Adobe tiembla: clones gratis de Photoshop y su suite
En cuestión de semanas, un proyecto de código abierto ha puesto patas arriba el negocio del software creativo. La noticia, que circula con fuerza en foros de economía y tecnología, apunta a que se ha recreado las funciones de las principales aplicaciones de Adobe —Photoshop, Illustrator, Premiere, Lightroom, Acrobat Pro, After Effects e InDesign— utilizando el modelo de IA Claude Opus 5.5. El resultado: clones gratuitos, en Rust nativo, con licencia libre y disponibles para Linux, Windows y Mac. El repositorio acumula ya 44.000 estrellas en GitHub y recibe actualizaciones cada tres días, según los datos que se manejan en el hilo. La comunidad lo celebra como un golpe definitivo al modelo de suscripción que Adobe impone desde hace años.
¿Qué ha pasado y por qué se considera un golpe a Adobe?
El detonante es un proyecto que, según los datos que se manejan, ha recreado las funciones clave de siete aplicaciones de Adobe sin tocar una sola línea de su código original. La clave técnica está en que no se ha copiado el código, sino que se ha generado uno nuevo desde cero, lo que en teoría lo hace legal. «Es un programa nuevo, legal, inspirado en Photoshop», resume un análisis que circula en el hilo. El código es libre, lo que significa que cualquiera puede crear su propia versión, modificarla o compilarla. La velocidad de iteración es vertiginosa: cada tres días hay mejoras. Y el respaldo es masivo: 44.000 estrellas en GitHub en apenas tres semanas, según los datos que se manejan.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que esto es el fin de las suscripciones con cargos por cancelación: «Serán tuyas para siempre. Puedes crear tus propias versiones (forks), compilarlas... lo que quieras. Son tuyas. Son de código abierto», se afirma en el mensaje inicial. Otros, más cautos, recuerdan que el software libre no es nuevo y que Adobe lleva décadas conviviendo con alternativas. Pero el argumento que más peso tiene es el económico: las empresas que pagan licencias de Adobe podrían ahorrarse miles de euros al año si estos clones funcionan bien.
El negocio de Adobe: suscripciones, auditorías y clientes que no piratean
Adobe no gana dinero con quienes piratean sus programas. Gana con las empresas que pagan religiosamente sus licencias para evitar problemas en las auditorías. Ese es el punto que varios análisis subrayan: «A Adobe no le importa la gente que no paga/piratea. Antes ganaban 0 $ con los que no pagaban, ahora ganará 0 $ con esos mismos, nunca fueron sus clientes». El verdadero riesgo está en que una empresa mediana o grande decida migrar a estas alternativas libres. «El jefecillo de turno ya verás lo que tarda en decidir ahorrarse 50.000 al año», se apunta con sorna.
La magnitud del sector en juego no es menor. Según los datos que se citan, la industria del software estadounidense representa entre el 8% y el 10% del PIB de EE. UU. si se mide por su impacto económico total. Los informes de Software.org (BSA Foundation) cifran el valor añadido del sector en más de 1,9 billones de dólares, cerca del 9,3% del PIB. Un cambio de paradigma en el software creativo, aunque sea en un nicho, puede tener ondas expansivas en toda la industria.
¿Es legal la ingeniería inversa de programas de código cerrado?
Aquí el debate jurídico está servido. La ingeniería inversa de productos de código cerrado es un terreno pantanoso. Copiar la interfaz sí puede infringir derechos de propiedad intelectual, pero copiar funcionalidades no está tan claro. «No se puede copiar siquiera la interfaz», advierte una voz crítica. Sin embargo, otros argumentan que lo que se ha hecho es reimplementar funciones, no copiar código. «Una cosa importante: las ventas de Adobe vienen de gente que paga. A Adobe no le importa la gente que no paga», insisten.
La comparación con el automóvil ayuda: «Como si yo me hago con los planos de un BMW, le pongo mi marca y la intento vender. Te lo van a tumbar en cero coma». Pero el matiz es que aquí no se copian planos, sino que se crea un coche nuevo que hace lo mismo. La clave está en si se puede patentar el proceso o solo la implementación concreta. Y en un contexto donde la IA puede generar miles de variaciones en días, la aplicación de la ley se vuelve un juego del ratón y el gato.
El impacto en el mercado laboral y en el ecosistema profesional
Más allá de la legalidad, el debate se centra en si estos clones serán adoptados por el mundo profesional. La respuesta no es unánime. Por un lado, están quienes señalan que las empresas no solo pagan por el software, sino por el ecosistema: formación, soporte, compatibilidad con otras herramientas y una bolsa de trabajadores ya entrenados en esas aplicaciones. «Si una empresa paga una licencia de Adobe, es por entrar en un ecosistema de 20 herramientas diferentes interconectadas», se argumenta. Cambiar eso no es trivial.
Por otro lado, la presión de costes es real. «En un cliente donde solía trabajar han hecho esto para otro software y se ahorran 1 kilo al año en licencia y soporte», relata una experiencia. Para muchas pymes, la diferencia entre pagar 50.000 euros al año o cero es decisiva. La pregunta es si la calidad y la fiabilidad de los clones estarán a la altura. «Nadie va a usarlo si funciona mal», sentencian.
El futuro del software propietario: ¿hacia un modelo híbrido?
El consenso que emerge es que el software propietario que no aporte un valor diferencial claro tiene los días contados. «Lo que está acabado seguramente sean los modelos clásicos de código cerrado que no aporten nada», se afirma. Pero eso no significa el fin de Adobe. La compañía podría reorientarse hacia servicios de valor añadido: certificación de seguridad, integración empresarial, soporte premium. «Adobe ahora lo que venderá a las empresas es su producto... 100% verificado sin troyanos», se especula. En un mundo donde la IA puede generar clones en días, la confianza y la garantía jurídica se convierten en el nuevo campo de batalla.
Mientras tanto, la comunidad sigue celebrando. «Game Over Adobe», se repite. Y aunque el escepticismo es razonable —«¿Es legal?», «¿Funcionará bien?»—, el hecho es que el código ya está ahí, es libre y se actualiza cada tres días, según los datos que se manejan. La pelota está en el tejado de Adobe.