Noticia: Oleada de votantes de VOX entre jóvenes de clase obrera: "Soy Lucía, 23 años, de Parla, dependienta y con novio jovenlandés. VOX es nuestra salvación"

Oleada de votantes de VOX entre jóvenes de clase obrera: "Soy Lucía, 23 años, de Parla, dependienta y con novio jovenlandés. VOX es nuestra salvación"
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Vox ha convertido a los jóvenes de barrios obreros en su nuevo objetivo electoral, y los datos de intención de voto ya lo reflejan: un 21% entre los menores de 30 años y un 20,4% en el nivel económico bajo, por encima del 19,3% global del partido.

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Vox ha convertido a los jóvenes de barrios obreros en su nuevo objetivo electoral, y los datos de intención de voto ya lo reflejan: un 21% entre los menores de 30 años y un 20,4% en el nivel económico bajo, por encima del 19,3% global del partido. El caso de Lucía Morales, dependienta de 23 años en Parla, ilustra cómo el discurso de prioridad nacional y crítica a la inmigración se abre paso entre votantes que antes miraban a la izquierda.

Hay una parada de tranvía en Parla donde se puede medir el cambio político de España mejor que en cualquier sede de partido. Lucía Morales, 23 años, dependienta en una sucursal de La Casa de las Carcasas, espera allí al chico con el que comparte un cuarto de 600 euros sin ascensor. Estudió Marketing y Publicidad, pero gana 1.050 euros al mes que redondea hasta 1.200 si las comisiones acompañan. Su novio, Hamza, de origen marroquí, trabaja de mozo de almacén y suma otros 1.200. Ella se crió en una familia de izquierdas, con padres autónomos y abuelos que fueron economista y jefe de Correos. El 29-N votará a Vox. Y ha convencido a su pareja para que haga lo mismo.

El perfil de Lucía no es una anécdota simpática para rellenar un reportaje. Es exactamente la capa de población que Vox lleva meses trabajando: joven, mujer y obrera. El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO confirma que ese trabajo está dando resultado. La intención de voto del partido entre los menores de 30 años alcanza el 21%, y en el nivel económico bajo llega al 20,4%. La media global del partido se queda en el 19,3%. Entre las mujeres aún va por detrás, con un 17,6%, pero la serie sube oleada tras oleada.

De Parla a Pozuelo: el mapa del nuevo voto

«Nuestro discurso ya funciona mejor en Parla que en Pozuelo», resume un miembro del núcleo duro de Santiago Abascal. La frase tiene más de diagnóstico que de fanfarronada. Parla es un municipio del sur de Madrid donde los alcaldes socialistas se han turnado desde la Transición. En las generales de 2023, Vox quedó allí en tercera posición con un 16,82% de los votos. El 29-N aspira a arañar apoyos al PP y al PSOE en ese mismo terreno.

La transferencia de votos que detecta Sigma Dos va en esa dirección. Hace un año, apenas el 0,5% de quienes habían votado al PSOE en 2023 se habían pasado a Vox. Ahora esa cifra alcanza el 4,3%, algo más de 350.000 sufragios. El 2,1% de los votantes de Sumar también habría cambiado de papeleta. Son números que explican por qué el partido ha dejado de ser un fenómeno de nicho para convertirse en competidor directo por el electorado que la izquierda daba por consolidado.

Isabel Pérez Moñino, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, viene de Fuenlabrada, otro municipio del cinturón industrial de la capital. Su lectura es que «cada vez más trabajadores están dejando de confiar en una izquierda que ha abandonado sus intereses y su realidad material». La formulación es de partido, pero el fondo coincide con lo que dicen los politólogos que llevan años estudiando el fenómeno: el voto obrero ya no tiene dueño fijo.

La inmigración como explicación única

Si hay un eje que ordena el discurso de Vox hacia este votante, es la inmigración. «El aplausómetro de los mítines deja claro que es lo que más llega», admite otro íntimo de Abascal. La inmigración funciona como diagnóstico simplificado para el resto de preocupaciones: el colapso de los servicios públicos, el precio de la vivienda, la percepción de inseguridad. Todo se atribuye a la llegada de extranjeros, sin muchos matices. La solución que propone el partido tiene dos patas: repatriar inmigrantes y establecer la «prioridad nacional» en el acceso a ayudas.

