Hispanoamérica multiplicó por 10 su población en el siglo XX
La población de Hispanoamérica pasó de unos 40 millones a 385 millones de habitantes a lo largo del siglo XX. Un factor de crecimiento que multiplica por diez la cifra inicial y que deja en pañales al de India y China, que en el mismo periodo apenas se multiplicaron por tres. La explicación oficial apunta a la inmigración europea, pero los números no cuadran: se calcula que solo llegaron unos 10 millones de personas en todo el subcontinente en cien años. España, en un solo año, recibe cerca de un millón. La aritmética no sale.
El exterminio que no fue tal
El relato del colapso demográfico indígena tras la llegada de los españoles —con una reducción estimada del 90% de la población— choca con una realidad incómoda: si en 1600 quedaban apenas seis millones de indígenas, ¿cómo se explica el crecimiento posterior? Hay quien sostiene que el exterminio es una leyenda urbana y que la población india en Estados Unidos es hoy mayor que a la llegada de los ingleses. La propaganda culpabilizadora, dicen, nos la han metido hasta en la sopa.
La clave, según algunos análisis, no está en la biología sino en la legalidad. A finales del siglo XVII, las cifras de mestizos se dispararon mientras las de indios caían en picado, sin que hubiera un flujo migratorio europeo que lo justificara. La explicación: muchos indígenas se declaraban mestizos porque estaban mejor considerados, y con un solo bisabuelo español ya se podía acceder a esa categoría. Buena parte de los «blancos» de los censos eran, en realidad, mestizos. El traspaso fue legal, no racial.
El siglo XX: vacunas, natalidad y territorio vacío
El verdadero estallido demográfico llegó en el siglo XX. La combinación de natalidad altísima, vacunaciones masivas y países que estaban prácticamente vacíos explica el fenómeno. Colombia tenía unos cinco millones de habitantes a principios de siglo, y es más grande que España. México pasó de 13,6 millones en 1900 a 97,4 millones en el año 2000. Argentina creció de cuatro a más de 36 millones. Chile, de 3,2 millones a más de 15. La mejora sanitaria y las vacunas hicieron el resto.
Algunos análisis apuntan a que el crecimiento se disparó sobre todo con los antibióticos, cuando la natalidad se mantuvo alta y la mortalidad infantil se desplomó. El resultado: países superpoblados, ciudades inmundas y peligrosas, y un subdesarrollo que lastra la región. Hay quien sostiene que en 1930 se deberían haber impuesto leyes antinatalistas para evitar el desastre actual.
La inmigración europea no explica el milagro
El argumento de la inmigración europea como motor del crecimiento se cae por su propio peso. Diez millones de personas en cien años en todo un subcontinente no justifican un salto de 345 millones. Para comparar, Nigeria y sus vecinos multiplicaron su población por 12 en el último siglo, un ritmo similar al hispanoamericano. La diferencia es que allí no hubo inmigración europea masiva.
La conclusión es incómoda: o las fuentes que cuantifican la población hasta el siglo XX son una porquería, o se pasaron un siglo reproduciéndose como conejos. La mejora de la sanidad y las vacunas es la explicación más plausible, pero no termina de cerrar la brecha con India y China, que también mejoraron su sanidad y crecieron mucho menos.
El punto exacto donde el análisis se atasca: si el exterminio fue tan brutal y la inmigración tan escasa, el crecimiento del siglo XX solo se explica por una explosión vegetativa sin parangón. Y eso, con los datos en la mano, nadie termina de cuadrarlo.