El hilo se parte entre los que creen fallo humano y los que ven hackeo
Arranca el tramo con la secuencia técnica otra vez sobre la mesa y termina con dos bandos que ya no se escuchan. En medio, de todo: sospecha de jaqueo, comparaciones con Tesla, la sombra de las elecciones, el TALGO como edad de oro y un par de salidas de tono que obligan a los demás a pedir calma.
Qué se ha sabido
El primer mensaje vuelve a la carga con la secuencia: el plan de explotación diario por computadora era perfecto, y ni LZB ni ASFA pararon el tren
3 km antes. La conclusión que se repite es que el sistema solo deja avanzar al maquinista cuando le pide precaución por elementos ajenos a los trenes, como vías en mal estado o fuegos que afecten a la visibilidad. Nada de eso está documentado en el caso, así que el mensaje se queda en el aire.
A partir de ahí, el hilo se bifurca. Un participante afirma que lo sucedido es
«imposible salvo jaqueo» y otro añade que el sistema
«está diseñado para fallar». La conversación deriva hacia la ciberseguridad: se menciona que los vehículos modernos pueden ser hackeados a distancia y se pone el ejemplo de un Tesla en conducción autónoma que se vuelve loco de repente. La coincidencia con el periodo electoral añade leña: se pregunta quién se beneficia de que el sistema falle al borde de unas elecciones. No hay prueba alguna, solo sospecha.
El 28 de octubre, un forero que dice trabajar en el sector aeronáutico suelta la comparación que ordena el debate: si dependiera de un señor tomando notas en una libreta,
habría 30 accidentes al día. Reconoce que no se sabe si hubo error humano, pero sentencia que el protocolo no funciona y que culpar a un operario es ridículo. La respuesta no se hace esperar: otro defiende que el protocolo es perfecto y falla el personal, y remite a la normativa:
NEC desde 1992 y normativa europea refundida desde 2017. Añade que la coletilla «con marcha normal» solo se da en dos casos muy concretos y que los telefonemas son textos precisos, no recados.
La bronca sube de tono cuando se cruzan acusaciones de partidismo. Un participante sostiene que los audios filtrados se recortaron a conciencia para eximir al Gobierno y entregar la cabeza del operario de ADIF. Otro responde que el protocolo funciona desde el 92 y que quien opina sin visitar un puesto de mando habla por hablar. La discusión sobre la aviación se envenena: un forero compara a los controladores aéreos con una caterva de freaks en una sala que huele a cuero, y el del sector aeronáutico le responde que se lo haga mirar. El intercambio acaba con un «algo se ha frito en tu cerebro» y la sugerencia de que vive de dinero público.
Dónde está la bronca
El choque central es el de siempre, pero ahora con nombres y normativas. Un bando defiende que el protocolo es perfecto y que falla el personal. El otro responde que un sistema que depende de un solo operador leyendo mensajes telefónicos para regular trenes cada cinco minutos a 300 km/h no escala, y que el tráfico ha aumentado mucho desde 1992 mientras los sueldos han bajado. La predicción del primero es que el protocolo aguanta; la del segundo, que esto volverá a pasar.
La segunda bronca es política. Se cruzan acusaciones de defender al partido de turno, de filtrar audios para eximirse y de enchufismo. La cosa se calienta hasta el punto de que un forero pide que no se insulte y otro responde con ironía sobre la conjunción planetaria. El nivel baja tanto que un mensaje posterior resume:
«Franco dimisión».
Qué cambia respecto a antes
Lo que antes era una discusión técnica sobre LZB y ASFA ahora es una pelea por el relato. La hipótesis del hackeo gana espacio, aunque nadie aporta pruebas. La comparación con la aviación se rompe: ya no sirve para decir que el sistema es seguro, sino para todo lo contrario. Y entra un asunto nuevo: la antigüedad de los ordenadores de ADIF. Un forero asegura que son de principios de los 90 y que con el presupuesto que tiene la entidad es una vergüenza. No hay confirmación, pero el mensaje cuaja.
La experiencia personal que ordena el debate
El mensaje del forero del sector aeronáutico es el que más juego da. No habla de oídas: dice que trabaja en aviación y que allí no se depende de una libreta. Su conclusión es que el protocolo no funciona al 100%, y que culpar a un fulano es ridículo. La respuesta que recibe no rebate el fondo, sino la forma: le acusa de no haber pisado un puesto de mando. El intercambio se queda ahí, sin que nadie haya visitado nada.
Lo que se dice y lo que se sospecha
En este tramo nadie pega vídeos, tuits ni enlaces. Las fuentes que se citan son la propia normativa (NEC desde 1992, normativa europea refundida desde 2017) y los audios filtrados, que unos consideran prueba de impreparación y otros de manipulación. La cifra que más se repite es la de
3 km de distancia a la que el tren no se detuvo. La fecha que se maneja es el
28 de octubre de 2026, con mensajes que se cruzan hasta el día siguiente.