Lucía compra ese marco, aunque con contradicciones que ella misma reconoce. Tacha de «estafa» a la izquierda actual. Le indigna que la sanidad pública sufrague operaciones de cambio de sexo mientras ella tiene que pagarse un empaste. Y sostiene que la mayoría de sus amigos son inmigrantes, pero que son los primeros en estar en contra de quienes llegan ahora. Su entorno desmiente la generalización: su pareja es marroquí y ella asegura que, precisamente por eso, no ha tenido problemas en la calle. «Si fuera español...», deja caer.

David Lerín, profesor de la Universidad Complutense y autor de una investigación sobre la estrategia política de Vox tras su irrupción electoral, lo resume así: el discurso de «sentido común» que mezcla bolsillo, seguridad e identidad étnica conecta bien con este votante. No es una fórmula nueva. Es la misma que Marine Le Pen lleva años aplicando en el norte de Francia y que en Italia ha rentabilizado Giorgia Meloni. La novedad española es que ese mensaje ya no rebota en los barrios que tradicionalmente votaban a la izquierda.

Vivienda, sanidad y la vuelta a casa de noche

Las tres grandes preocupaciones de Lucía son la vivienda, la sanidad y la inseguridad. No es una lista sorprendente: son las mismas que aparecen en cualquier encuesta sobre problemas de los jóvenes españoles. Lo que cambia es a quién culpan. Cada noche, cuando vuelve del trabajo, su novio va a buscarla al Cercanías aunque sea a medianoche. «Si no me gritan, se me acercan, me persiguen», dice. Su percepción de inseguridad es real, independientemente de lo que digan las estadísticas.

El canal por el que llega el mensaje también ha cambiado. Los mítines y los medios tradicionales ya no son la vía principal para este electorado. Luis Miller, sociólogo del CSIC, señala que en el caso de las chicas jóvenes los mensajes funcionan «bajo el radar» y de forma individualizada gracias al algoritmo. Les llegan sobre todo por TikTok, Instagram y creadores de contenido. Ven pocos debates y muchos realities. La política, para esta generación, se consume como entretenimiento o no se consume.

Lucía, en cambio, parece informada. Sabe qué le rechina de Vox: el rechazo al aborto, el apoyo a los toros, la sanidad privada. Pero vota igual. Su cálculo es otro: quiere que el partido tenga fuerza suficiente el 29-N para arrastrar al PP a tomar medidas radicales. «Si Vox no está fuerte, pactarán con el PSOE y todo seguirá igual», argumenta. Es la lógica del voto útil por la puerta de atrás, la de quien no espera que su partido gobierne sino que condicione al que gobierne.

El futuro con miedo y la papeleta como protesta

Cuando se le pregunta por su futuro, Lucía no habla de ideología. Habla de su madre. A los 23 años, su madre ya se estaba construyendo su casa y tenía una hija deseada en el vientre. Ella cobra una miseria, comparte cuarto y se ha mudado tres veces en un año. «Vox es mi única esperanza de que algo cambie», dice. Es la frase que resume el fenómeno mejor que cualquier gráfico: el voto de Vox entre jóvenes obreros no es solo un voto de rechazo, es un voto de desesperación económica.

Ese es el terreno que la izquierda ha perdido y que el partido de Abascal ha ocupado con un mensaje que mezcla lo material y lo identitario. La pregunta que queda abierta es si ese trasvase de votos se consolida o se queda en un castigo puntual. Los datos de Sigma Dos apuntan a lo primero: la tendencia al alza se confirma oleada tras oleada. Y en Parla, una dependienta de 23 años con novio marroquí ya ha decidido que su papeleta del 29-N será la de Vox. No por convicción ideológica completa, sino porque siente que es la única que le habla de su vida.

