Del Nobel al Shanghai: el hilo acaba en un pique personal
El tramo lleva el hilo del Nobel al ranking de Shanghai y lo deja caer en un pique personal. Empieza discutiendo si un premio sueco mide la formación de un país, mete la nota del MIR por el medio y termina con dos participantes enumerando sus propios méritos. No hay cierre: la página se apaga a mitad de pelea.
Qué se ha sabido
Las fechas vuelven a 1981. Un participante sostiene que ese año se cuela gente sin filtro y que, a partir de ahí, solo entraban expedientes de sobresaliente, con
unos pocos años en los 90 en que bastaba el notable. Otro forero cuenta que su sobrino aprobó el MIR a finales de los 80 o principios de los 90 y ya en el 2000 estaba escandalizado con la preparación de los nuevos. Se fue a Canarias y allí se quedó.
El Nobel entra como vara de medir. Un forero recuerda que el médico venezolano Jacinto Convit descubrió
en 1980 la vacuna contra la lepra, no la patentó y no recibió nada a cambio. Otro añade que hay un Nobel español de
1959 hecho en Estados Unidos y que el puñado de españoles a la altura está
«casi todo (salvo uno) en el extranjero». Menciona a Martínez Mogica y a la Universidad de Alicante.
El ranking aparece con número:
puesto 350 y pico del Shanghai, con una pública de Barcelona entre las citadas. La respuesta llega con China: es el país que más patentes registra al año, dice un forero, y no recibe Nobel al mismo ritmo. Otro lo remata: a los suecos eso les da igual, los chinos son pragmáticos.
Sobre sueldos, un participante afirma que los adjuntos en
Alemania no cobran muy distinto que en España, y otro que en Francia se gana más que en Alemania y que el NHS británico tampoco es para tanto, con Londres carísima
incluso con 300.000. Un tercero cuenta que a él le parece justo lo que le pagan y que lo que no le parecía justo era deslomarse
por 600 euros.
El enlace que se pega es un vídeo de un
toro de lidia entrando al ruedo, atribuido a José Delgado. Un forero lo identifica: el gran Delgado, dice, el que salía mucho en televisión en los 80.
Y dos casos concretos, sin nombres. Uno cuenta que un amigo no terminaba Industriales y acabó la carrera en una universidad del sur de Estados Unidos; el trabajo de fin de carrera, dice, era poco más que un trabajo de asignatura. Otro recuerda sus años de facultad en los 80 y sostiene que entonces había que estudiar un temario y examinarse de otra cosa.
Dónde está la bronca
Primera pelea: el Nobel. Un participante lanza que ninguno de nuestros catedráticos de ciencias ha ganado uno. Le contestan por dos vías. Una: el premio no mide nada, y si midiera, Convit o China quedarían fuera. Otra: lo que falla es la promoción y el prejuicio, no el talento. Quien gana fuera, dicen, casi siempre lo hace fuera.
Segunda: la pedagogía del suspenso. Un forero distingue el puteo con sentido del gratuito. Calcular un flujo de refrigerante tiene sentido; catear por no recitar el Segundo Principio como quiere el catedrático, no. Otro responde con un motivo más terrenal:
los suspensos masivos eran una forma de limitar el número de licenciados y de tapar el nivel del profesorado y las carencias materiales. Cuenta casos de alumnos que suspendieron aquí y sacaron la carrera en Francia o Estados Unidos. Un tercero interviene para defender que los ingenieros españoles salen con mejor base de fundamentos que los del norte de Europa, y lo achaca a la empresa y a la idiosincrasia del país, no a la facultad.
Tercera, y es la que rompe la página: el pique personal. Un participante se describe a sí mismo —estatura, dos carreras, ingresos, aspecto— y pregunta a otro a qué se refería cuando habló de acomplejados. La respuesta es una escalada de descalificaciones cruzadas. Aquí el hilo deja de hablar de universidades. Un tercero interviene para comentar el perfil del que se ha puesto a presumir. No hay acuerdo, ni dato nuevo, ni vuelta atrás.
La vuelta al plan antiguo
Un participante que lleva solo tres años fuera sentencia sobre cómo estaba antes la universidad y recibe la réplica de quien emigró hace quince. Los veteranos del plan antiguo, dice el segundo, sí eran valorados. Y añade: la educación siempre fue mala, pero la universidad se salvaba; ahora, con Bolonia, se han cargado la universidad. Sin gritos y sin cifras nuevas. La misma grieta de la página anterior, con los años de cada uno puestos encima.
Qué cambia respecto a antes
Se aparca el cara a cara entre ingenieros y médicos. Lo que entra es el Nobel y el ranking como árbitros externos, con fecha y puesto. También entra el MIR por la puerta de atrás, como explicación de por qué alguien acaba fuera. Y entra, por debajo, la pelea personal: el tramo que empezó citando premios suecos termina con dos foreros hablando de sí mismos. Nadie ha convencido a nadie y la página se corta ahí.