El hilo se rompe: de la etiqueta a la gramática
La conversación sobre las altas capacidades arranca con una frase que ya es un clásico del foro:
«Altas capacidades ya es cualquier cosa. Es tontuna, mucha tontuna». A partir de ahí, el hilo se parte en dos: los que sostienen que la etiqueta se ha inflado y los que intentan poner algo de orden técnico. Pero antes de que eso ocurra, un mensaje rompe el ritmo: alguien corrige la gramática del titular y el debate se va un momento a la sintaxis.
Qué se ha sabido
El hilo empieza con una queja directa:
«Altas capacidades ya es cualquier cosa». A los pocos mensajes, un forero responde con un ejemplo cotidiano:
«con lo que se enseña en los colegios cualquiera medio normal ya destaca». La conversación se calienta cuando otro participante afirma que la etiqueta se ha convertido en un recurso para padres con heridas narcisistas.
Uno de los mensajes más citados es el de un forero que cuenta dos casos de su entorno:
un hijo que necesitó ayudas para pasar de curso y otro que cortó el contacto con sus padres. Lo cuenta sin rodeos:
«La realidad siempre acaba saliendo a la luz, tarde o temprano».
En medio del debate, alguien enlaza una película en Filmaffinity que, según dice, trata el tema:
una película sobre las altas capacidades. El enlace se comenta de pasada y no genera más respuestas.
Otro forero intenta aportar algo de precisión técnica:
«altas capacidades» es un paraguas más amplio que «superdotado», e incluye talentos específicos. Asegura que la identificación oficial la hace el equipo de orientación con pruebas estandarizadas. El mensaje queda ahí, pero no frena la desconfianza general.
Dónde está la bronca
La bronca se divide en tres frentes. El primero es el más repetido:
la etiqueta se ha inflado. Varios foreros sostienen que cualquier niño espabilado ya es catalogado como altas capacidades. Uno de ellos lo resume con sorna:
«con tres añitos ya ven Pepa Pig en un móvil y el niño sabe pasar de pantalla con un dedito».
El segundo frente es el de los diagnósticos que se solapan. Un participante cuenta que una amiga suya está diagnosticada de TDAH, autismo y altas capacidades, y lo atribuye a una necesidad de sentirse mejor. Otro forero añade que antes esos niños eran
«unos vagos redomados» y ahora son
«niños de altas capacidades que se aburren en clase».
El tercer frente es el más personal. Un forero cuenta que su hija, profesora, se hizo el test y salió superdotada:
«aprobó la carrera sin suspensos y las oposiciones a la primera con 23 años». Pero él mismo reconoce que nunca lo habían pensado en casa. Su conclusión es que
«como han bajado el nivel de la enseñanza hay más superdotados».
La bronca no se resuelve. Hay quien defiende que existen casos reales y quien insiste en que la etiqueta es una moda. Un forero lo compara con el gluten:
«Es una moda, como lo del gluten».
Qué cambia respecto a antes
El hilo ya no discute si la etiqueta está inflada; eso se da por hecho en la mayoría de los mensajes. Lo que cambia es que ahora aparecen
casos concretos con nombres y apellidos del entorno de los foreros. Ya no se habla en abstracto: se cuentan historias de hijos que fracasan, de padres que piden clemencia a los profesores y de hijos que cortan la relación.
También entra un elemento nuevo: la corrección gramatical. Un forero se para a analizar la sintaxis del titular y el hilo se desvía durante unos mensajes. Es un paréntesis que no aporta al tema, pero que muestra el tono de tertulia del foro.
La predicción que se lanza es clara:
«La realidad siempre acaba saliendo a la luz». No se da un plazo, pero se sugiere que el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Nadie la rebate.
Un caso personal que vale la pena
El mensaje más leído es el de un forero que cuenta dos casos de su entorno. El primero: un hijo que necesitó ayudas para pasar de curso y cuyos padres lloraron a los profesores para que lo aprobaran. El segundo: otro hijo que creció y cortó el contacto con sus padres, que seguían repitiendo lo especial que era su retoño. El forero insiste en que ambos son
«100% verídicos». No da nombres, pero el relato encaja con la desconfianza general hacia la etiqueta.