Datos clave
  • El 21% de los menores de 30 años votaría a Vox, por encima del 19,3% de intención global del partido, según Sigma Dos para EL MUNDO.
  • El 20,4% del nivel económico bajo apoya a Vox, frente al 18% de la clase media y el 19,4% de la media-alta.
  • El 4,3% de los votantes del PSOE en 2023 se ha pasado a Vox, algo más de 350.000 sufragios, frente al 0,5% de hace un año.
  • En Parla, Vox quedó en tercera posición en las generales de 2023 con el 16,82% de los votos.
  • Lucía Morales, dependienta de 23 años, cobra 1.050 euros al mes y paga 600 por una habitación sin ascensor en Parla.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Vlad_Empalador

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Cómo Vox quiere arrasar entre los jóvenes proletarios: "Ya funcionamos mejor en Parla que en Pozuelo"

ELECCIONES GENERALES 2026

El votante crucial (1)

Cómo Vox quiere arrasar entre los jóvenes proletarios: "Ya funcionamos mejor en Parla que en Pozuelo"​

Vox busca crecer entre jóvenes, mujeres y obreros. Lucía Sarracena, dependienta de 23 años, encaja en las tres categorías y votará a Abascal el 29-N como protesta ante un sistema del que se siente expulsada. "Nos dirijimos a los perdedores de la globalización, afirma un miembro del 'núcleo duro' del partido
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Lucía Sarracena, en una parada del tranvía de Parla.Ángel Navarrete

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Gonzalo Suárez
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Actualizado Miércoles,4noviembre2026-22:41
Lucía Sarracena, de 23 años, es una trabajadora precaria. Aunque estudió Marketing y Publicidad, se gana la vida como dependienta en una sucursal de La Casa de las Carcasas. Apenas ingresa 1.050 euros al mes, que redondea hasta los 1.200 si tiene suerte con las comisiones.

Lucía se crió en una familia de izquierdas de toda la vida. Fueron los valores que le inculcaron sus padres, una pareja de autónomos que la tuvieron cuando sólo tenían 23 años. También eran los de sus abuelos -ella economista y él jefe de Correos- que se encargaron de su educación.

Lucía vive en Parla, un feudo de la izquierda madrileña, donde los alcaldes socialistas se han turnado desde la Transición. Paga 600 euros por una habitación en un cuarto sin ascensor que comparte con su chico, Hamza, de origen ingenieros. Él trabaja de mozo de almacén y también junta unos 1.200 euros a final de mes.

Hace sólo cinco años, este perfil habría desembocado en un voto casi seguro para los partidos de izquierda. Ya no: Lucía tiene clarísimo que el 29-N cogerá la papeleta de Vox como protesta ante un sistema que no le ofrece ninguna perspectiva de prosperidad. «También he convencido a mi chico de que vote lo mismo», presume mientras comparte unas patatas fritas con una amiga de origen latino.

Lucía encarna tres capas de la población en las que Vox quiere asentar su crecimiento en estas elecciones: joven, mujer y obrera. Es lo que en ciertos sectores de la izquierda urbana se conoce como una reaccionariopobre, un epíteto que ella acepta sin inmutarse. «Lo soy y a mucha honra», afirma. «Que me llamen lo que quieran, que yo voto lo que me conviene».

Para saber más
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Anatomía del 'plan obrero' de Vox.

Así ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos meses​


  • Redacción: RODRIGO TERRASA Madrid
Así ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos meses

El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO confirma la solidez del apoyo a Vox en estos tres grupos. La intención de voto entre los menores de 30 años (21%) y en el nivel económico bajo (20,4%) ya es superior a la global del partido (19,3%). Entre las mujeres aún andan a la zaga (17,6%), pero la tendencia al alza se confirma oleada tras oleada.

«Nuestro discurso ya funciona mejor en Parla que en Pozuelo», dice un miembro del núcleo duro de Santiago Abascal. «Desde el principio nos hemos dirigido a los perdedores de la globalización. Llevamos años defendiendo lo mismo: prioridad nacional, desregulación, remigración... Lo que ha cambiado ahora es cómo nos percibe este votante: si antes nuestra propuesta le parecía algo estrafalaria por sus prejuicios ideológicos, ahora nos ve como la única opción que les apela directamente».

