Carajote y wanamaker se enzarzan por la vida útil de los pisos
El hilo se parte en dos frentes. Uno, el de siempre: quién construyó qué y cuándo. Otro, nuevo: si los pisos del desarrollismo aguantan más que los de ahora y qué se hace con ellos.
Carajote y
wanamaker se enganchan en un ida y vuelta sobre vida útil, derramas y rentabilidad que dura páginas.
Qué se ha sabido
Carajote suelta un desglose técnico: los muros de carga pesados de antes de los 60 daban «falsa sensación de solidez», pero la estructura de hormigón armado de hoy está diseñada para una
vida útil nominal de 50 a 100 años según el Código Técnico de la Edificación y la EHE/EAE. Añade que un edificio no dura solo por su estructura, sino por la degradación de sus componentes y el coste de mantenerlos. Y pone un caso: en su bloque, una
derrama de 60.000 euros por vivienda para recalzar. Habla de comunidades de 15 a 40 vecinos y de derramas colectivas superiores a
600.000 euros.
Registrador replica con la cuenta inversa: si esos pisos se compraron por el equivalente a
50.000 euros hace 60 años, una derrama de 60.000 después de seis décadas le parece «un chollo».
Carajote responde que para el que compró entonces sí, pero no para el que compra ahora a precio de mercado.
gotelez introduce el marco político: las competencias de vivienda son de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, y apunta a la gestión del PP en Madrid.
Lord Yavestruc le contesta que en su localidad gobernada por el PSOE los pisos también están disparados.
Javier.Finance corrige una cifra:
medio millón de habitantes, no millones, y añade que han entrado «como dos millones de gente de latam en los últimos años».
Dónde está la bronca
El choque central es entre
Carajote y
wanamaker.
Carajote sostiene que las viviendas de los 50 a los 70 ya están llegando al final de su vida útil y que eso genera derramas millonarias.
wanamaker le da la vuelta: si esas casas han durado 70 años, tan malas no serán; y si las de ahora también necesitan mantenimiento, el problema no es la calidad, es que
hay que construir más. «Es como si reducimos la comida a una décima parte pero me dices que es muy buena», resume.
Carajote se defiende: no ha dicho que las de ahora sean inmortales ni que las de antes sean una porquería. Solo que unas duran más que otras antes de necesitar mantenimiento.
wanamaker insiste en que no entiende el punto: si ambos tipos de piso necesitan cuidados, la discusión sobre la calidad sobra.
Carajote cierra con que hoy no se puede construir como entonces: harían falta
ocho años y una cantidad ingente de obreros que no existen.
En paralelo,
HaCHa y
Felson entran con el marco político.
HaCHa dice que los suyos nunca han mandado aquí y que los actuales no construyen porque «llevan un país, no un estercolero devastado por el fascismo».
Felson ironiza sobre los que atribuyen a los fascistas más
construcción que a los antifascistas.
Kluster suelta una frase brutal sobre los pisos y los trabajadores, y
aeagleinmyflag cierra con un «viva Franco» que no aporta nada al debate.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora se discutía cuántos pisos y a qué precio. En este tramo entra de lleno la
vida útil, el
mantenimiento y la
rentabilidad de conservar frente a tirar y reconstruir. También entra el
Código Técnico de la Edificación como referencia normativa, y la pregunta de si los pisos de ahora durarán lo mismo que los de hace 70 años.
wanamaker defiende que lo normal es derribar y reconstruir, no conservar eternamente.
Carajote responde que sin obreros ni tiempo no hay forma de levantar lo que falta. El hilo no se cierra: sigue enredado en si la calidad importa o solo la cantidad.