El hilo se enreda con la homologación del récord y el turismo sexual
La conversación sobre el cazador de Chiclana ha pegado un giro brusco. Ya no se discute si la flecha mata o no: ahora se pone en duda que el récord exista como tal. Una forera lo llama directamente «soplapollas» y asegura que
el supuesto récord no está homologado y que el cazador dice que presentará los documentos en su momento. La sospecha se extiende: «¿Cómo define abatir?». Y añade: «Elefante, rinoceronte, hipopótamo. Mis cojones 33. No me lo creo». El hilo se parte en dos: los que piden pruebas y los que defienden el mérito técnico. Mientras, el debate sobre la legalidad de la caza en África y el
turismo sexual vuelve a la carga.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay documentos nuevos sobre el récord. La duda sobre la homologación la lanza una participante que no aporta fuente, pero varios se agarran a ella. Se recuperan enlaces a
arcos de poleas de 90 libras, a
arcos de fusión y a
flechas de caza Victory para insistir en la potencia necesaria. Un forero detalla que
la muerte por flecha no es por efecto hidrodinámico como las balas, sino por shock hipovolémico y daño en órgano vital, y que no es limpia por norma. Añade que el cazador va acompañado de un guía y un «white hunter» armado con un
505 Gibbs o un 500 Jeffery por si acaso. También se insiste en que el hipopótamo es fácil de acercar: «No te teme, te puedes acercar, eso no quita que te pueda matar». La dificultad, dicen, es la logística: contactos, permisos, viajes, equipo y «mucha pasta». Sobre el rinoceronte, un forero recuerda que
tres de las cinco especies (negro, Java y Sumatra) están en peligro crítico, aunque en algunas zonas de África se puede cazar con muchos requisitos. Y se pregunta si el leopardo no es especie protegida.
Dónde está la bronca
El choque ya no es solo caza sí o caza no. Ahora hay tres frentes. Primero, la autenticidad del récord: frente a la duda de la homologación, otros defienden que el mérito técnico es indiscutible. «Tensar un recurvo de 80 lb ya es una proeza. Cazar un elefante con eso me resulta del todo inverosímil», dice un forero. «La caza mayor con arco es una locura», añade otro, que cuenta que un amigo cazaba jabalíes con arco. Segundo, la legalidad: «¿Eso sigue siendo legal en África? Pagas pasta, sobornas y ya está», pregunta uno. La respuesta es que en algunos países se puede cazar con permisos, pero la sombra de la corrupción planea. Tercero, el turismo sexual: vuelve la comparación con la prostitución. Un forero cuenta que durante años desayunó en un bar donde los cazadores hablaban de a qué puticlub irían después de la cacería. Otro responde con ironía: «Según mi estadística infalible son escopeteros puteros entre el 0,01% y el 0,02%». La discusión sube de tono y se cruzan insultos. También hay quien defiende al cazador sin ambages: «Enhorabuena. Eso es difícil de cojones». Y quien pide calma: «Bueno, dejémoslo, ni en mil años nos pondríamos de acuerdo».
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era un debate técnico sobre la potencia del arco ahora es una duda sobre la veracidad del récord. La predicción de que el hilo derivaría en insultos se ha cumplido. El asunto nuevo es la homologación: nadie había puesto en duda que el récord existiera como tal. También entra con fuerza la comparación con el turismo sexual, que ya había aparecido antes pero ahora se desarrolla con más detalle. Y se cuela un dato nuevo: el leopardo como especie protegida, que nadie había mencionado.
La experiencia personal que aviva el fuego
Un forero cuenta su experiencia cazando jabalíes con arco: «Hay que hacer una planificación de cojones y aún así quizá esa noche el bicho está por otro lado». Describe el sigilo, el olor, la luna, el cebado durante semanas. Otro relata una espera: «A unos 25 m el otro día se me quedó mirando, bufó y salió corriendo. El cabrón me olió». Ambos coinciden en que la caza con arco es complicada, pero ninguno se atreve con los siete grandes. «Un arco de 80 lbs tiene mucha más capacidad de penetración que una bala», afirma otro, que insiste en que la flecha pesa mucho más. La conversación técnica se mezcla con la burla: «¿Y a la hipopótama de su madre ya le dio caza también?».