Bronca clasista y «el país con más federados en activo»
El hilo ya no va de cuántos saben mover piezas. Va de quién mira por encima del hombro. En la tarde del
4 de octubre el tono sube de golpe: un forero acusa al hilo de clasismo, otro le contesta que se está justificando sin que nadie le haya atacado, y el enlace con las estadísticas que pega un tercero sirve tanto de prueba como de munición. De fondo, Capablanca y Sultan Khan aparecen para sostener lo mismo: que saber jugar no depende de tener estudios.
Qué se ha sabido
YoSoyTuPaco cuenta que en su colegio el ajedrez era asignatura, o algo parecido:
«sólo recuerdo que durante un curso jugábamos en algunas clases». De ahí saca una conclusión local: los de su quinta y alrededores saben todos. Habla de
finales de los 90. Y pega la fuente de la que sale medio tramo:
las estadísticas de ajedrez de 2026. De ahí saca que España es «el país con más jugadores federados en activo del mundo», y añade que eso no se lo esperaba.
Medaigualtodo rescata a
Sultan Khan, sirviente de un lord inglés que de forma autodidacta llegaba a derrotar a Capablanca. Y remata con Capablanca y Alekhine: hipertensión, tabaco y café por un lado; el «mayor borrachuzo del universo» por el otro, campeón del mundo igualmente.
Karl Konrad Koreander confiesa que se fue a buscar a Capablanca por ignorancia y que se le han quitado las ganas de jugar.
qbit trae la variante: dejó el ajedrez cuando entendió que ganaban los que memorizaban teoría, y sólo volvería al
ajedrez de Fischer, donde se sortea la posición inicial.
Trucha cambia de escala: peor que el ajedrez le parece que
el 75% de la población no entiende la inflación.
Serpiente Antigua repasa el palmarés español: Paco Vallejo,
vigésimo del mundo en su mejor momento, y antes Ruy López y Arturito Pomar. Otro forero atribuye el nivel español al clima frío y a un carácter poco matemático.
Peritta va más atrás: sostiene que antaño había más gente que sabía jugar, recuerda la publicidad de los duelos Fischer-Spassky y Karpov-Kasparov y lo achaca a que hoy se juega solo, sin necesidad de nadie más.
zepolac pone el freno práctico: a partir de cierto punto, para mejorar hay que estudiar y eso quita tiempo libre.
Dónde está la bronca
Aquí salta.
_Random_ entra a saco: dice que presumir de ajedrez es un agarre para creerse intelectual, que él puede dar clases en una universidad y jamás ha jugado, y que el juego se ha quedado sin sitio porque hay entretenimientos mejores que no te acabas ni en dos vidas. Lo llama clasismo y pide no ensuciar el hilo.
Emilio Goteras responde que su comentario es patético, que se justifica sin que nadie le haya atacado y que tiene la autoestima por los suelos.
_Random_ devuelve el golpe: dice que es Emilio quien viene a llamar poco menos que retrasados a los que no juegan.
Zbigniew mete una cuña distinta: dar clases en la universidad no desasna ni convierte a nadie en intelectual, y muchos intelectuales
«no saben que no saben».
Euron G. carga contra los esnobs del ajedrez y anticipa la respuesta de siempre: que si no juegas es porque no sabes.
Gatico aprieta por el lado del vocabulario: si saber jugar es conocer trucos y teoría arcana, entonces no basta con mover piezas y conocer las reglas.
Quién aprendió y quién lo dejó
HARLEY66 relata que un vecino campeón de Cataluña convenció a varios vecinos y le tocó ir a clases de crío. Le pareció un coñazo y no volvió: de todo aquello sólo le queda mover las piezas.
Festen va al revés: su padre le enseñó a los
5, jugó a diario con él hasta los
16, nunca le dejó ganar, y a partir de los 20 empezó con internet y los libros. Dice que no conoce a nadie que juegue medianamente bien. Y suelta el detalle incómodo:
no tiene estudios.
Tubiegah también lo dejó siendo niño y prefiere D&D, Descent o Twilight Struggle.
jo. pregunta cuántos de ese 15% saben de verdad y se queda en la apertura del pastor que le enseñó su padre.
Qué cambia respecto a antes
El tramo anterior se peleaba por el móvil y por la creatividad. Eso queda atrás: nadie vuelve a discutir si la tecnología mató el juego. Ahora el eje es quién juega, quién no y por qué, y entran dos frentes nuevos. Uno es la fuente: aparece el enlace con estadísticas y con él la afirmación de que España lidera los federados, que choca con lo que se venía dando por hecho. Otro es el
nivel de exigencia:
Festen calcula que de ese 15% a lo sumo diez conocen las reglas y pocos más, y
Gatico zanja que llamar saber jugar a mover piezas es quedarse corto. La pregunta ya no es cuántos saben, sino quién decide qué significa saber.