No dar de alta a un empleado: el riesgo calculado de las empresas
Un trabajador de seguridad privada descubre que, tras una noche de servicio, no solo le pagaron menos de la mitad de lo debido (96 euros en lugar de 179), sino que la empresa ni siquiera le dio de alta en la Seguridad Social. Lo más llamativo: el pago apareció en su banco como un «traspaso» con el concepto «careta de carnaval». Una artimaña tan burda que parece un chiste, pero que revela hasta qué punto algunas empresas juegan con fuego.
¿Por qué una empresa pequeña se arriesga a una multa?
La Inspección de Trabajo no se toma estas prácticas a la ligera. No dar de alta a un empleado, aunque sea por un solo día, constituye una infracción grave que puede acarrear sanciones de entre 6.251 y 25.000 euros por trabajador afectado, según la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social (LISOS). A eso se suman las cotizaciones no ingresadas, recargos e intereses. Para una empresa familiar, como la del caso, una multa así puede significar el cierre.
El factor miedo y la cultura del pelotazo
En el debate se apunta que, aunque las sanciones son duras sobre el papel, muchas empresas las asumen como un coste más. Las multinacionales pagan y siguen adelante; las pequeñas, en cambio, se la juegan. Pero lo más revelador es la confianza ciega de algunos empresarios en que el trabajador no denunciará por miedo a represalias o a quemarse en el sector. En este caso, el trabajador no tiene ataduras, y la artimaña del «traspaso» y la «careta» deja a la empresa en evidencia ante cualquier inspección.
La conclusión provisional: no dar de alta es un riesgo altísimo, sobre todo cuando el método para ocultarlo es tan torpe. La pregunta no es si la empresa es tonta, sino si el sistema de sanciones disuade lo suficiente. A juzgar por la naturalidad con que algunos empresarios lo intentan, parece que no.