El partido abertzale antiinmigración ya tiene entrevista y sospechas
El hilo pega un giro en este tramo. Ya no se discute si el partido abertzale antiinmigración puede existir: se discute quién lo fabrica. Un tuit de Joseba Iturria recoge una entrevista en Radio Euskadi en la que el dirigente deja claro que la prioridad es la vivienda asequible para los trabajadores vascos y que le llamarán racista, pero que no será un partido racista.
La reacción no se hace esperar: hay quien ve la mano del PNV para meter una cuña en EH Bildu, y quien sospecha que es disidencia controlada para canalizar el descontento.
Qué se ha sabido
El tuit de Iturria es el hecho más concreto del tramo. En él se recoge la entrevista en Radio Euskadi y se fija el marco: vivienda asequible para los jóvenes, y la advertencia de que les llamarán racistas aunque no lo sean. El otro tuit que se comenta es el de un periodista que recoge una entrevista con un dirigente abertzale que defiende sueldos dignos para todos los trabajadores, sean de Tetuán o de Abaltzisketa.
No hay cifras nuevas en este tramo. Los datos demográficos y de delitos ya estaban sobre la mesa. Lo que aparece es la primera comparecencia pública del proyecto y la reacción inmediata de los foreros.
Dónde está la bronca
La bronca se parte en tres. Primero, los que creen que el partido es una operación del PNV. Un participante lo dice sin rodeos: «Descarado que es un partido fabricado por PNV para meter la cuña en la cada vez más fuerte EHBildu, aprovechando una corriente que nadie se atreve a decir pero que muchos piensan». Y añade la frase que resume el hueco: «Yo soy abertzale pero soy antiwoke, y no por ello me considero facha». Segundo, los que sospechan que es disidencia controlada. «Eso si no son disidencia controlada para canalizar el descontento. Que es lo que sospecho», escribe otro. Tercero, los que dudan de que el proyecto llegue a las elecciones. «No veo que se presenten a las elecciones. Si lo hiciesen, el mismo Otegui podría ponerles una bomba lapa», sostiene un forero. La ironía sobre la viabilidad electoral recorre varios mensajes.
El choque también llega al diagnóstico de la izquierda. Un participante sostiene que la inmigración económica es de derechas: «Traer a gente que cobra menos para las fabricas privadas es de derechas. Los barcos negreros no eran de izquerdas». Otro añade que los partidos de izquierdas han defendido políticas de derechas y quieren seguir haciéndolo. Y un tercero recuerda que en Euskadi ganaron las elecciones con Irene Montero, Errejón y Monedero: «Ese es el nivel aquí».
Hay quien lleva la crítica al terreno cultural. Un forero defiende que en los años 50 y 60 la inmigración fue más brutal que ahora y que fue cuando casi desaparece la lengua vasca: «Y lo salvamos. Ese no es el problema el problema es que venga gente y sigamos endeudandonos». La respuesta de otro participante es que el tuit de Iturria no anda tan desencaminado y que la izquierda debe dignificar los trabajos y los salarios.
Qué cambia respecto a antes
Lo que cambia es que el partido deja de ser una hipótesis y pasa a tener voz pública. La entrevista en Radio Euskadi y el tuit de Iturria lo colocan en el mapa. También cambia el eje de la sospecha: ya no se discute si hay hueco electoral, sino quién está detrás y para qué. La predicción que se refuerza es la del partido como cuña del PNV contra EH Bildu. La que falla es la de quienes daban el proyecto por muerto antes de nacer: al menos ya se presenta en público.
El cálculo que hace un forero
Un participante hace su propia lectura del votante disponible. Sostiene que en los barrios obreros de casi todas las ciudades el voto a Vox ha crecido muchísimo y que en Francia e Italia el Partido Socialista ha caído por el mismo motivo. La conclusión que extrae es que el trasvase no es de Bildu a Vox, sino de un votante de izquierdas desencantado a una marca nueva que no le obligue a tragar con Vox.