Los datos de Sigma Dos confirman esta nutrida transferencia de apoyos. Hace un año, apenas el 0,5% de los votantes del PSOE de 2023 se habían pasado a Vox. Ahora, esta cifra ya alcanza el 4,3%: es decir, algo más de 350.000 sufragios.

«Lo que está ocurriendo en los barrios obreros españoles es algo que ya hemos visto en otros países europeos», dice Isabel Pérez Moñino, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, que proviene de una ciudad del cinturón rojo de la capital como Fuenlabrada. «Cada vez más trabajadores están dejando de confiar en una izquierda que ha abandonado sus intereses y su realidad material».

Lucía es todavía más rotunda: tacha de «engaña» a la izquierda actual. No entiende que la sanidad pública sufrague las operaciones de cambio de sesso, mientras que ella tenga que pagarse de su bolsillo un empaste. También le enfada el boom de forasteros de los últimos años: según ella, no quieren trabajar, sino «absorber de ayudas públicas»: «La mayoría de mis amigos son forasteros, pero ellos son los primeros que están en contra de los extranjeros que están viniendo ahora».

La denuncia de la inmi gración «descontrolada» es, precisamente, el pilar del mensaje de Vox hacia el votante obrero. «El aplausómetro de los mítines deja claro que es lo que más llega», dice otro íntimo de Abascal.

La inmi gración sirve a Vox como diagnóstico simplificado para el resto de inquietudes de este votante. El colapso de los servicios públicos, el disparatado precio de la vivienda o la percepción de inseguridad se deben, según los de Abascal, a la llegada de millones de extranjeros, sin añadir muchos más matices. Y su solución es doble: repatriar forasteros y establecer la «prioridad nacional» en el acceso a ayudas.

«El discurso de 'sentido común' que mezcla bolsillo, seguridad e identidad étnica les conecta bien con este votante», dice David Lerín, profesor de la Universidad Complutense y autor de la investigación Cambios en la estrategia política de Vox tras su irrupción electoral: Populismo y búsqueda del voto obrero.

La vivienda, la sanidad y la inseguridad son, precisamente, las tres grandes preocupaciones de Lucía. Cada noche, cuando vuelve del trabajo, su novio va a buscarla al Cercanías, aunque sea a medianoche. «Si no me gritan, se me acercan, me persiguen...», dice. «Estoy segura de que no hemos tenido problemas porque mi chico es de origen ingenieros y le respetan. Si fuera español...».

Los mensajes de Vox a estas votantes no se difunden por los canales de toda la vida, como los mítines o los medios tradicionales. En el caso de las chicas jóvenes funcionan «bajo el radar» y de forma individualizada gracias al algoritmo. «Les llegan sobre todo TikTok, Instagram y creadores de contenido: estas mujeres ven pocos debates y muchos realities», explica Luis Miller, sociólogo del CSIC.

Lucía, en cambio, sí parece informada de las ideas de cada partido. Hay detalles de Vox que le rechinan, como su rechazo al aborto o su apoyo a los toros y a la sanidad privada. Pero desea que obtengan resultado potente el 29-N que arrastre al PP a tomar medidas radicales: «Si Vox no está fuerte, pactarán con el PSOE y todo seguirá igual».

-¿Cómo ves tu futuro?

-Con mucho miedo. A los 23 años, mi progenitora ya se estaba construyendo su casa y tenía una hija deseada en el vientre. Yo cobro una miseria, comparto cuarto y he tenido que mudarme tres veces en un año. Vox es mi única esperanza de que algo cambie.

Los datos​


Transferencia de votos. El 4,3% de los votantes del PSOE y el 2,1% de los de Sumar ahora apoyarán a Vox, según el último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO, realizado tras el accidente de Urda.

Apoyo obrero. Vox ya obtiene más votos entre la clase media-baja (20,4%) que en la media (18%) y en la media-alta (19,4%).

Parla, filón de Vox. En las generales de 2023, quedó en tercera posición, con un 16,82% de votos. El 29-N aspira a 'robar' apoyos a PP y PSOE.
 
