El marqués que da lecciones de entrevista sin haber pedido empleo
Un tipo con título nobiliario, familia de contactos y una carrera política a la espalda explica en un vídeo cómo hay que comportarse en una entrevista de trabajo. La respuesta de media España se resume en una pregunta: ¿este señor ha buscado alguna vez un curro? El material circula por redes y foros de economía con una mezcla de cabreo y guasa que dice mucho del momento laboral del país.
Iván Espinosa de los Monteros, exdirigente de Vox y
V Marqués de Valtierra, es el protagonista del consejo. El título nobiliario, concedido por Alfonso XIII a su tatarabuelo, aparece en el material como recordatorio de que el hombre no viene precisamente de un barrio obrero. La recomendación central: ir a la entrevista sabiendo qué circunstancias atraviesa la empresa, demostrar interés y hacer preguntas inteligentes. Hasta ahí, sentido común.
Qué dice exactamente el consejo y por qué revienta
El problema no es lo que dice, es quién lo dice. La propuesta de llegar a una entrevista con preguntas del tipo «¿cómo valoraréis el éxito o el fracaso de mi labor?» suena razonable en un manual de recursos humanos. En la práctica, según la experiencia que se acumula en el material, se interpreta como un trepa que quiere el puesto del entrevistador. «Cualquier persona que tenga experiencia laboral sabe que no puedes decirle al tío que te entrevista que quieres sentarte donde él dentro de diez años», resume una intervención. El consejo, aplicado sin contexto, se convierte en un tiro en el pie.
Hay quien defiende que
Espinosa de los Monteros ha hecho más entrevistas como entrevistador que muchos candidatos como aspirantes. Es decir, que su experiencia contratando vale, aunque su experiencia buscando empleo sea nula. «Hasta un reloj roto da la hora correcta dos veces al día», sentencia otro mensaje. La defensa del consejo se apoya en que en puestos cualificados y empresas grandes el candidato tiene poder de negociación y demostrar interés diferencia.
El filtro de recursos humanos que nadie pidió
La conversación deriva rápido hacia un fenómeno conocido por cualquiera que haya buscado trabajo en la última década: el proceso selectivo real no se parece al que describe el marqués. Primero una máquina criba currículums. Después una consultora externa llama por teléfono sin conocer la empresa ni la tecnología del sector. Y si llegas a la fase final, te entrevista un mando intermedio que, según el material, lo que busca es un rebaño de borregos pacíficos. La pregunta «¿tienes alguna pregunta?» se interpreta como cortesía, no como invitación real. «El ambiente en una entrevista es: aquí las preguntas las hago yo», zanja una intervención.
Según un cálculo que circula en el material,
de cada 50 candidatos de 20 años, el 90% entra sin saber a qué se dedica la empresa. Ese dato, lanzado como experiencia de entrevistador, refuerza la tesis de que algo falla en la preparación de los candidatos. Pero también se lee al revés: si el proceso está diseñado para filtrar en masa, prepararse a fondo es tirar el tiempo.
La brecha de clase que nadie quiere nombrar
El núcleo del enfado no es el consejo, es el emisor. Un noble con educación privilegiada y familia de contactos explicando a un hijo de familia obrera con carrera en la pública cómo triunfar en la jungla empresarial de la capital. La formulación más repetida:
mientras el candidato ahorra para la entrada de un piso, el marqués da lecciones desde el palacio de papá. La meritocracia, se argumenta, hace tiempo que dejó de funcionar como relato. «¿Se ha dado cuenta de que en España se cargaron la meritocracia?», pregunta una intervención.
La defensa del consejo también tiene su versión cultural:
Espinosa pasó parte de su juventud en Estados Unidos, donde la cultura empresarial premia la ambición y el interés explícito. Lo que en España se lee como trepa, en otros mercados se lee como compromiso. El problema es trasladar ese manual a un mercado laboral donde el 90% de las entrevistas las hace una consultora que no sabe qué es un backend.
El consejo que se pierde en la traducción
El material deja una conclusión incómoda: el consejo no es falso, es inaplicable para la mayoría. En puestos directivos y multinacionales, demostrar interés y hacer preguntas inteligentes funciona. En el resto del mercado, el candidato que llega con esa actitud se topa con un filtro automático, una llamada de una consultora y un jefe intermedio que quiere alguien que no dé problemas. La pregunta que queda flotando no es si el marqués tiene razón, sino para quién la tiene.
Dato final: el título de Marqués de Valtierra fue concedido por Alfonso XIII a su tatarabuelo, un diplomático y militar que medió en la Tercera Guerra Carlista. La distancia entre ese origen y la cola del paro es, probablemente, el mejor resumen del artículo.