Del Pladur a la mafia china: el hilo se desmadra
El hilo se ha ido de las manos. Ya no se discute si el bazar cubre el alquiler con veinte ventas al día. Ahora se discute si detrás del Pladur hay un taller en negro, si los dueños deben dinero a la mafia china o si todo forma parte de un plan del gobierno chino para criar generaciones bilingües. En
40 mensajes entre el 11 y el 12 de octubre, el debate ha pasado de la economía de barrio a la geopolítica de foro.
Qué se ha sabido
Un forero que se identifica como antiguo profesor de una economista china, Zhou Miao Li, cuenta que fue su becaria durante un máster y que su trabajo de fin de grado analizaba la economía china en España. Enlaza el documento depositado en
un repositorio universitario y dice que explica el
guangxi, los préstamos familiares, y que al final todo se reduce a
rentabilidad por hora abierto: entra gente en proporción a la que pasa por delante. Otro participante asegura que un chino con varios pisos de alquiler los tenía llenos de compatriotas, les indicaba dónde trabajar y actuaba como intermediario. Varios mensajes coinciden en que los bazares piden pago en efectivo. Un forero cuenta que compró un cable USB de
2 metros por 4 euros en el bazar de al lado de su casa, y otro dice que compró bombillas. Frente a eso, un participante insiste en que los bazares están vacíos y que la gente va a Action, Tedi, Pepco o Zeeman. Otro responde que en su zona no hay de esas tiendas y que el chino es lo más cercano. Aparece una descripción de menores atendiendo en horario escolar y un bebé en una cesta encima de una nevera, según un forero que dice haberlo visto en Madrid. Y sigue la teoría del Pladur, ahora con talleres y actividades en negro detrás de la pared.
Dónde está la bronca
El eje ya no es el margen. Es si el bazar es un negocio familiar duro o una tapadera. Un bloque defiende lo primero: familia trabajando, crédito familiar, horarios imposibles, nada raro. «A los españoles nada nos impide competir en horas trabajadas con ellos, pero eso nosotros no queremos hacerlo», dice un forero que compara el bazar con el bar familiar de los 90. Otro añade que los hijos de segunda generación se están torciendo y sucumben al modelo occidental. Enfrente, una participante responde que eso es dumping salarial y que los bazares están vacíos el 99,99% del tiempo. «Acabaremos trabajando según su modelo: mil horas semanales, todos los festivos incluidos, cobrando un cuenco de arroz», dice. La acusación de mafia entra con fuerza: un forero cuenta que un amigo fue a clase con un hijo de dueños de bazar y este le hablaba de deudas con la mafia china. Otro sostiene que los bazares funcionan con dinero del gobierno chino gestionado por mafias y que el objetivo real es criar generaciones bilingües. Nadie aporta pruebas. Un tercero zanja: «TODOS los chinos trabajan para el servicio de inteligencia chino». La ironía recorre el hilo: alguien pregunta si decían algo de los viajes a Marte. Y aparece la comparación con los kebab, «eso sí que es un misterio».
Qué cambia respecto a antes
El Pladur ya no es el centro. Ahora el centro es la mafia china, el guangxi y una supuesta agenda estatal. La aportación del TFG de Zhou Miao Li es lo único con fuente. El resto son testimonios sin verificar. La predicción de que la segunda generación no seguiría en el negocio se matiza: hay quien dice que en los bazares de polígono sí se quedan. Y entra un asunto nuevo: los menores trabajando y el pago en efectivo como norma, no como excepción. El hilo no se cierra. Se abre.