Cómo Vox quiere arrasar entre los jóvenes proletarios: "Ya funcionamos mejor en Parla que en Pozuelo"

ELECCIONES GENERALES 2026

El votante crucial (1)

Cómo Vox quiere arrasar entre los jóvenes proletarios: "Ya funcionamos mejor en Parla que en Pozuelo"​

Vox busca crecer entre jóvenes, mujeres y obreros. Lucía Sarracena, dependienta de 23 años, encaja en las tres categorías y votará a Abascal el 29-N como protesta ante un sistema del que se siente expulsada. "Nos dirijimos a los perdedores de la globalización, afirma un miembro del 'núcleo duro' del partido
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Lucía Sarracena, en una parada del tranvía de Parla.Ángel Navarrete

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Actualizado Miércoles,4noviembre2026-22:41
Lucía Sarracena, de 23 años, es una trabajadora precaria. Aunque estudió Marketing y Publicidad, se gana la vida como dependienta en una sucursal de La Casa de las Carcasas. Apenas ingresa 1.050 euros al mes, que redondea hasta los 1.200 si tiene suerte con las comisiones.

Lucía se crió en una familia de izquierdas de toda la vida. Fueron los valores que le inculcaron sus padres, una pareja de autónomos que la tuvieron cuando sólo tenían 23 años. También eran los de sus abuelos -ella economista y él jefe de Correos- que se encargaron de su educación.

Lucía vive en Parla, un feudo de la izquierda madrileña, donde los alcaldes socialistas se han turnado desde la Transición. Paga 600 euros por una habitación en un cuarto sin ascensor que comparte con su chico, Hamza, de origen ingenieros. Él trabaja de mozo de almacén y también junta unos 1.200 euros a final de mes.

Hace sólo cinco años, este perfil habría desembocado en un voto casi seguro para los partidos de izquierda. Ya no: Lucía tiene clarísimo que el 29-N cogerá la papeleta de Vox como protesta ante un sistema que no le ofrece ninguna perspectiva de prosperidad. «También he convencido a mi chico de que vote lo mismo», presume mientras comparte unas patatas fritas con una amiga de origen latino.

Lucía encarna tres capas de la población en las que Vox quiere asentar su crecimiento en estas elecciones: joven, mujer y obrera. Es lo que en ciertos sectores de la izquierda urbana se conoce como una reaccionariopobre, un epíteto que ella acepta sin inmutarse. «Lo soy y a mucha honra», afirma. «Que me llamen lo que quieran, que yo voto lo que me conviene».

Para saber más
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Anatomía del 'plan obrero' de Vox.

Así ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos meses​


  • Redacción: RODRIGO TERRASA Madrid
Así ha logrado arrebatar 300.000 votos al PSOE en tan solo dos meses

El último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO confirma la solidez del apoyo a Vox en estos tres grupos. La intención de voto entre los menores de 30 años (21%) y en el nivel económico bajo (20,4%) ya es superior a la global del partido (19,3%). Entre las mujeres aún andan a la zaga (17,6%), pero la tendencia al alza se confirma oleada tras oleada.

«Nuestro discurso ya funciona mejor en Parla que en Pozuelo», dice un miembro del núcleo duro de Santiago Abascal. «Desde el principio nos hemos dirigido a los perdedores de la globalización. Llevamos años defendiendo lo mismo: prioridad nacional, desregulación, remigración... Lo que ha cambiado ahora es cómo nos percibe este votante: si antes nuestra propuesta le parecía algo estrafalaria por sus prejuicios ideológicos, ahora nos ve como la única opción que les apela directamente».

Los datos de Sigma Dos confirman esta nutrida transferencia de apoyos. Hace un año, apenas el 0,5% de los votantes del PSOE de 2023 se habían pasado a Vox. Ahora, esta cifra ya alcanza el 4,3%: es decir, algo más de 350.000 sufragios.

«Lo que está ocurriendo en los barrios obreros españoles es algo que ya hemos visto en otros países europeos», dice Isabel Pérez Moñino, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, que proviene de una ciudad del cinturón rojo de la capital como Fuenlabrada. «Cada vez más trabajadores están dejando de confiar en una izquierda que ha abandonado sus intereses y su realidad material».

