Del cambio de hora a la guerra informática: el hilo se desmadra
El hilo del cambio de hora ha vuelto a encenderse, pero esta vez el fuego ha saltado de los relojes a las trincheras laborales. Lo que empezó como una queja por el madrugón a oscuras ha terminado en un choque entre quienes defienden el trabajo de oficina y quienes reivindican el esfuerzo físico.
Un participante lo resume con sorna: «Los informáticos solo sois como profesores de filosofía que existen para enseñar filosofía a futuros profesores de filosofía». La discusión sobre el huso horario sigue ahí, pero el protagonismo se lo ha llevado la brecha entre manos y teclados.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay enlaces ni vídeos, pero sí una cita que desmonta el mito de Franco. Un forero recupera un artículo de El Confidencial en el que el astrónomo Pere Planesas, del Observatorio Astronómico Nacional, explica que la orden de 1940 hablaba de acompasar el horario español con el de otros países europeos y que Alemania volvió a adelantar su hora en abril de ese año, quedando de nuevo una hora por delante de España.
La interpretación de un gesto hacia el Gobierno nazi es, según esta versión, un bulo.
También se cuela un dato recurrente:
la cena a las 10 de la noche como símbolo de los horarios raros de España. Y se repite la cifra de los
tres meses de fresco frente a nueve de calor que esgrime quien prefiere el invierno.
Dónde está la bronca
El choque central sigue siendo el huso horario. Los hay que piden
GMT 0 puro y horario de invierno todo el año: «Si los horarios del curro fueran normales, se entraría a currar tempranito, a eso de las 7 de la mañana y luego con horario intensivo todos a las 15h para casa», argumenta un participante. Frente a ellos, los que defienden el horario de verano como el de la vida: «Para los que madrugamos mucho ni tan mal. Que a las 8 de la mañana sea de noche tampoco es la panacea», responde otro. Y un tercero remata: «A mí me da bajón el verano de este estercolero».
Pero la bronca de verdad estalla cuando se cruza el tipo de trabajo. Un forero sentencia que
«la gente con trabajos de verdad tiene ese horario» y que lo de entrar tarde es de oficinistas. La réplica no se hace esperar: «Claro por eso estamos ahora leyéndonos en un foro que oooh si lo han hecho posible unos himformáticos freaks».
El debate deriva en un intercambio sobre si el músculo o el cerebro mueve el mundo, con menciones a la revolución industrial, a los tanques y a los sueldos de la informática. La cosa acaba con un «en unas décadas más con los roboces no va a hacer falta ni mazaduras ni cerebritos».
Qué cambia respecto a antes
La discusión sobre el cambio de hora queda aparcada por momentos. El asunto del ahorro energético ni se menciona; el foco está en los horarios laborales y en la brecha entre trabajos. La predicción de que el hilo se partiría en dos bandos se cumple, pero con un giro: ahora son los oficios contra las oficinas. Y el mito de Franco se da por superado gracias a la cita del astrónomo, aunque nadie lo discute.
La experiencia personal que aviva el fuego
Un forero cuenta que sale a caminar a las 7 todos los días y que ir por la calle de noche a esa hora es una tortura. «Mi nivel máximo de energía es por la mañana», dice. Su queja no es solo por el horario, sino por la costumbre de cenar a las 10.
Su testimonio se usa para pedir el horario de invierno todo el año.