Un foro sostiene que el salario real español vuelve a niveles de 1990
Hay una gráfica que se ha convertido en el objeto de deseo de cualquiera que discuta sobre sueldos en España. Muestra la evolución del salario medio desde 1964 y el resultado es incómodo:
según los participantes en el debate, el poder adquisitivo de hoy es similar al de 1990. Tres décadas y media después, con más impuestos, más funcionarios y una cesta de la compra que no se parece en nada a la de entonces, el trabajador español medio ganaría lo mismo que su padre. O menos.
El punto de partida del gráfico es 1964. La línea sube con fuerza hasta 1975, se estanca, y a partir de ahí entra en un serpenteo que dura hasta hoy. Quienes defienden el relato oficial dirán que el país es más rico. Cierto. Pero ese enriquecimiento no ha llegado al bolsillo de quien cobra una nómina.
El gráfico que desmonta el relato del progreso
La serie histórica arranca en 1964 con
un salario medio equivalente a 24.000 euros anuales de hoy. En 1975, con 900.000 funcionarios y sin IRPF, esa cifra ya era de 26.000 euros. Hoy, con tres millones de empleados públicos y una presión fiscal que no existía entonces, el salario medio ronda los 26.000 euros. El resultado es una línea plana desde hace tres décadas.
Hay un detalle que suele pasarse por alto:
el día de la liberación fiscal. Antes caía a finales de mayo. Ahora se celebra a finales de julio. Dos meses más de trabajo para el Estado. Ese es el verdadero aumento salarial que ha experimentado la mayoría.
La comparación internacional tampoco ayuda. España tiene
impuestos de Finlandia y servicios de Zambia, resume una de las corrientes de análisis más repetidas. Somos Grecia, Portugal y Rumanía, pero con todo más caro. Y con una diferencia clave: aquí el mercado laboral es el más holgado de la OCDE.
¿Por qué el salario no sube aunque la economía crezca?
La respuesta corta es que el sistema productivo no genera riqueza suficiente. Una economía basada en el turismo y el funcionariado tiene un techo bajo. No hay industria, no hay tecnología, no hay valor añadido. Sin riqueza no puede haber buenos sueldos, y sin buenos sueldos no hay consumo, y sin consumo no hay inversión. El círculo se cierra sobre sí mismo.
A esto se suma la presión sobre el mercado laboral. La llegada de medio millón de personas al año, según los cálculos que circulan, presiona los salarios a la baja en los sectores de menor cualificación. El impacto se nota en el bolsillo de quien ya estaba aquí. No es un juicio moral, es aritmética.
El resultado es una generación que ha visto cómo
esforzarse y trabajar ya no compensa. En los años noventa, un sueldo de 130.000 pesetas permitía vivir con holgura, salir el fin de semana y ahorrar. Hoy, ese mismo poder adquisitivo exige dos nóminas y renunciar a casi todo.
La trampa de la vivienda y el empleo público
El mercado de la vivienda es la otra pata del problema. Los salarios se han estancado, pero los precios de la vivienda se han multiplicado. El resultado es que
la mayor parte del salario se va en pagar un techo, lo que deja poco margen para el consumo y el ahorro. La riqueza se transfiere de los jóvenes a los propietarios.
Ante este panorama, el empleo público se ha convertido en el refugio. No es que la gente sea vaga, es que la alternativa es esa o emigrar. La estabilidad y el salario garantizado son un imán para cualquiera que haya visto cómo el sector privado precariza.
Hay quien sostiene que el problema es de actitud. Que los españoles quieren ser funcionarios para no trabajar. Es una tesis cómoda, pero no explica por qué
el salario real lleva 35 años sin moverse. Si el problema fuera la pereza, bastaría con trabajar más. No es el caso.
Lo que dicen los datos que nadie quiere mirar
La serie histórica es tozuda. Entre 1975 y 1983, el salario real creció con fuerza. Después, se estancó. Y desde el año 2000, directamente ha caído. La conclusión es que
el sistema no está diseñado para que los salarios suban. Está diseñado para que el Estado recaude y para que unos pocos acumulen.
La pregunta que queda en el aire es qué pasará cuando la generación del baby boom deje de trabajar. Sin relevo generacional y con una productividad estancada, la presión sobre las cuentas públicas será insostenible. Y los salarios, con ellos.
El gráfico no miente. El salario real español está donde estaba en 1990. Tres décadas y media después, la única diferencia es que ahora sabemos por qué.