«Soy una mujer lesbiana que se hace pasar por Nando»
El hilo del millón por nacer se ha partido en dos con una confesión. Después de páginas y páginas de Leyes Nandianas, de vísceras y de conciencias arrojadas al erial, el autor del manifiesto suelta:
«Soy una mujer lesbiana que se hace pasar por Nando». Sin más. Y el foro, que llevaba días discutiendo con el personaje, se queda mirando el mensaje como quien descubre que la pared tenía una puerta.
Qué se ha sabido
La confesión llega en un mensaje suelto, sin explicación. Antes, el mismo usuario había escrito que es
«Nando, ese niño al que da gusto arrullarlo» y que sus hilos
«siempre arriba». También ha dejado caer que
«un asesino es menos amoral que un padre y una madre» y que
«ser padre es inherentemente ser un bicho carente de moral y ética».
En el tramo no hay enlaces, tuits ni vídeos. Solo mensajes. Un participante apunta que el
«cagaplayas» que intentó demandar a sus padres no encontró abogado y que sus progenitores eran abogados; otra versión, dice, es que formalizó la demanda y el juez la desestimó. El mismo forero calcula que en España matar a los dos padres cuesta
20 años como mucho, y que si alguien te mata el Estado protege al asesino hasta que sale libre en menos de dos décadas. El truco, sugiere, es matarlos siendo menor de edad.
Otro participante pregunta cómo se demuestra que un hijo ha sido traído al mundo de manera consciente o inconsciente. Y alguien más sentencia que si exiges una indemnización por haber nacido es que vivir te resta, y que nos resta a todos.
Dónde está la bronca
El choque ya no es solo sobre el millón. Es sobre si el hilo merece existir. Un participante se autoinsulta por escribir aquí y pregunta por qué los demás son tan rematadamente tontos para hacerlo. Otro pide directamente que el autor se retire a lamerse las heridas donde deje de hacer el ridículo. Y un tercero le espeta que si tan malo es nacer, por qué no se baja del tren de la vida.
El autor responde que el pánico moral y el autoinsulto del rebaño son
«la firma definitiva de mi victoria dialéctica». Que cualquiera que intente debatir con el pequeño Nando termina desarmado. Y que el veredicto de las Leyes Nandianas es irreversible: el ser humano debe desaparecer para impedir que la
«estafa piramidal de la carne» siga arrojando conciencias al matadero.
Frente a eso, hay quien defiende que el mundo se afronta intentando que no te ensucie moralmente, y que evitarlo es de débiles sin fuerza mental ni guías de comportamiento. El autor contesta que la vida se evita y que no se traen conciencias inocentes. La discusión se enreda, otra vez, en quién tergiversa a quién y quién se queda tan ancho.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate era sobre la voluntad, el instinto de conservación y si uno puede elegir algo. En este tramo entra un asunto nuevo: la identidad del que escribe. La confesión de que es una mujer lesbiana haciendo de Nando descoloca a quienes habían dedicado párrafos enteros a rebatir al personaje. También aparece el cálculo penal sobre matar a los padres y la versión de que el demandante original no encontró abogado. Y el hilo, mientras tanto, se llena de mensajes subiéndolo a mano:
«Arriba»,
«De madrugada se suben los hilos»,
«Mis hilos arriba».