El hilo se enreda con la mano de obra y el voto musulmán
El foro abandona la pregunta sobre si Le Pen calcula o si es un títere y se mete en el barro de la economía. Un participante lanza la tesis de que la derecha necesita mano de obra barata y que por eso no puede cerrar la puerta. Otro le responde que todo el arco parlamentario sirve al capital y que por eso no hay escaños para la gente común. La discusión deriva hacia si los partidos que se llaman de izquierdas votan o financian a los que tienen el dinero. Nadie se mueve de su trinchera.
Qué se ha sabido
Aquí no hay noticia nueva. Solo se pegan dos tuits. El primero,
, sirve para que un participante recuerde que Le Pen no puede decir otra cosa sin que la acusen de delito de odio. El segundo,
, es el que usa otro forero para colocar a Le Pen, a Vox, a la AfD y a Meloni como «disidencia controlada» al servicio de una agenda globalista. El enlace de imagen que se cuelga no aporta dato, solo adorno. Las cifras que se repiten son las de siempre: los
300.000 millones en ayudas sociales y los
400.000 millones que Francia sacaba de África con el franco CFA. Nadie las verifica. Alguien apunta que la deuda francesa no piensan pagarla y que lo mejor es que no quieren salir del euro. Otro responde con ironía que si se descapitaliza la mano de obra, los mercados exigirán más garantías para el pago de la deuda.
Dónde está la bronca
El choque se traslada al eje capital-trabajo. Un participante sostiene que «la derecha representa a los que tienen capital y poder y NECESITAN mano de obra barata». Otro le contesta que no solo la derecha: «todo el arco parlamentario representa al Capital, por eso no hay ni un solo escaño de partidos que representen a la gente común». El primero matiza que los que tienen poder y dinero no votan a la izquierda, que intentan reventarla. El segundo se ríe y le espeta que no solo los votan, que también los financian. La conversación se encona cuando se pregunta si esos votantes financian a ERC, la CUP, Bildu o Izquierda Unida. La respuesta es que pensar que esos partidos son de izquierdas es ser inocentón. El primero dice que ya exploró ese camino y que no conduce a nada para los trabajadores. El segundo le desea buena suerte y espera que no se lleve una decepción.
La bronca tiene un segundo frente: el voto musulmán. Un forero recuerda que los musulmanes que dicen que se irían si Le Pen gobierna son los mismos que se expulsarían. Otro apunta que hay musulmanes occidentalizados que escapan de las banlieues y no quieren salafismo, y que igual con este giro Le Pen llega al Elíseo. La respuesta es que los musulmanes occidentalizados, cuando los islamistas se hacen con el poder, vuelven a la yihad global o son decapitados. Sin solución pacífica, dice.
Qué cambia respecto a antes
Lo que se da por superado es la discusión sobre si Le Pen modera por táctica o por obligación. Ahora se asume que no puede decir otra cosa sin caer en el delito de odio. La predicción que falla es la de quienes esperaban un discurso más duro: el hilo entiende que el marco republicano la ata. Entra un asunto nuevo: la comparación con España. Un participante anticipa que Abascal dirá algo similar sobre los sudamericanos cuando toque poder, igual que Meloni en Italia. Otro lo parodia: «Abascal: los sudamericanos que piensan en irse si soy elegido están equivocados son españoles». Y aparece la tesis de que los partidos ultra europeos son «rameras de los poderes económicos» y de que las naciones europeas necesitan partidos patriotas fuera de las garras de Israel. Nadie lo rebate con datos.
El cálculo que nadie comprueba
Un participante insiste en que la mano de obra barata arruina a cualquier Estado y que eso es transversal a los 17 ODS de la agenda 2030. Otro responde que si se quita la inmigración en Francia se quedan cuatro y el del tambor. La cifra de los 300.000 millones vuelve a aparecer sin desglose. Nadie la discute. La discusión se cierra con un forero que pregunta cuántos va a meter en su casa. Sin respuesta.