Lucía es todavía más rotunda: tacha de «engaña» a la izquierda actual. No entiende que la sanidad pública sufrague las operaciones de cambio de sesso, mientras que ella tenga que pagarse de su bolsillo un empaste. También le enfada el boom de forasteros de los últimos años: según ella, no quieren trabajar, sino «absorber de ayudas públicas»: «La mayoría de mis amigos son forasteros, pero ellos son los primeros que están en contra de los extranjeros que están viniendo ahora».

La denuncia de la inmi gración «descontrolada» es, precisamente, el pilar del mensaje de Vox hacia el votante obrero. «El aplausómetro de los mítines deja claro que es lo que más llega», dice otro íntimo de Abascal.

La inmi gración sirve a Vox como diagnóstico simplificado para el resto de inquietudes de este votante. El colapso de los servicios públicos, el disparatado precio de la vivienda o la percepción de inseguridad se deben, según los de Abascal, a la llegada de millones de extranjeros, sin añadir muchos más matices. Y su solución es doble: repatriar forasteros y establecer la «prioridad nacional» en el acceso a ayudas.

«El discurso de 'sentido común' que mezcla bolsillo, seguridad e identidad étnica les conecta bien con este votante», dice David Lerín, profesor de la Universidad Complutense y autor de la investigación Cambios en la estrategia política de Vox tras su irrupción electoral: Populismo y búsqueda del voto obrero.

La vivienda, la sanidad y la inseguridad son, precisamente, las tres grandes preocupaciones de Lucía. Cada noche, cuando vuelve del trabajo, su novio va a buscarla al Cercanías, aunque sea a medianoche. «Si no me gritan, se me acercan, me persiguen...», dice. «Estoy segura de que no hemos tenido problemas porque mi chico es de origen ingenieros y le respetan. Si fuera español...».

Los mensajes de Vox a estas votantes no se difunden por los canales de toda la vida, como los mítines o los medios tradicionales. En el caso de las chicas jóvenes funcionan «bajo el radar» y de forma individualizada gracias al algoritmo. «Les llegan sobre todo TikTok, Instagram y creadores de contenido: estas mujeres ven pocos debates y muchos realities», explica Luis Miller, sociólogo del CSIC.

Lucía, en cambio, sí parece informada de las ideas de cada partido. Hay detalles de Vox que le rechinan, como su rechazo al aborto o su apoyo a los toros y a la sanidad privada. Pero desea que obtengan resultado potente el 29-N que arrastre al PP a tomar medidas radicales: «Si Vox no está fuerte, pactarán con el PSOE y todo seguirá igual».

-¿Cómo ves tu futuro?

-Con mucho miedo. A los 23 años, mi progenitora ya se estaba construyendo su casa y tenía una hija deseada en el vientre. Yo cobro una miseria, comparto cuarto y he tenido que mudarme tres veces en un año. Vox es mi única esperanza de que algo cambie.

Los datos​


Transferencia de votos. El 4,3% de los votantes del PSOE y el 2,1% de los de Sumar ahora apoyarán a Vox, según el último sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO, realizado tras el accidente de Urda.

Apoyo obrero. Vox ya obtiene más votos entre la clase media-baja (20,4%) que en la media (18%) y en la media-alta (19,4%).

Parla, filón de Vox. En las generales de 2023, quedó en tercera posición, con un 16,82% de votos. El 29-N aspira a 'robar' apoyos a PP y PSOE.
Si esta persona consigue comprarse un coche de segunda mano, tanto el PSOE como el PP no le dejarán entrar con él al centro de Madrid (y, creo, que tampoco al de Parla el año que viene).

Solo queda VOX. No sabemos qué haría en caso de gobernar en solitario, pero por lo menos está en contra.

No entiendo a la gente que vota a partidos que no te dejan entrar con tu coche modesto pero sí se lo permiten a los ricos que van en Tesla o en Hummer híbridos.
 
Si el PSOE hace pucherazo = Saca 100 escaños.

Si no hay pucherazo - Saca 60 escaños.

No debería sacar ni 20, pero la red de clientes es muy grande.
 
Y la persona que aparece detrás en la foto. Lo que ha pasado en Madrid es un tema serio.
 

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