Por qué España sigue atrapada en el mileurismo 20 años después
En 2005 una carta al director bautizó al mileurista: mil euros, piso compartido y llegar justo a fin de mes. Dos décadas y una
inflación acumulada del 60% después, ese mismo perfil cobra unos 1.500 euros netos. Y sigue sin llegar. La pregunta no es ya cuánto gana el español medio, sino por qué el
salario mediano se ha quedado clavado en la
frontera de los 1.500-1.600 euros netos mientras el alquiler se ha duplicado desde 2005.
El diagnóstico que se impone en la conversación económica tiene seis patas: productividad estancada, un modelo low cost, empresas enanas, poca inversión en I+D, un SMI que sube solo y un mercado laboral que durante quince años le quitó al trabajador cualquier capacidad de negociar. Ninguna explica todo. Juntas, sí.
La productividad que no arranca desde 1995
El dato central: la productividad española sube un 0,6% anual desde 1995. En 2026 se produce casi lo mismo por hora que en 2005. Entre 2022 y 2025 el PIB creció un 16% y la productividad solo un 1%. Traducción: el país creció metiendo más gente a trabajar, no trabajando mejor. Si no produces más por hora, el empresario no puede pagar más sin perder dinero, y ahí se acaba la discusión salarial antes de empezar.
Hay quien matiza el dato: los registros de 1995 arrastran mucha economía sumergida y la productividad por hora subió entre 2008 y 2013 en buena parte porque se destruyeron 3,5 millones de empleos de bajo valor añadido. No porque nadie aprendiera a programar. La estadística también tiene su trampa.
El modelo low cost y las empresas de 8,8 empleados
España eligió turismo, hostelería, construcción y comercio. El 94% de las empresas tienen menos de diez trabajadores; la media española es de 8,8 empleados frente a los 12,1 europeos. Una empresa de ocho personas no invierte en tecnología, ni en formación, ni en exportar. Y si no invierte, no sube la productividad. Y si no sube la productividad, no sube el sueldo.
El detalle más llamativo: hay un 62% más de empresas con 49 empleados de lo que estadísticamente debería haber. A partir de 50 se exige comité de empresa, delegado sindical y más papeleo. Así que se frena el crecimiento justo en el umbral. La inversión en I+D lo confirma: 1,4% del PIB frente al 2,2% europeo y el 3,1% alemán. Y entre 2000 y 2007, dos de cada tres euros invertidos fueron a ladrillo.
El SMI sube, el salario mediano no
Aquí está la paradoja más incómoda. El SMI pasó de 736 euros en 2018 a 1.184 en 2025, un 61% más. Pero el salario mediano no acompañó: en 2005 era 2,1 veces el mínimo; hoy solo 1,5 veces. El fenómeno se llama
bunching: la proporción de trabajadores que cobran hasta un 125% del SMI pasó del 7,9% al 22,8%.
El efecto es perverso. Antes el veterano cobraba 1.600 y el nuevo 900. Ahora el nuevo cobra 1.184 por ley y el de diez años sigue en 1.300, porque a la empresa no le compensa subirle. El suelo sube, el techo no. Y el de quince años de antigüedad se queda en
milquini.
Quince años de paro al 20% quitaron el poder de negociar
Con cinco millones de parados nadie pide subida. Si pides, hay cien en la puerta. Eso se quedó en la cultura: la afiliación sindical es del 12,5%, por debajo de la media OCDE (15,2%). Aunque el paro esté en el 11,8%, la temporalidad sigue pesando. Y el alquiler se duplicó desde 2005: el mileurista de entonces compartía piso; el de 2026 cobra 1.500 y paga 1.163 en Valencia, quedándole 337 euros para todo lo demás.
Hay una corriente que sostiene que el problema es de incentivos, no de almas: la gente no oposita por carácter, sino porque el diferencial de riesgo entre privada y plaza es abrumador. Otra apunta al desajuste entre formación y empleo: un país que paga ingenieros para servir cañas está mal asignando su capital humano. Y una tercera discute la propia vara de medir: si se calcula la inflación real por recaudación de IVA en lugar de por IPC, el poder adquisitivo perdido desde 2005 es mucho mayor que ese 60%.
La predicción, con reservas: sin un salto de productividad y sin empresas que crezcan por encima de los 49 empleados, el mileurismo no se corrige solo con decretos de SMI. La duda es si el próximo ciclo lo arregla el mercado o lo rompe antes la factura del alquiler.