El salario medio del empleo público: 3.500 euros que casi nadie ve
¿Cuánto cobra de verdad un empleado público? La cifra que ha puesto sobre la mesa el acuerdo de subidas salariales pactado con el Gobierno —un
salario medio que alcanzaría los
3.500 euros— ha desatado una tormenta de réplicas entre quienes dicen percibir menos de la mitad y quienes sostienen que el dato solo cuadra si se suman policías, médicos, maestros y altos cargos en la misma coctelera. La discusión no es sobre si los sueldos públicos suben, sino sobre a quién se está contando para que la media salga así.
El primer malentendido es de manual:
bruto contra neto. Un salario de 2.000 euros netos en 14 pagas equivale a unos 3.000 brutos en 12, y ahí empieza a encajar parte del misterio. El segundo es de perímetro: el término «funcionario» se usa como sinónimo de todo el empleo público, cuando en la misma masa salarial conviven estatutarios, laborales y personal eventual. La tercera pata es la más incómoda: la media la mueven los extremos, no el funcionario de ventanilla.
Qué dice el acuerdo de subidas y por qué se habla de 3.500 euros
El punto de partida es una subida salarial pactada con el Gobierno que, según los cálculos que maneja la prensa económica, llevaría la retribución media del empleo público hasta esa cifra redonda. El problema es que esa media se construye sumando administraciones muy distintas: estatal, autonómica y local. Y ahí las horquillas se abren sin pudor.
Hay quien sostiene que en un ministerio corriente un
C1 ronda los 1.550-1.650 euros mensuales contando complementos, con las pagas aparte; un A2 se mueve entre 2.000 y 2.100; y un A1 entre 2.300 y 2.400. Si eso es así, para que la media llegue a 3.500 hay que meter en la misma cuenta a mucha gente que cobra bastante más. Mucha.
La otra explicación que circula es más simple: el dato agregado incluye a todo el empleo público, no solo a los funcionarios de carrera. Y en ese saco pesan especialmente sanidad y educación, que son los servicios públicos con más plantilla. Un maestro de entrada puede rondar los 30.000-35.000 euros brutos anuales, y un policía nacional recién salido de la academia, sin trienios, puede acercarse a los 2.000 netos en 14 pagas. Súmense médicos, inspectores y directivos y la media empieza a tener sentido aritmético, aunque no tenga nada que ver con la nómina del auxiliar administrativo.
Bruto, neto y pagas: el error que infla todas las cifras
La confusión entre bruto y neto es el clásico de cada discusión salarial en España, y aquí no iba a ser distinto. Un sueldo de
2.000 euros netos en 14 pagas equivale, grosso modo, a 3.000 brutos en 12. Cuando alguien compara su nómina mensual con una cifra anual bruta, la distancia parece un escándalo. No lo es: es contabilidad.
El segundo ajuste es el de las pagas. Prorratear las extras cambia la foto mensual sin mover un euro el total anual. Y el tercero es el de los complementos: trienios, quinquenios, productividad, turnos, nocturnidad, guardias. Hay colectivos que con el sueldo base no llegan a ciertas cifras, pero con incentivos y horas extras las superan con holgura. Otros, en cambio, no huelen esos pluses en toda su carrera.
De ahí que las comparaciones entre administraciones sean un campo de minas. En la administración local y autonómica hay complementos que en la estatal ni existen. Y en la estatal hay categorías que, con la misma titulación, cobran menos que su equivalente territorial.
La brecha entre comunidades y administraciones: dónde se cobra más
Una de las conclusiones más repetidas es que las administraciones locales y autonómicas pagan mejor que la estatal. No es una impresión: es un patrón que se repite en los desgloses. El mismo grupo de clasificación puede rendir bastante más en un ayuntamiento grande o en una consejería que en un ministerio.
El cálculo más llamativo que circula estos días es el de la
Policía Municipal de Madrid: alrededor de 345 millones en salarios más 47 millones en incentivos al rendimiento para unos 5.700 agentes. Dividido, sale algo más de 61.000 euros por cabeza. La trampa está en el denominador: si se incluyen las cotizaciones sociales —que en gasto de personal pesan cerca del 40%—, la cifra se queda en unos 36.600 euros de media, incentivos incluidos. Y de ahí hacia abajo, un agente novato no llega a los 40.000 que algunos les atribuyen.
Es decir: la media siempre miente un poco. Hacia arriba o hacia abajo, según lo que se meta en la cuenta.
Quién gana de verdad más de 3.500 euros al mes
La lista de los que sí superan esa cifra es corta y muy concreta: altos cargos, directores generales, subdirectores, algunos inspectores de Hacienda, según qué médicos con guardias, y ciertos puestos con complementos específicos. En muchos ministerios, la directora y el subdirector son los únicos que se acercan a esas cifras. El resto, por debajo.
Hay quien sostiene que en justicia los titulados no bajan de 60.000 euros anuales y muchos pasan de 100.000. Y quien recuerda que en sanidad, con más de 800.000 empleados en el conjunto del país, el peso de médicos y enfermeros tira de la media hacia arriba. Los celadores, en cambio, se quedan por debajo de los 35.000. La media sale de mezclar todo eso.
El resultado es una paradoja útil: la cifra de 3.500 euros es cierta como promedio y falsa como retrato. Nadie cobra el promedio. El promedio es una operación, no una nómina.
Por qué la comparación con el sector privado no cierra
El otro eje de la discusión es la comparación con la empresa privada. La queja recurrente es que con sueldos de 1.300 euros en el sector privado no se pueden financiar salarios públicos que, de media, doblan esa cifra. La respuesta que se da desde el otro lado es que la media pública incluye categorías muy cualificadas —médicos, inspectores, titulados superiores— que en la privada también cobrarían por encima de la media.
El problema de fondo es que la negociación salarial en el sector privado español lleva décadas estancada, con convenios que se actualizan tarde y mal, y con una capacidad de movilización muy inferior a la del empleo público. Esa asimetría explica por qué las subidas pactadas con el Gobierno se perciben como un agravio desde fuera, aunque el agraviado no sea el funcionario de ventanilla.
El dato que descoloca: la media no la cobra nadie
Con estas piezas, la conclusión es incómoda para todos. Para quien defiende la cifra: el promedio no describe a ningún empleado público concreto. Para quien la niega: el promedio tampoco es falso, solo es un agregado que mezcla categorías, territorios y complementos. Para el contribuyente que mira la nómina del vecino: la comparación útil no es la media, sino el salario de un puesto equivalente al suyo.
Y ahí, en el detalle, es donde el debate de verdad se pierde. Porque el desglose completo, partida a partida, categoría a categoría, administración a administración, da una foto mucho menos escandalosa y bastante más aburrida que el titular. Lo cual, tratándose de dinero público, quizá sea lo más interesante de todo.