 y 2022 ya se detectaron fallos en las herramientas que permiten el movimiento de la nave. Tras meses de revisiones, todo apuntaba a que el grueso estaba resuelto y que la Starliner era viable para llevar personas. El estreno debía sentar las bases de decenas de vuelos más.
Por qué se eligió a dos pilotos veteranos para el estreno
Butch y Suni son pilotos experimentados de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y suman al menos dos viajes por cabeza a la estación. Frente al patrón de misiones espaciales con rostros mediáticos —el primer vuelo de Blue Origin con Jeff Bezos es el ejemplo que circula—, aquí se apostó por perfiles técnicos. La lectura es clara: Boeing quería ir sobre lo seguro. Una primera misión impecable. El destino tenía otros planes.
Durante la primera semana, la estancia se dedicó a experimentos científicos en microgravedad y a observación de la Tierra. Todo según lo previsto hasta el chequeo del día 12. A partir de ahí, el relato cambia: lo que era una excursión de ocho días se ha convertido en una misión abierta.
Qué dicen los astronautas desde la estación
La versión oficial desde la ISS es de calma. «Sienta bien estar flotando por aquí. Tanto Butch como yo ya lo habíamos hecho otras veces. Para nosotros es como volver a casa. No nos importa quedarnos aquí unos cuantos días más», comentó Suni para quitarle hierro al asunto. Tienen suministros suficientes y pueden seguir trabajando en experimentos y en tareas de mantenimiento.
Los pronósticos más optimistas apuntan a que hacia finales de julio se revisará la situación y se intentará el primer descenso. No está claro que se logre. La aventura continúa, por ahora, sin fecha.
El salto de 1969 a 2024: qué se compara realmente
La comparación con el programa Apolo recorre toda la discusión. Entre julio de 1969 y enero de 1972 se efectuaron seis alunizajes, del Apolo 11 al 17, con el 13 regresando averiado: siete lanzamientos en unos 42 meses, uno cada seis meses, con todoterreno en cada viaje. El contraste con un vuelo orbital que se atasca a 400 kilómetros de altura alimenta la sospecha. Hay quien sostiene que la civilización tocó techo en 1969 y que desde entonces solo se ha degradado; el argumento contrario recuerda que la tecnología de entonces era inferior y aun así funcionó.
La discusión deriva hacia terrenos más resbaladizos. Una parte del análisis defiende que todo es un montaje propagandístico y que la Estación Espacial Internacional no existe; otra recuerda que el escepticismo sobre el programa lunar no está respaldado por pruebas. Entre medias, la ironía: que la asistente de un conocido productor musical les recomiende volver vía Barajas diciendo que vienen como turistas, o que la presidenta madrileña les mande guías turísticas y un bocadillo de calamares.
El contexto económico que nadie pone en el titular
El Starliner es un contrato de vuelos comerciales tripulados. Boeing acumula una década de retrasos en un programa que debía competir por el transporte orbital. Cada semana extra de misión son costes de operación, pruebas y personal que no estaban presupuestados, además del desgaste reputacional en un sector donde la fiabilidad es el activo.
La paradoja es que la NASA depende de dos proveedores privados para algo tan básico como subir y bajar gente de la órbita baja. Cuando uno falla, el otro se convierte en plan B. Hace unos años, la solución habría sido una Soyuz rusa; hoy el calendario y la geopolítica complican ese atajo.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar que la Starliner baje vacía o con tripulación antes de que acabe el verano. Lo razonable y lo que ocurra no siempre coinciden.